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SANDRA MARTÍNEZ

AL FINAL, VIVIR CON CUATRO SENTIDOS

-Cinco segundos para que entremos en el aire; cuatro, tres, dos, uno. Acción.

-Hola, soy Michael Miralles. Hoy celebramos el día mundial de los discapacitados y, quién mejor que uno de ellos para contarles su experiencia, una historia, un cuento, unos suspiros al viento consecuencia de despertar un día sin un órgano, que no tienes ninguna fe en que lo tienes, un órgano tan valioso como indispensable en la vida de una persona: la vista. Mi historia se remonta a hace dos años. Yo era una chico muy despierto, me gustaba la música y todo lo relacionado con ella, menos trabajar. Cada trabajo que conseguía al día siguiente lo perdía por mi falta de puntualidad. Pero un día el destino me jugó una mala pasada...

-Michael, que llegas tarde -me dijo mi madre.

-Ahora voy. Mamá -decía yo siempre con la cara tapada por la almohada blanda y suave que para mí tenía más utilidad, más que la responsabilidad.

-RING, RING -sonó el teléfono desde mi pantalón.

-¿Diga? -contesté.

-¡Soy yo, hombre! ¿No te acuerdas de mí? ¿O aún no se te ha pasado la borrachera de anoche?

-¡Déjame en paz! -dije molesto- ¿Qué quieres?

-Te llamo por lo de esta noche, para la fiesta, ¿te has olvidado?

-¡No, hombre, ¿cómo iba yo a olvidarme del evento más importante de mi vida, desde mi primera comunión?! -bromeé.

-Ja, ja, vale bromista. A las veintitrés horas, ¡y no faltes!

-Tranqui, Raúl, adiós -contesté y colgué.

"A veces es más importante escapar a tu destino, no dejaba de pensar en aquella noche, en las copas que me bebí y en lo perdido que iba."

-Michael, ¿lo ves?, ¡hip!, te lo dije, ¡hip!, esta fiesta, ¡hip! Era una buena, ¡hip! Idea -dijo Raúl aturdido de tanto licor.

-¡Ah, son las cinco! -dijo Michael borracho mirando la hora- ¡Son las cinco, hip, y le prometí a mi madre que estaría pronto en casa!

-Vale, niño de mamá, ¡hip! ¡Felices sueños! -dijo Raúl abriendo otra botella de champán.

"Iba tan mareado que choqué con tanta gente que es imposible recordarlos. ¡Estaba como una cuba! Conducía dirección al centro hacia la calle Colón, ¡en una casa tan hermosa!, hoy sólo tengo fugaces y breves recuerdos de ella."

-¡Pero conducís!, ¡hip! ¡Parecéis borregos! -gritaba yo apretando con ansia el claxon. Pero lo que yo no sabía era que me había pasado un semáforo en rojo y había embestido contra el capó a una señora, que le chorreaba sangre de la cabeza. Yo había sufrido una fuerte conmoción.

Cuando desperté lo vi todo negro, como aquella noche en que ni una sola estrella me guió por el buen camino.

-¿Qué me pasa? ¿Por qué no puedo ver? -pregunté aterrorizado, conociendo la respuesta- ¿dónde estoy?

-Tranquilícese, está en el hospital, como consecuencia de haber sufrido un accidente de tráfico -me dijo una voz que supuse sería la de una enfermera.

-Pero, ¿por qué no puedo ver? -pregunté con más nervios que al principio.

-Señor Miralles, como consecuencia del golpe ha sufrido una importante pérdida de vista -me dijo la enfermera.

-¡Qué me está diciendo! ¿¡Que me voy a quedar ciego!?

"En una parte de mi corazón sabía la respuesta, lo veía todo negro y a la enfermera sólo le faltaba darme un sí por respuesta."

-No podemos asegurárselo, señor Miralles. Van a intervenirle quirúrgicamente, no podemos perder la esperanza.

"El tono de voz de la enfermera era dulce y esperanzador. Cuando me llevaron al quirófano y me colocaron la mascarilla de la anestesia como mi corazón se encogía de emoción y de amor. Nadie me hablaría nunca como ella."

-¿Se encuentra bien? -Preguntó la enfermera.

-Sólo un poco mareado, ¿cómo ha ido la operación?

-Lo siento mucho -oí la voz del médico- no hemos podido hacer nada.

-¡Cómo que no hay nada que hacer!

"En ese instante supe que mi vida cambiaría para siempre, no sabía cómo actuar ante tantos ojos que me miraban, o ante la incredulidad por saber quien me estaba hablando."

La habitación estaba situada en una calle llamada El Cabaçal. Había pasado ya un año, y mi desesperación iba creciendo. Pero un día...

