Hay noches, cuando todo luce nublado a pesar
del brillo de la luna, la música se vuelve un aire
refrescante; los cigarrillos van y vienen por los
bulevares de las manos tratando de ponerle costo al ocio.
Escuchando las canciones de Billie, entré en contacto
con el submundo que se vivía en su época, el racismo,
la marginación de los afroamericanos del desarrollo
industrial capitalista de la sociedad del cuarenta y
cincuenta en Los Estados Unidos. Todos aquellos factores
me produjeron una reacción de explorar en su
personalidad para entender mejor la realidad de los
negros americanos que rehusaban aceptar todas estas
realidades mas arriba enumeradas. Billie Holliday no
sería la excepción, también sufrió en carne propia en
su infancia cuando vivió en Los Estados del Sur antes de
venir a ser una famosa cantante de jazz. De ver la triste
situación de sus semejantes le nació aquel espíritu
autodestructivo, de querer refugiarse en el alcohol y el
uso de drogas para evadir la responsabilidad de tener que
tomar partido por los de su raza. Esta es más o menos la
panorámica que me inspiraron para querer escribir un
poeta homenaje a un icono de la música universal y la
fiel representación de dilema humano ante en compromiso.