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por Carmen Javaloyes

RAFAEL ALBERTI, PINTOR DEL MAR

El mar. la mar.
El mar, ¡Sólo la mar!
¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?
¿Por qué me desenterraste
del mar?
En sueños, la marejada
me tira del corazón;
se lo quisiera llevar.
Padre, ¿por qué me trajiste
acá?
Gimiendo por ver el mar,
un marinerito en tierra
iza al aire este lamento:
¡Ay mi blusa marinera;
siempre me la inflaba el viento
al divisar la escollera.

 

Una tarde de octubre de 1924, Rafael Alberti conoce a Federico García Lorca en la Residencia de estudiantes.

La pasión de Rafael era la pintura, habída pasado su niñez y adolescencia soñando con los colores de su Cádiz natal, pintando fragatas sobre las olas del mar en los márgenes de sus cuadernos escolares.

El trauma que sufrió al abandonar el puerto de Cádiz y marchar al Madrid gris de los Austrias sólo se vio recompensado con sus visitas al museo del Prado, donde contemplaba y copiaba las obras de los pintores universales, antes estudiadas en viejos libros decoloridos.

 

Tras la muerte de su padre, Rafael se vio en la necesidad de plasmar con palabras todo el dolor que sentía y no podía expresar con la pintura: la nostalgia, la tristeza... es 1922, y comienza a escribir los primeros versos de Tierra y mar (que luego sería Marinero en tierra). Entre 1922 y 1924 completa las dos partes del libro.

Una tarde de otoño de 1924, en la Residencia de estudiantes, un amigo pintor como él, Gregorio Prieto, le presenta a los poetas de la Residencia; Rafael, eufórico por la acogida que han recibido sus poemas, decide escribir su primer soneto (recordemos que las rimas y el estrofismo era demodée para los ultraístas, vanguardia a la que se suman todos los poetas noveles) y regalárselo a García Lorca junto con el cuadro que éste le había encargado.

Federico García Lorca, Pedro Salinas y Rafael Alberti

 
En esta noche en que el puñal del viento
acuchilla el cadáver del verano,
yo he visto dibujarse en mi aposento
tu rostro oscuro de perfil gitano.
 
Vega florida. Alfanjes de los ríos,
tintos en sangre pura de las flores.
Adelfares. Cabañas. Praderíos.
Por la sierra, cuarenta salteadores.
 
Despertaste a la sombra de una oliva,
junto a la pitiflor de los cantares.
Tu alma de tierra y aire fue cautiva...
 
Abandonando, dulce, sus altares,
quemó ante ti una anémona votiva
la musa de los cantos populares.
 
A FEDERICO GARCÍA LORCA,
POETA DE GRANADA
 

La amistad entre ellos nace así de la mutua admiración. Rafael entra en el "círculo" de la intelectualidad española: conoce a Luis Buñuel, Salvador Dalí, Pepín Bello... Claudio de la Torre, poeta del que Rafael se hace muy amigo, le convence de que se presente al Premio Nacional de Literatura que ganará con este su primer poemario: Marinero en tierra.

El autodidactismo de Alberti permite la anarquía de Marinero en tierra en su adscripción a uno u otro movimiento de moda; el empleo de estrofas típicas del siglo de oro obedece sólo a su sentido estético, simplemente le gusta la repetición de sonidos, la rima, asonante, de determinada estrofa, permitiéndose el lujo de no considerar los criterios estéticos del ultraísmo y demás vanguardias a las que los noveles debían sujetarse para estar a la moda. La originalidad de Alberti radica en no dejarse arrastrar exclusivamente por la esclavitud estética de las vanguardias, dejándose notar una pequeña influencia de notas y colores en algunos versos:

 
Rafael Alberti, Luis Buñuel, Federico García Lorca,   sentados Ugarte, Díaz, María Teresa León y González
 
Dondiego no tiene don.
Don.
 
Don dondiego
de nieve y de fuego;
don, din, don,
que no tienes don.
 
Ábrete de noche,
ciérrate de día,
cuida no te corte
quien te cortaría,
pues no tienes don.
 
Don dondiego,
que al sol estás ciego;
don, din, don,
que no tienes don.
DONDIEGO SIN DON
 

Rafael Alberti estaba por encima de todo ello, las referencias directas de Marinero en tierra las encontraríamos, quizás, en los versos de Boudelaire y Rimbaud, además de las descripciones puramente pictóricas.

Todo movimiento exige a sus seguidores una alianza fiel a los principios que impone, pero la personalidad va más allá del seguimiento ciego a un estilo; el "baudelairismo" que muchos críticos apuntan de Marinero en tierra se siente más en el discurso del poema, en el aire infantil que evoca en cada estrofa, que en el formalismo del verso: "Le génie: l'enfance retrouvée à volonté" (Boudelaire), es la evocación de la infancia perdida con nostalgia y alegría y "con la voluntad de hacerlo porque así lo quiere el poeta", no hay aquí dolor por la pérdida, ni malestar por el recuerdo.

 
Yo te hablaba con banderas,
hija de la panadera,
la que siempre eras de pan
entre la grey marinera.
 
Me perdí en la tierra,
fuera de la mar.
 
Yo te hablaba a los luceros,
con la luna del espejo
de una estrella volandera.
 
Fuera de la mar,
me perdí en la tierra.
 
Así, como Baudelaire, el mar evoca la infancia, un tiempo feliz, recuerdos de luz y color. Aquí encontramos la visión del pintor, al describir la Bahía de Cádiz, sus playas, o el aire, con un "ritmo pictórico":
 
Ya era yo lo que no era,
cuando apareció el cometa.
 
Del mar de Cádiz, Sofía,
saltaba su cabellera.
¡Ay, quién se la peinaría!
 
Con un escarpidor fino,
salí a la ribera mía.
¡Suéltale la cauda, madre,
que se la peine Sofía!
 
Ya era yo lo que no era.
 
Nací para ser marino
y no para estar clavado
en el tronco de este árbol.
 
Dadme un cuchillo.
 
¡Por fin me voy de viaje!
-¿Al mar, a la luna, al monte?
-¡Qué sé yo, nadie lo sabe!
 
-¡Dadme un cuchillo!

ELEGÍA DEL COMETA HALLEY

 
De las semejanzas con Baudelaire extendemos el paralelismo a Rimbaud, ya que el sentimiento de la nostalgia de Alberti abarca no sólo a su infancia, sino que lo proyecta hacia el futuro, trasformándolo en un recuerdo que sucede en el presente a modo de choque verbal:
 
Zarparé, al alba, del puerto,
hacia Palos de Moguer,
sobre una barca sin remos.
 
De noche, solo, ¡a la mar,
y con el viento y contigo!
Con tu barba negra tú,
yo barbilampiño.
 
CON ÉL (J.R. JIMÉNEZ)
 
El lenguaje poético sufre la sacudida de la forma: Alberti toma pictóricamente las formas verbales, los adjetivos y diminutivos con que describe los recuerdos imaginados, con un ritmo frenético repleto de exclamaciones, onomatopeyas, interjecciones, en versos breves, rápidos, pintando el lenguaje:
 
 
...
-La playa azul del Atlántico
es un clavel negro y frío.
El faro verde de Cádiz
le raya de añil la arena.-.
...

LA VIRGEN DE LOS MILAGROS

 

BIBLIOGRAFÍA:

Rafael Alberti. Marinero en tierra; La amante; El alba del alhelí. Ed. Clásicos Castalia, edición a cargo de Robert Marrast. Madrid. 1990.

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