-TOC, TOC -alguien llamaba a la puerta.

-Ya va -contestó mi madre.

-Hola, buenos días. Soy una de las enfermeras que cuidaron de Michael. No sé si él o usted me recordaran.

-Oh, sí, claro, Marta Miller. Oh, es un placer recibirla, pase.

"Por el sonido de los pasos sabía que no era ni mi madre ni mi hermana, pero sí de aquella enfermera que cambiaría mi vida para siempre."

-Hola, Michael, ¿cómo estás? -me dijo con su dulce voz.

-¿Quién eres? -le dije haciéndome el tonto.

-¿No me reconoces?, soy Marta, la enfermera que te cuidó en el hospital.

-Ya lo sabía, ja, ja.

-Bueno, por lo que veo está más alegre que la última vez que nos vimos.

-Sí, ha pasado un año ya.

-¿Cómo te ocurrió aquel terrible accidente? -Me preguntó.

"En ese instante me pedía que recordara escenas de una pesadilla que trataba de olvidar cada día, cada minuto. Si le contaba cuáles fueron las verdaderas causas, ¿querría saber algo más de mí?

-Bueno, yo, no recuerdo muy bien... lo que... sucedió -le mentí.

-Está bien, lo importante es que estás bien. Te he traído unos bombones. Tengo que irme, me alegro de que estés mejor.

-Yo también me alegro mucho -dije.

Y salió por la puerta.

-Esa chica es un encanto, mira, si te ha traído hasta bombones -dijo mi madre- los dejaré ahí.

-¿Cómo es ella?

-¿Cómo te la imaginas tú?

-Me la imagino una chica muy lista, inteligente y con un gran corazón.

-Pues así es Marta Miller -me dijo saliendo de la habitación.

"En ese momento se me encogió el corazón. Podía imaginar que Marta Miller podía ser la mujer que yo quisiera: Nicole Kidman, Sandra Bulock, pero lo único que yo sabía era que ninguna de ellas sería tan hermosa como Marta Miller."

"Ese mismo día llamé a Marta. No sé que fuerza me impulsó a tocar las teclas del teléfono. Estaba asustado."

-Dígame -contestó ella.

-Hola Marta, soy Michael.

-Hola, Michael, ¿cómo estás?

-Ah, bien,... sí, muy bien.

-Bueno, ¿qué pasa?

-¿Eh?

-¿Qué ocurre?

-Oh, sí, verás,... es que... me estaba preguntando si querrías... cenar conmigo... mañana.

-Pues,... vale, no tengo nada pendiente. ¿Quedamos a las diez?

-De acuerdo.

-Allí estaré, hasta mañana.

"Me había dicho que sí. Era increíble. Pero la felicidad no nos duraría mucho tiempo.
Esa noche le había pedido a mi madre que me buscara el mejor traje que encontrara en mi alborotado armario, según me dijo, me había dado 'el traje por excelencia', el de mi color favorito: negro.
Habíamos quedado en el restaurante La Perla, estaba emocionado, nunca pensé que nadie se fijaría en alguien como yo."

-Siento llegar tarde -me dijo Marta al oído- he pillado un atasco.

-No te preocupes.

-¿Van a pedir ya, señores? -nos dijo el camarero.

-Vamos a ver -dijo ella leyendo la carta- yo tomaré bogavante, ¿qué quieres tú, Michael?

-Tomaré lo mismo.

-De acuerdo -dijo el camarero alejándose de nosotros.

-No sabía que te gustara el bogavante.

-No me gusta mucho, sólo lo he hecho para acompañarte. Bueno, podríamos empezar por conocernos un poco mejor, ¿por qué te hiciste enfermera?

-¡Vaya! -me dijo sorprendida- nadie me lo había preguntado antes. Pues verás, cuando mi padre estuvo enfermo tuve que cuidarlo yo sola porque no teníamos dinero suficiente para llevarle a una residencia, y así surgió. Bueno, me toca, ¿cómo te sientes?

-Me encuentro raro. Parece que en mi vida sólo haya oscuridad. Pienso que el pensar en que volvería a escuchar tu voz es lo que me ha mantenido con vida.

"En ese instante sonó una música suave, y sentí que ella me acariciaba la mano con una suavidad tan divina que parecía que me acariciaba una diosa. Por fin sabía que ella sentía lo mismo que yo, era el momento de contarle la verdad sobre aquel terrible accidente y dejar que el destino decidiera."

-Marta, tengo que contarte una cosa -le dije sintiendo que mi corazón palpitaba más deprisa de lo normal.

-¡Qué casualidad, yo también!

