| El
Diario del Primer Viaje de Colón, en
su versión del Padre Bartolomé de las Casa es
el primer documento que se engloba dentro de lo
que se denomina textos colombinos, género
que se extiende durante todo el período colonial.
Se incluye
además dentro del subgénero de Cartas
Relatorias, documentos que narran con
cierto detalle acontecimientos de importancia
notable.
Dentro
de este subgénero se incluyen el Diario de Colón,
las Cartas de Hernán Cortés y otros textos relatorios,
cuya función principal no es la de escribir,
sino la de descubrir y describir. El hecho de
que los descubridores narren sus acciones se
debe a una imposición informativa de los Reyes
Católicos sobre lo que estaban descubriendo.
El
Diario de Navegación del Primer y Tercer Viaje
de Colón, hoy perdidos, sólo son conocidos a
través de la versión del Padre Bartolomé de
las Casas a través de los acontecimientos que
le narra el hijo de Colón, D. Hernando, del
que se hace amigo personal.
Lo
interesante del Diario de navegación de Colón
es la visión del mundo que muestra, visión europea
predeterminada por lo que en realidad deseaba
ver.
Nos
encontramos así con elementos propios de la
literatura medieval, como la descripción de
la naturaleza englobándola dentro del Locus
Aemenus latino, ya que Colón quería y creía
encontrarse ante las puertas del paraíso; además
Colón emplea estos elementos descriptivos porque
no dispone de otros elementos para describir
una naturaleza que desconoce y además porque
se dirige a los Reyes Católicos, que desconocen
mucho más que él esta nueva realidad, por lo
que en muchos casos intentará inventar
un nuevo lenguaje para describrir lo que ve.
Colón,
está convencido de que ha llegado a Asia. Primero
topa con una de las islas a las que, está convencido,
van los servidores del Gran Can a tomar esclavos,
y lo más importante, que se encontraba muy próxima
a Çipango.
Esta
idea venía fundamentada por esta idea predeterminada
de lo que esperaba encontrar. Esta idea condicionará
todo lo que perciba, y ninguna circunstancia,
como la rudeza de los habitantes, el no encontrar
grandes ciudades, ni riquezas, harán que piense
lo contrario.
La
motivación del Segundo Viaje era demostrar
que aquello era realmente Asia. El modo de probarlo
consistía en demostrar que en aquellas tierras
se daban las circunstancias que los científicos
otorgaban a Çipango. Éstos demandaban a Colón
que les mostrase que tras las islas estaba el
continente asiático. Otra de las pruebas que
se le exigían era demostrar que en el extremo
sur del continente existía un punto en el que
se fundían los océanos Índico y Atlántico.
Desde
el punto de vista político-comercial, este segundo
viaje fue un fracaso; Colón decide llegar a
la isla de San Juan para tomar unos esclavos,
pero debido a la peste esta empresa no puede
lograrse.
Colón
llega a la isla de La Isabela gravemente enfermo,
hay motines importantes, los marineros se sublevan,
comienzan los saqueos a los indígenas...
El
clima suave del que hablan en el primer viaje
se convierte ahora en peste y enfermedades tropicales
para los españoles. Los indios no son tan pacíficos
vasallos como se pensaba y entran en armas.
Las tierras se convierten en un infierno para
Colón, que regresa a Castilla sin saber todavía
si detrás de las islas está el continente Indio.
Inglaterra
también pretende aprovecharse de las nuevas
riquezas dscubiertas mandando expediciones para
ampliar su dominio comercial; así, descubre
tras las islas el Continente. Queda a Colón
demostrar la segunda motivación científica:
descubrir el punto de unión entre los dos océanos,
motivación del Tercer Viaje.
Inicia
Colón el Tercer Viaje el 30 de mayo
de 1498 bordeando la costa sin encontrar ese
punto. Está convencido de que aquello es un
vastísimo continente, un nuevo Ecumene situado
al sur de Asia.
Las
noticias de este tercer viaje llegan a Euopa
y se organizan nuevas expediciones. Se piensa
que la base continental del Norte es Asia y
la parte Sur un nuevo continente, el nuevo Ecumene
sugerido por Colón.
