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 Carmen Rubio

Viaje a la luna

Hoy es el día señalado. Sentada aquí, esperando a la prensa de todo el país, quizá del mundo, siento que el nerviosismo que no he tenido nunca me llega con una intensidad inaudita. Y no es para menos. En cuanto esté allí todo habrá merecido la pena. Aguanto un poco más. Mis primeras vacaciones después de 65 años de trabajo minucioso valen su precio en oro; 65 años pensando en un día como mañana.

Mañana.

Me llamo Alexandra Vigny. He trabajado al servicio del Gran Emperador desde que me gradué en física y teología. Mi trabajo consistía en descubrir casualidades y encontrar una conexión entre ellas. De hecho, un solo segundo de error en la órbita de Mercurio nos dio la clave para hundir a Newton y demostrar a Einstein. La relación entre la distancia del Sol a la Tierra y la Pirámide de Cheops... en fin, de todo esto tienen ustedes suficientes datos. Yo sólo quiero irme de vacaciones. He ahorrado todo lo que he podido. No nací millonaria, como pueden ustedes comprender. Es el sacrificio de toda una vida. Espero que haya merecido la pena. Gracias, señores, estoy cansada. Buenas noches.

La profesora Vigny terminó la rueda de prensa y se retiró a su hotel en Cabo Cañaveral. La siguiente imagen de ella es la de una mujer enfrascada en un traje de astronauta. La tierra entera está pendiente del primer viaje de placer al espacio exterior. Insólita noticia en un mundo que se resquebraja. La cifra de kilómetros no cabe en la cabeza de nadie. El viaje es más largo de lo que parece.

La nave va a despegar. Destino: LA LUNA.

Bueno, ya hemos llegado. Esto está lleno de curiosos, pero al menos no hay ningún científico que meta la pata. Todo lo he estudiado minuciosamente, incluso pedí a la policía secreta de poesía que estuviese alerta. Todo controlado. Iré yo sola. El momento ha llegado. Mi maletín ya está en la bodega de la nave. No necesito nada más.

La nave despegó a las 8:15 con toda normalidad. La propia profesora conducía la nave. Aterrizó sin problemas. Una vez allí, según lo pactado, las comunicaciones se cortaron. La profesora tendría una estancia tranquila y sin sobresaltos. Fin de la transmisión.

Inmediatamente, todas las agencias de viaje, y todos los titulados en turismo del planeta desean hablar con la Agencia Espacial Europea y la NASA. Los chinos piensan en el gran negocio de llevar allí sus millones de habitantes de vacaciones. Los nuevos ricos rusos y los viejos ricos norteamericanos empiezan a hacer reservas. Los constructores empiezan a soñar con nuevos complejos turísticos y grandes centros comerciales con atmósfera artificial. Ingenieros y arquitectos se frotan las manos. Los agentes de bolsa ven en ello la posibilidad de salir del colapso económico en el que está inmerso todo occidente.

Ya estoy en la luna. He de prepararme, pues el tiempo del que dispongo se acortará considerablemente una vez esté todo hecho. En el maletín llevo todo lo necesario.

La profesora comenzó una serie de mediciones. Con ellas estableció un canon de tiempo semejante al día en la tierra. Empleaba, entonces, una parte en dormir, otra en descansar, otra en trabajar en una estación lunar para su resguardo, y la otra parte en lo más importante: realizar la misión que sólo ella y muy pocos hombres de confianza conocían.

– Diario de a bordo de la profesora Alexandra Vigny.

Día 1

Cuando el tiempo de actuar llega, me concentro en mirar a la tierra. Las señales empiezan a ser nítidas, pero Pier seguro que no ha acabado de ajustar del todo el radar. Yo, por mi parte, empezaré la construcción de mi pequeña pirámide en el siguiente ciclo de día. Dentro de lo que podría considerarse un mes en la Tierra todo habrá concluido. Sólo he de concentrarme y trabajar concienzudamente en mis mediciones. La proporción ha de ser exacta. Por cierto, ¡esto es vida!