-Lo mío trata sobre el accidente de coche, te mentí, Marta. Lo siento, el accidente lo ocasionó mi afición por el alcohol. Siento haberte mentido, pensé que si te lo contaba no querrías saber nada más sobre mí.

"En ese momento, una silla cayó sobre nosotros. ¿Cuál sería su respuesta?"

-Michael, comprendo por qué no quisiste contarme nada, admiro tu valor. Yo también fui alcohólica y me costó mucho reconocerlo, y dejarlo. Michael, ¿te gustaría bailar?

-Marta, ¿cómo crees que voy a bailar así?

-Mira, Sandra sabe bailar con los ojos cerrados, así que esa no es excusa. ¡Vamos!

"Al final consiguió sacarme a la pista. Al principio era un poco patoso, pero a lo largo de la noche le cogí el tranquillo."

-A propósito, ¿quién es Sandra?

-Oh, es mi prima pequeña, es muy simpática. Ya te la presentaré, mañana será su cumpleaños, ¿quieres venir?

-Me encantaría.

"El solo de piano dio por finalizado el baile. De vuelta a casa nos desviamos de camino y fuimos a la playa. Allí ocurrió lo que he estado esperando desde el día en que la conocí."

-Hace una noche preciosa -dijo ella.

-¿Por qué fuiste a mi casa aquel día? -le dije buscando respuestas.

-Te voy a ser sincera. Antes de conocerte, mi novio Pedro se quedó ciego por las mismas circunstancias que las tuyas, él... se derrumbó, perdió todo contacto con el mundo, le gritaba a cualquiera que le hablara, o no comía ni dormía nada. Un día, cuando su madre y yo entramos en casa, vimos a Pedro tendido en el suelo, había logrado encontrar una cuchilla y se había cortado las venas. Cuando te vi a ti, pensé que Dios me había dado otra oportunidad, pero al estar esta noche contigo, he sentido algo que nunca creí que volvería a sentir.

-Tener otra oportunidad -dije con una voz apagada, sólo le interesaba por el parecido que tenía con aquel hombre.

-No, porque no creí que iba a enamorarme -dijo acercándose cada vez más a mí- quiero volver a creer que el milagro es posible.

"Y nos unimos en un tierno beso, sin duda el mejor beso de toda la historia. Después de aquel momento mágico, estuvimos paseando por la arena, fue precioso."

-Espera Michael, voy a llamar por teléfono, y antes de que se me olvide, quiero que el regalo para mi prima se lo des tú.

-¿Qué es?

-Son unos pendientes -dijo dándome un beso en la mejilla, y desaparecieron sus pasos corriendo en medio de la noche.

"Cómo iba yo a saber que en aquella oscura y fatal noche, una fuerza más oscura que los celos y más fuerte que el amor había permitido que Marta fuera atropellada por un coche."

"Cuando me enteré de aquello me derrumbé. Había perdido al único ser que me había mantenido vivo. Entonces, pensé en el regalo que había dado Marta antes de desaparecer de mi vida, los pendientes de su prima, su 'último deseo', que yo se los diera el día de su cumpleaños. Eso hice."

-Hola, buenas tardes -dije.

-Hola -alguien me contestó.

-Estoy buscando a una niña llamada Sandra.

-La tienes delante de ti, Michael -me dijo ella abriéndose paso entra la gente que había en la casa.

-Este cumpleaños es el peor de toda mi vida -me dijo cuando nos sentamos en un sofá.

-¿Cómo sabes mi nombre?

-Mi prima hablaba mucho de ti.

-Bueno, tengo aquí un regalo que me dio para ti -le dije entregándole el paquetito.

-¡Oh, son sus pendientes favoritos! Cómo se nota que sabía que me gustaban mucho. ¿Puedo hacerte una pregunta? ¿Puedes escribir en el ordenador?

-¿Para qué? -le pregunté extrañado.

-Mi prima me dijo que si algo le sucedía, y si estaba enamorada, que su enamorado escribiera todo lo que habíais vivido, porque de ese modo, ella siempre estaría contigo.

"Los días se convirtieron en semanas, las semanas en meses, y un día, no precisamente especial, me senté ante mi ordenador y escribí nuestra historia, una historia sobre un lugar, una historia sobre una época, sobre la gente, pero por encima de todo una historia sobre el amor, un amor que vivirá para siempre."

-Muchas gracias por contarnos su historia, Michael. Mañana con nosotros la historia de los octillizos de Nebraska. No se la pierdan. ¡Hasta mañana, amigos!

Dedicado a la memoria de Marta Miller.
Gracias por devolverme a la vida y enseñarme a vivir con cuatro sentidos.
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