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Vaya, no he pegado ojo en toda la noche. Tomé dos somníferos y no hicieron su efecto. Y el crío sin parar de llorar y pedir tonterías; que si un vaso de agua, que si la luz encendida, ¡mamá, mamá! sin parar.
Así me he levantado hoy, con esta cara de perro. Espero que esto no influya en la oficina. Hoy va a ser mi gran día.
Y que no se me olvide pedir hora para un reconocimiento. He de mirarme esto de la úlcera, y de paso un chequeo de rutina, y unos análisis. Ah, seguro que me descubren algo, hace días que no consigo dormir.
¡Estos malditos atascos! Claro, las madres se empeñan en llevar ellas a los críos al colegio, piden un cochecito al marido, pequeñito, cariño, que es más barato, el trabajo que te voy a ahorrar si me compras un cochecito, y claro, para no tener que aguantar su parloteo terminan fastidiando a los que de verdad necesitamos el coche para cosas importantes; las marujas deberían tener prohibido salir a la calle en determinadas horas, nos estorban aparcando en doble fila mientras acompañan al niño a la puerta del cole, por si se tropiezan con el bordillo de la acera, y luego circulan por las avenidas mirando los escaparates. ¡Hoy día reparten los carnés de conducir sin mirar a quien!
¡Tu puta madre! ¡Mira por donde vas, zorra! ¡Si me llegas a rozar el coche no sé lo que te hago! Porque tengo prisa, que si no la tía esa...
Tengo una reunión a primera hora con el Consejo de Dirección. No han querido anticiparme nada, pero intuyo que tiene algo que ver con mi más que segura entrada en el Consejo. He trabajado duro para ser uno de ellos. Y lo he conseguido. Mi departamento se ha posicionado en primer lugar en el ranking de beneficios del pasado trimestre. Y mi esfuerzo me ha costado. Primero, deshacerme de los inútiles y acomodados, antes de mi incorporación al departamento de finanzas, éste no superaba el nivel 60 del test de inteligencia. Empezando por las secretarias, que no eran capaces de servirte ni un café caliente. Los ordenadores para ellas son unas máquinas milagrosas: ¡mire, mire, un pentium es un programa maravilloso, aprietas una tecla y aparecen las páginas de formularios! Mi padre siempre decía que un buen Directivo debía confiar sus asuntos al secretario, y el café, a la secretaria.
Pensé en conservar a Yessica, para alegrar la vista de los clientes, pero teniendo en cuenta que los clientes, aunque se hacen en los despachos, se conservan con un trabajo bien hecho, y Yessica distraía al personal, decidí prescindir de ella.
E hice bien, porque el macarra de su novio, -las secretarias siempre tienen un novio macarra para que las defiendan de los pesados-, me rompió los faros del BMW con una vara metálica. Suerte que la cámara de vigilancia del aparcamiento funcionaba ese día, y le mandé mis dos abogados y un policía a su casa. Ahora también tendrá que pintarme el coche.
¿Otra parada? ¡Malditas motos! Luego se quejan de si las embestimos. Se nos cuelan entre los autos, provocan frenazos, claro, las niñas abrazaditas al novio, y sin casco, para que el viento acaricie sus cabellos, ¡no te jode! Y si se caen bajo las ruedas del coche, encima la culpa para el conductor del automóvil.
Cinco millones me ha costado el BMW. Cinco millones y varios años en la empresa en puestos de mierda hasta llegar al departamento financiero. Un coche fuerte, sí señor, que demuestre personalidad, madurez, de líneas masculinas. Llega a los cien en menos de tres segundos. Este automóvil da seguridad. Sí señor.
¡Ocho y cuarto y aún no he conseguido entrar en la autovía! A ver si esos inútiles aún no se han puesto a trabajar. ¡Hay que estar pendiente de todo! No me extrañaría que estuvieran en el bar hasta verme aparecer poniéndome verde. A mi alrededor sólo hay inútiles. Van a rodar muchas cabezas cuando entre en el Consejo de Dirección.
¡Nada! ¡No contesta nadie! Tanta tecnología y no consigues hablar con quien necesitas. Estaría bien ponerles a todos estos un busca para localizarlos siempre que los necesites. Será la primera medida que tome cuando tome posesión del cargo.
