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La Asamblea de los Muertos
JULIA ESCOBAR
| Con
un lenguaje elaborado, culto, cuidado, nos llega esta novela o mejor
debería decir conjunto de relatos alrededor de un tema común: la muerte.
Y es que el género al que pertenece no queda muy claro en este libro.
Del que podemos decir que se mueve entre dos géneros o más. Entre
otros bebe de la novela, del relato corto, del ensayo e incluso de
la poesía. Esto último no es extraño dado que la autora se dio a conocer
con dos poemarios, publicados también en Pre-textos Fluyen permanentes
(1985, que además fue Premio Francisco de Quevedo en 1994), y Tiempo
a través (1994). De hecho a menudo el lenguaje que se nos presenta
es poético (comparte pues mucho con la prosa poética, aunque la autora
nos haya parecido reacia a reconocer estas posibles influencias).
En fin, desgraciadamente, no se puede sustentar una novela sólo en
un lenguaje aunque este sea sumamente esmerado, como es el caso. De
hecho a todas luces el lenguaje empleado es lo más destacado en este
libro.
En cuanto al tema. Ya en principio la autora nos parece poco original haciendo esta elección temática, puesto que el tema en sí es un tópico y los distintos relatos que se suceden constituyen o forman una retahíla de tópicos demasiado usados, demasiado manidos, incluso demasiado previsibles que en mi modesta opinión no aportan nada nuevo, tampoco nos enseña algo diferente la estructura del libro que a menudo es simple y no posee ni un principio que consiga enganchar al público lector ni tampoco culmina con un final apoteósico que cierre de manera brillante el libro. Sólo son relatos, relatos muy sencillos tanto en su forma como en su contenido, pequeñas historias que se suceden de manera continua, lineal, dado que tampoco encontraremos en la Asamblea de los muertos asombrosas anticipaciones o flasbacks, sino todo lo contrario el libro está impregnado de un tiempo y un espacio imprecisos, aunque este tratamiento tanto del tiempo como del espacio constituyen dado el tema uno de los escasos aciertos de la novela junto con el lenguaje. No obstante, entre los diferentes capítulos o episodios nos encontra-mos con escasa trabazón argumental, tan sólo como ya he dicho antes comparten un tema profundo, que paradójicamente no es abordado o |
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tratado
con profundidad, sino más bien es tocado de soslayo, sin detenerse
ante las múltiples posibilidades. En fin, es abordado de manera somera,
superficial, sin extraerle en ningún momento su máximo partido.
En cuanto al ritmo de los distintos relatos debemos señalar que es un ritmo lento, tremendamente pausado, detenido en mínimos detalles carentes de importancia que demoran en exceso la trama lo que llega a provocar el aburrimiento y hasta a veces el cansancio del lector. Y es que el tema o el contenido del libro no evoluciona ni tampoco lo hacen los personajes que constituyen verdaderos estereotipos. La autora peca de un excesivo maniqueísmo que se hace ostensible a lo largo de todo el libro de manera flagrante. Los personajes son totalmente planos, no suele haber un seguimiento de los mismos, sino que aparecen de forma esporádica en cada capítulo y ya no vuelven a aparecer más en toda la obra, por lo tanto no tienen tiempo de desarrollarse ni física ni psicológicamente. El tono es amable, melancólico y con algún ligero toque de ironía. Si leemos la solapa del libro podremos averiguar que Julia Escobar con esta obra ha querido tal y como ella mismo dice darle un susto al miedo y dar entre otras cosas rienda suelta a sus miedos más profundos. De este modo ha conseguido convertir la escritura en una especie de exorcismo que la libere de sus propios fantasmas. Aunque esta no es la primera incursión temática de la autora en el terreno oscuro de la muerte, pues ya anteriormente había sido seducida por dicha fuente de pensamiento tanto en sus poesías como en sus traducciones no sabemos sin con más acierto que en la presente obra. Para finalizar, nos parece extraño que una editorial que aspira a ser intelectualmente hablando de lo más destacado en el campo de la literatura, haya elegido este libro para su publicación en el que como hemos señalado no se aprecian los suficientes méritos literarios. Posiblemente dicha elección se basara más en la amistad que con seguridad existe entre la figura del editor y la autora. No en vano, Julia Escobar ha trabajado como traductora e incluso ha publicado anteriormente otros libros en la editorial Pre-textos. Por tanto podemos decir que es una colaboradora asidua de la misma, pero en realidad me faltan datos al respecto y en todo caso se trataría de un hecho ajeno a la literatura, que como crítica y lectora no me toca juzgar. Y de lo que aquí debemos hablar es del valor literario de la obra. Valor que por supuesto sólo puede medirse con datos palpables y demostrables como he intentado hacer en este recorrido crítico. |
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