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Todo se fue
formando
porque todo estaba
hecho,
entre ojos tristes
y
pálidos restos
la vida abrió sus
manos.
El hombre estaba
salvado
porque nunca había
existido.
Todos volvieron al
final,
porque el final era
el principio
y el principio no
era interminable
sino una
continuidad.
El hombre miró su
cuerpo
y la mujer el suyo,
éstos eran
distintos,
y se dieron la
mano,
juntos caminaron;
cuando el cansancio
hubo llegado,
durmieron
entrelazados.
Al despertar el sol
con un saludo,
iluminó sus
rostros
y derramaron
lágrimas de
rocío.
¡Dejadlos creer
en ellos mismos!
que levanten su voz
contra la incomprensión,
miradas de fuego en
existencia de ceniza,
con una fuerza que
destruye muros.
Renace hoy con el
alba la existencia
para construir con
ternura lo que fue
destruido por el
odio.
Tiene pensamientos
y no está solo,
pequeño hombre con
altos enigmas
y todo el tiempo
para descubrirlos.
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