¡Cómo es posible que Silvestre no conteste al teléfono! ¡Aquí no trabaja ni el conserje! ¡Un móvil última tecnología que me ha costado medio quilo y no consigo localizar ni al conserje.
¡Quieres moverte zorra! ¡Quita tu mierda de coche y échate a un lado! Si no sabes conducir quédate en casa y no molestes a la gente importante! ¡Sí, yo, qué pasa! ¡Con esa pinta de fulana y aún esperas que te respete! ¡Que te jodan a ti primero!
¡Lo que hay que aguantar! ¡Estúpidas de buena mañana! ¡Como si no tuviera otra cosa que hacer que estar discutiendo con marujas!
Al menos ya se han apartado los más cobardes, es un buena estrategia esta de la intimidación. Tuve buenos maestros. Mi padre fue un triunfador, el más grande emprendedor de España. Ganó su primer millón antes de cumplir los treinta. Sabía cómo tratar a la gente; siempre fue muy severo conmigo, como yo con mi hijo, y ahora le doy las gracias por ser tan riguroso en su educación: gracias a él he logrado ser quien soy en este momento, y quien espero ser después de la reunión.
¡¿Quién es el hijo de mala madre que ha aparcado en mi plaza?! ¡Ahora arreglaré a ese tío cuando descubra quién ha sido!
-¡Silvestre! ¡Silvestre! ¡Quita ese coche de mi plaza. Tengo una reunión importante!
-Lo siento, doña Luisa, pero esta ya no es su plaza.
Vaya, parece que mi ascenso ya es oficial. Bien, se hace tarde.
-¿Dónde aparco, Silvestre? ¿Cuáles son las plazas del Consejo?
-Oh, doña Luisa, no me han informado sobre su nueva plaza. Deje el coche ahí mismo.
-¡Pero qué dices, ¿en la parada de taxis? ¿no se lo llevará la grúa?!
-No se preocupe por eso, doña Luisa, que yo me encargo de todo.
-Bueno, toma las llaves y apárcalo tú, que yo tengo prisa. Y ten cuidado no lo vayas a rayar.
Imbécil. Otro idiota que se pasa el día sin hacer nada. Son felices con cien mil al mes. Muchos como éste y hundimos el país.
-Buenos días, Clara, ¿me están esperando? Bien.
Otra idiota. Estoy rodeada de incompetentes. Muchas cosas van a cambiar a partir de hoy.
-Al último piso, gracias.
¡Los mismos ascensores para directivos y empleados! ¡¿Qué estarían pensando cuando se les ocurrió compartir los ascensores?! Abaratar costes, política de acercamiento de los directivos a los trabajadores. Todas esas ideas desprestigian a una compañía que se pretenda pionera. La política de potenciar las relaciones sociales está mal enfocada: las relaciones que se han de potenciar son con los clientes, no con los empleados. Otro detalle para apuntar en la agenda. Si nos tienen tan cerca, nos perderán el respeto, y la mitificación de la figura del Jefe, que tanto estimaba mi padre. Hay que fomentar la idea de superioridad, de protección. Han de vernos como a un padre, sus hermanos mayores. Hoy estoy inspirada. ¡Ah! Será un gran día.
-Buenos días, señores. Teníamos una cita a las nueve en punto, siento el retraso, pero ya saben cómo está el tráfico a estas horas, las madres que acaparan las calles llevando a los niños al colegio, los ciclomotores, los listillos que pretenden llegar los primeros a todas partes, en fin, ya saben, señores.
-Sí, ya sabemos de su forma de actuar y de pensar. Tenemos mucha información sobre sus técnicas en el departamento de finanzas.
-¡Oh, gracias, señor director!
-Puede llamarme señora, si no le molesta. Soy la Directora de esta empresa y me he tomado muchas molestias en mejorar las condiciones de trabajo y las relaciones entre los empleados y los directivos.
-¡Oh, sí! La medida de los ascensores es muy comentada, señora Director General.
-Sí, una de mis ideas más aplaudidas. Bien, aquí tengo unas cuantas notas sobre su actuación en el departamento. Una evaluación de los empleados, los gráficos de ventas. Hemos tenido algunas quejas sobre su relación con los empleados.
-Ya sabe señora Director General cómo son los empleados.