En toda la prensa y medios audiovisuales se ha dado la noticia. El año que viene se habrá finalizado el primer complejo turístico en la Luna, para todo aquel que pueda pagárselo, claro. Los detalles no se conocen todavía, pero a medida que pasan los días más y más personas están interesadas en realizar el viaje de su vida. La profesora ha sentado un precedente y todo el mundo quiere emularla.

Día 14

La construcción de la pirámide está a punto de concluir. A veces la visión de la Tierra me desconcentra y he de prepararme de nuevo. Las señales de Pier son ya tan nítidas que he podido entablar comunicación con él. Soy tan absolutamente feliz que tengo ganas de gritar. Mi cara está siempre adornada con una sonrisa de la que no tenía, hasta hoy, conocimiento. Debe ser la belleza del poder.

Día 30

Mañana todo empezará de nuevo. Está todo acabado. Pier me ha mandado el último mensaje y los cálculos son correctos. Ahora ya puedo hablar.

Confieso que he sido una mujer de ciencia. Tiempo he tenido de demostrarlo. Años enteros de dedicación concienzuda me han hecho entrever que entre la ciencia exacta habían pequeños saltos inexplicables. Algunas personas lo llaman casualidad, pero yo no creo en el caos, como algunos. Todo tiene una razón y por tanto sigue una lógica. A través de estudio y dedicación conseguí descifrar algunos de estos saltos. Mi trabajo servía al Emperador, y por supuesto, a su servicio secreto. Hemos salvado muchas veces al país de caer en los errores que podrían haberle llevado a la ruina. Mis estudios eran publicados en el BOE y así los conocimientos eran transmitidos a la comunidad científica.

Todos los estudios están equivocados. Algunos no los he publicado nunca. Demasiado peligrosos.

Descubrí una serie de relaciones entre la distancia de la tierra a la luna y la poesía de Rimbaud. Algunos otros poetas seguían pautas que parecían configurar coordenadas exactas de distancias entre planetas en el Sistema Solar. La métrica, que hoy conocemos de los grandes poetas de antaño, no era más que coordenadas cabalísticas que indicaban puntos en el espacio. Por algo para ser poeta en la antigüedad, se debía ser primero un gran matemático.

Mi interés por estas casualidades me llevaron a la decisión de escribir poesía basándome en esta teoría. Probé primero con la regularidad de la corriente del Niño. Tracé una poesía exquisita con sus coordenadas de desplazamiento. El otoño que siguió a su publicación hubo un gran cataclismo en centroamérica. El Niño había llevado exactamente la trayectoria que yo había descrito en la métrica de mi poema. Continué con los experimentos y comprobé una y mil veces el poder de la poesía en la naturaleza. Cuando todo estuvo ya estudiado me guardé los resultados y conseguí publicar una recopilación de mis poemas. Fue un fracaso. Proseguí mi trabajo rutinario. Sólo Pier estaba al corriente porque él me ayudó a conseguir las coordenadas que necesitaba para mi plan. El mundo iba a pagar las consecuencias de su falta absoluta de sensibilidad hacia mí.

Noticias de todos los teletipos anuncian una subida espectacular de las mareas en todo el planeta. Se cree que es posible que un meteorito se esté acercando a la Tierra con el consiguiente peligro de cataclismo. Las costas de los países se han inundado y terremotos asolan por doquier los continentes. Se ha reunido el comité de desesperación. Ya no hay nada que hacer. Fin del mensaje.

Estas vacaciones hice bien en venir a la Luna. Aquí podré pasar el resto de mis días, después de todo, ya no puedo volver a la Tierra. Entre otras cosas, porque ya no existe. Mi plan ha funcionado a la perfección. Pier ya está de camino. Pudo salir a tiempo en la nave que guardábamos en el Ártico.

¡Felices Vacaciones!

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