Américo
Vespucio es el primero que piensa en la unidad
de aquel nuevo continente, identificándolo con
el continente asiático.
Encontramos
ahora un Colón visionario coincidiendo con la
imagen de su quiebra personal; Colón se ve perdido
a la vez que protegido por Dios. Así, se envolverá
de cierto misticismo con este tercer viaje:
se encuentra con la misión de no introducir
a nadie en el continente virgen de las indias
que no sea un modélico cristiano, ya que al
tratarse del paraíso, el hombre que lo habita
es un hombre bueno, del que se aprovechan en
su beneficio los que van a las nuevas tierras.
Nos
encontramos así con una visión triple en la
mentalidad de Colón: la primera dirigida hacia
los indios, hacia la etnografía del continente
(se preocupa de las tradiciones y costumbres
de sus habitantes); otra es la forma de emplearlos
como fuente de información acerca de los otros
indios y de sus tierras, y la tercera visión
es la propia de los hombres de negocios que
ven en los indios una riqueza en bruto como
mano de obra.
Sin
embargo, esta visión de los indios va variando
a través de los distintos viajes; así, en el
primer viaje los indios son vistos según el
tópico renacentista del buen salvaje; en el
segundo viaje los indios se convierten en bárbaros
a los que hay que controlar tras el asalto de
la fortaleza de Navidad; en el tercer viaje
vuelven a ser los hombres sencillos y dóciles
de la primera visión (aunque pueda ser una visión
manipulada a través de los ojos del Padre De
las Casas), y en el cuarto viaje la visión de
los indios vuelve a ser negativa, los indios
son viejos hechiceros y las indias prostitutas.
Para
resolver las dudas acerca del continente asiático
se plantea el Cuarto Viaje de Colón
(y el tercero de Vespucio, quien tampoco encontrará
la unión entre los dos mares, comprobando que
la masa se extiende desde ambos polos).
Colón
tenía instrucciones precisas de dirigirse al
norte de Cuba hasta Catay y no detenerse en
La Española. El 15 de junio llega a Matinitó,
pasa a La Dominica e intenta subir al norte
de Cuba, pero el mal estado de una de las naves
le obliga a dirigirse a La Española. Allí la
incomprensión del Gobernador le impide desembarcar,
destruyendo un huracán la mayoría de las naves.
Continúa viaje hacia el continente, sufriendo
continuas tempestades y ataques indígenas, llegando
al istmo de Panamá suponiendo entonces haber
descubierto el ansiado paso entre los dos océanos.
Sin embargo, de pronto, parece dejar de lado
el móvil del viaje y se centra, aparentemente,
en el oro y en los posibles recursos de la tierra,
mandando numerosas expediciones a descubrir
nuevos lugares.
Mientras,
Colón, enfermo y decepcionado por cómo se van
sucediendo los hechos -la carrera por conquistar
las nuevas tierras, el saqueo de sus propias
tropas, las mentiras y engaños que llegan a
España sobre sus actuaciones-, le llevarán a
escribir el Libro de las profecías y
a pedir al papa misioneros para rescatar Jerusalén
de las envidias, saqueos y pillaje no sólo de
los propios marineros españoles, sino del resto
de países que empiezan a extender sus dominios
por el nuevo Ecumene.
Entre
las tropas españolas va creciendo el malestar,
la mayoría está agotada y desea regresar a casa,
eso sí, con las manos bien repletas de las riquezas
encontradas; pero Colón quiere quedarse y, sin
recursos y creciendo su vena mística escribe
a los Reyes Católicos para convencerles de nuevo
de las riquezas existentes y, con datos eruditos
confirmarles que se encuentran en las Indias,
su deber como protectores de la tierra sagrada.
Después
de una pequeña sublevación, parte de los españoles
queda en La Española y Colón, con un reducido
número de marineros, regresa a España en noviembre
de 1504.
El
20 de mayo de 1506 muere en Valladolid, convencido
de que las tierras descubiertas eran efectivamente
las asiáticas, y sin que se le reconocieran
por parte de los Reyes de España los derechos
que le correspondían por el negocio de las Indias.
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