-Aquí tengo una bastante curiosa: no se permite a las empleadas el empleo de faldas por encima de la rodilla, medias transparentes, ni pantalones que marquen la silueta.
-Distraen a los hombres, y en mi defensa diré que la baja productividad de la etapa anterior a mi entrada en el departamento era debida, principalmente, a que los empleados dedicaban más tiempo a tontear y entretenerse en estos asuntos que en los contables. ¿Han considerado mi propuesta de los uniformes? El coste inicial se vería compensado rápidamente con...
-¿Y a sus empleados? ¿Ha tomado alguna medida para evitar que distraigan a sus compañeras?
-No es necesario.
-¿No? ¿Y cuál es el motivo?
-Bueno, yo soy mujer y no me distraigo mirándolos, así que considero que las empleadas no pierden en tiempo en estos asuntos, sino en provocarlos para que sean ellos los que den el primer paso. Ya sabe...
-Otra queja se refiere al reparto de turnos.
-Eso tiene una explicación muy sencilla. Consideré que las solteras son más productivas que las casadas, y que las madres, así que para aumentar la efectividad y siempre en beneficio de la empresa he ideado un plan de incentivos a la producción para premiar a las solteras, con un incremento en un uno por cien en base a las horas extras. Señor director, señora, hemos de premiar la productividad, y seamos realistas, una mujer con cargas no es rentable, siempre está de baja, o llevando el niño al médico...
-¿Usted es madre, señora de Prada?
-Tengo un hijo varón de 10 años.
-¿Usted es productiva?
-Por supuesto. Tengo una muchacha que se encarga de la casa. Al niño lo recoge el autobús escolar y come en el colegio. Va a clases de inglés, informática, y tengo que confesar, a repaso de matemáticas, parece que ha salido un poco torpe con los números, y ya sabe que hoy día las matemáticas son el pan de mañana, pero prefiere escribir novelitas y cómics, esas mariconadas de niñas.
-¿Y usted se aplica el complemento de incentivos?
-¡Por supuesto que no! ¡Yo tengo principios!
-¿Qué me dice de prohibir las salidas del almuerzo?
-¿Para qué quieren salir? Si hay una cafetera y he puesto a una chica para que se encargue de traer los bocadillos y de que las tazas estén siempre llenas. Además la confraternización de los empleados fuera del lugar de trabajo nunca me ha parecido bien.
-Señora Luisa de Prada, ¿por qué piensa que se le ofreció el cargo de responsable del departamento de finanzas?
-Por que soy la mejor, por supuesto. Fui de las primeras en mi promoción. Tengo varios master en Economía y Finanzas en las mejores universidades de Estados Unidos de América.
-Señora De Prada, en todas las promociones hay un número uno. Y muchos números uno han aprobado algún master en Estados Unidos. Mucha gente es muy competente en su trabajo. Nuestro error, mi error, fue considerar que si usted era mujer tendría una actitud más abierta a los estereotipos femeninos. Veo que yo también me he equivocado y su sustituto ha sido escogido sin tener en cuenta más que su expediente y la necesaria entrevista. Bien, el Consejo de Dirección ha decidido prescindir de sus servicios. Buenos días. Si no le importa cierre la puerta al salir. Hemos de discutir asuntos importantes.
-¡¿Despedida?! ¡¿Y mi carrera no es importante?! ¡Exijo una explicación convincente! ¡Me despiden porque soy una mujer! ¿Es por eso, verdad? ¡Mi padre me formó para esto! ¡Me hizo fuerte. A mi padre no le gustaban los débiles. Yo fui su única hija. Nunca tuvo hijos varones y siempre le echó en cara a mi madre que nunca le diera un varón. Pero yo aprendí a que mi padre se sintiera orgulloso de mí. Aprendí todos sus gestos, sus inflexiones de voz, mi padre fue un triunfador, señores, y nunca se hubiera dejado pisar por una mujer! ¡Directora General! ¡Si mi padre hubiera estado en mi lugar nunca se hubieran atrevido a tratarme de esta manera! ¡He superado con creces los beneficios en mi departamento! ¡Eso no es importante para ustedes! ¡¿No quieren un Jefe?! ¡Yo soy un Jefe!
-Señora De Prada, mire por la ventana. La grúa se está llevando su coche.
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