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HiSTORIA de UN GLOBO
Siempre había deseado volar, sentir el cielo, allá en las alturas, cruzarme con los pájaros y acercarme al cielo.
Un día, en un centro comercial, en una zona apartada del bullicio de gentes y tiendas, vi un globo aerostático.
Me acerqué tras haber pasado toda la tarde de rebajas para verlo de cerca, porque era inmenso, aunque sólo se viera una parte desde lejos.
No vi a nadie, sólo al globo y una pequeña banqueta para poder entrar a él.
Un hombrecillo salió de la nada y me invitó a subir para ver toda la zona desde una altura determinada, sólo hasta donde diera de sí la cuerda que lo sujetaba firmemente al suelo, me aseguró. Como aún tenía tiempo subí.
Empecé a ascender lentamente y cuando la cuerda se tensó al máximo aquel hombrecillo la cortó y yo, presa del pánico y la histeria, empecé a gritarle, pero vi que era inútil, quizás ya ni me veía, porque el globo subió tan rápido como un cohete en unos segundos, los paisajes se sucedían con rapidez, al igual que mis deseos, me di cuenta que sólo tenía que pensar qué ciudad deseaba ver y estábamos allí al instante, así que pensé en todas las ciudades de Europa, y en cada una descendíamos, con aquellos sacos atados a su alrededor llenos de todo lo imaginable, cualquier cosa que necesitara la podía encontrar en su interior; entonces el globo disminuía de tamaño y lo podía guardar en un bolsillo.
Después de visitar toda Europa, que era mi sueño, me vi en un lugar fascinante: Turquía, mi deseo oculto, y en un lugar sorprendente: El Gran Bazar.
Allí encontré objetos de toda clase y en gran cantidad. Paseando por las callejuelas me llamó la atención una pequeña tienda que vendía grandes globos aerostáticos en su interior. El vendedor era el hombrecillo que me invitó a subir aquel día, y que me cortó la cuerda. Se alegró de la visita y me invitó a pasar al interior. Allí me pidió el globo. Me explicó que con ellos hacía realidad los sueños de viajar de muchas personas y que cuando despertaban siempre regresaban a aquella tienda.
Así que me quedé allí, perdida, sin el globo para poder regresar a mi casa. Y pensé que ya no lo necesitaba, porque tenía la voluntad de salir hacia lo desconocido, y abrí bien los ojos para disfrutar de aquel cielo y, la ventana de mi habitación estaba abierta.
Estaba en casa.
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