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DANIEL MONTOLY

Hay noches, cuando todo luce nublado a pesar del brillo de la luna, la música se vuelve un aire refrescante; los cigarrillos van y vienen por los bulevares de las manos tratando de ponerle costo al ocio. Escuchando las canciones de Billie, entré en contacto con el submundo que se vivía en su época, el racismo, la marginación de los afroamericanos del desarrollo industrial capitalista de la sociedad del cuarenta y cincuenta en Los Estados Unidos. Todos aquellos factores me produjeron una reacción de explorar en su personalidad para entender mejor la realidad de los negros americanos que rehusaban aceptar todas estas realidades mas arriba enumeradas. Billie Holliday no sería la excepción, también sufrió en carne propia en su infancia cuando vivió en Los Estados del Sur antes de venir a ser una famosa cantante de jazz. De ver la triste situación de sus semejantes le nació aquel espíritu autodestructivo, de querer refugiarse en el alcohol y el uso de drogas para evadir la responsabilidad de tener que tomar partido por los de su raza. Esta es más o menos la panorámica que me inspiraron para querer escribir un poeta homenaje a un icono de la música universal y la fiel representación de dilema humano ante en compromiso.  

Los cortos ánimos de Lady Day
a Billie Holiday
 
El tiempo pasó con evidencias perceptibles,
como la fuerza engorrosa del invierno
sobre su cuerpo alucinado
por las malas noches sin misterios.
La desecharon los instantes:
sólo su reflejo melancólico
batía sus labios con el limbo del alcohol
oloroso a locura, a muerte próxima
de la que gozan los pobres mortales previsibles.
Ella aspiraba polvo para dar de comer
dolor a su olfato gangrenoso.
Sin vida... sin ánimos,
se fue dejando llevar por la deriva del crepúsculo
hasta caer en un eterno insomnio.
Las ingrávidas notas del piano terco
fueron fumándose su voz de canario  acorralado.
Se parapetó detrás del vicio con miedo pendiente,
y con la caída de la noche,
su voz  que enervaba la sangre,
se volvió esquirla de una trompeta mortuoria.
“Bi- ba, bi-bo ... bi-ba, bi-bo”...
Sonasen a los cuatro puntos el panegírico del
silencio:
varias notas salieron del camposanto
y las noches que eran adolescentes negras
se transformaron  en ancianas blancas
llenas de penumbras y reumas.
 Daniel Montoly
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