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LOS SENTIDOS PECADORES
Entre los argumentos aducidos para explicar la aparición tardía, de tratados sobre los sentidos, está la indicación de la hostilidad de la Edad Media contra éstos; actitud que no creó un clima favorable al brote de sinestesias. Su signo negativo no debe hacernos olvidar el hecho de que en aquellos tiempos, dentro del marco de un enjuiciamiento de los sentidos teológico-moral, se ocuparon con toda dedicación de las impresiones facilitadas por ellos, y que, a propósito de ellas, se pueden constatar importantes correspondencias.
Que los sentidos puedan llegar a ser servidores del pecado y que, por ello, haya que recelar de ellos, es común en la teología moral cristiana.
El recelo hacia los sentidos y sus placeres viene preconizado ya en la filosofía griega. En el mito de Hércules, según la versión de Prodikos, como la ha transmitido Jenofonte en sus Memorabilia, Hércules es tentado a través de la enumeración completa, sistemática, de los placeres de los sentidos:
De los goces no te quedará ninguno por disfrutar, y estarás protegido, toda tu vida, contra las fatigas. En primer lugar, no te preocuparás de guerras y comercios, sino que sólo pensarás en lo que encuentres agradable para comer y beber, o lo que tú puedas ver u oír para tu placer, el olor o el tocamiento que te divierta, el trato de los jóvenes que te produzca más alegría, cómo podrás dormir con más molicie y cómo tú serás capaz de conseguir todo esto con el menor esfuerzo posible.
Aulo Gelio y Macrobio mencionan las amonestaciones de Aristóteles en la condenación de los placeres ofrecidos por los sentidos.
Entre los autores cristianos, Lactancio somete la actividad de los sentidos a las normas morales más severas. En este sentido se expresa también Agustín en sus Confessiones, cuyo libro X contiene una descripción detallada de los placeres sensuales y sus tentaciones: los goces del oído, la concupiscencia oculorum.
Para la condenación o recelo de los sentidos hay pasajes bíblicos. Pero además se interpretaron alegóricamente, respecto a los sentidos, pasajes que a primera vista no permiten una tal interpretación. Un ejemplo de este procedimiento se encuentra en las epístolas de Pedro Damián (S. XI ), quien describe el cuerpo humano como ciudad -Pentapolis- con los cinco sentidos como puertas inseguras en las que se debe poner una vigilancia especial. Pedro Damián se apoya, entre otros, en Isaías y Lucas.
La condenación de los sentidos no siempre se produjo en un terreno tan teórico como podría dar la impresión los ejemplos citados hasta ahora. Donde Agustín habló de la cupiditas oculorum, se expresa con más claridad Bernardo de Claraval:
Oculi annuntii sunt fornicationis. Visio est prima occasio fornicationis. Mens enim per oculos capitur. Per oculos intrat ad mentem sagitta amoris: visio oculorum mittit sagittas fornicationis.
No se andaban con melindres cuando se trataba de endemoniar la antigua idea tópica del ojo como sitio de entrada del amor. Reflexiones como estas no están sólo en la Edad Media y en los Padres. Todavía en el siglo XVI el crítico italiano Gabriele Paleotti,en su Discorso intorno alle imagini sacre e profane planeó varios capítulos sobre los temas: Che uno de principali mezzi, onde s´introduce dentro di noi la lascivia, si è il senso dell´occhio; Come la miseria universale del mondo ebbe la principale origine dal vedere e riguardare; Della custodia da tenersi assiduamente agli occhi, perché non mirino cosa lasciva.
En los Detti atribuidos a Jacopone da Todi (1230-1306) aparecen los cinco sentidos personificados. La Similitudine del frenare i sensi pinta al alma como una doncella que está en posesión de una piedra preciosa (libre albedrío). Sus cinco hermanos (los sentidos) intentan arrebatarle esta piedra, y le hacen demostración de sus artimañas: uno es sonatore, otros dipintore, speziale, cuoco, y el último ruffiano: el tacto que solicita a la doncella che la menerebbe per gli luoghi disonesti· Ya Lactancio había hecho corresponder el tacto a la lascivia. El tacto es aquí también el más peligroso, ya que en él piú si desta la sensualità, e piú s´inchina l´anima a peccare che negli altri sensi. La doncella resiste a todas las tentaciones y sigue como esposa a un rey que le promete vida eterna.
Catalina de Siena (1347-1380) encuentra poco bueno que decir de los sentidos corporales. Lo mismo que Pedro Damián, ella usa para su crítica la alegoría de la città dell´anima; la puerta principal es la porta della volontà, che è libera, también memoria e intelletto se entienden como puertas. Si, en el estado del amore imperfetto, la voluntad lo permite, pueden entrar por esa puerta il nemico dell´amore propio e tutti gli altri nemici che seguitano doppo lui:
Subito che sonno aperte le porte, s´aprono li sportegli de´sentimenti del corpo, e´quali sonno tutti strumenti che rispondono all´anima. Unde tu vedi che l´affetto disordenato dell´uomo, che ha aperte le porte sue, risponde con questi organi; unde tutti e´suoni sonno guasti e contaminati, cioè le sue operazioni. L´occhio non porge altro che morte, perché è posto a vedere cosa morta con disordenato guardare colà dove non debba (...). Oh misero te! Quel ch´ Io t´ho dato perché tu raguardi el cielo e tutte l´altre cose e la bellezza della creatura per me e perché tu raguardi e´misteri miei; e tu raguardi in loto e in miseria, e cosí n´acquisti la morte.
Lo mismo suenan las advertencias el que habla es Dios respecto a los demás sentidos. Aquí hay siempre implícita una función de los sentidos legítima, correspondiente a la voluntad de Dios. No se condena a los sentidos, sin más ni más, sino el haberse apartado de su destino original:
Tutto questo t´ho detto, carissima figliuola, per darti materia di pianto di vedere gionta a tanta miseria la nobile cittá dell´anima, e perché tu vegga quanto male esce della principale porta della volontá.(...) E alcuna volta tutti gli altri sentimenti (sentidos) del corpo parrá che siano in diverse battaglie. Nel guardare le cose sante e toccandole e udendole e odorandole e andandovi, ogni cosa parrá che gli dia mutazione disones e corrompimento.
En un enlace de acumulación, pues, se exige la aplicación a las cose sante como la propia función de los sentidos.
En esta tradición de la ambivalencia de los sentidos hay también autores franceses, por ejemplo, Olivier de la Marche (1425-1502), con su poema didáctico Les cinq sens, que está dedicado a Eleanora, la hija de Felipe el Hermoso, y que nos pone en guardia contra el abuso de los sentidos. Esta hostilidad contra os sentidos o, al menos, la convicción de que puedan servir al pecado, no se logró eliminar por completo, como ya lo demostró el ejemplo de Paleotti, con la llegada del Renacimiento y sus tendencias antiescolásticas. Otra prueba la constituye el Tombeau des delices du monde de J. Puget de la Serre (1630-1632) con cinco ilustraciones de los vicios o del destino verdadero de los cinco sentidos respectivamente. En él se discute, otra vez sistemáticamente, con numerosos ejemplos e invocación de autoridades como Caterina da Siena, la cuestionabilidad de los placeres sensibles: Ie commenceray de suivre l'ordre que j´ ai resolu, comprenant tous les faulx Plaisirs du monde dans les Sens de la Vue, de l´Ouye, de l´Odorat, du Goust, de l´Atouchement.
En la sección Le tombeau des Plaisirs de la Vue se hace alusión, por ejemplo, a lo perecedero aun de los jardines más famosos creados por los hombres, que no son más que imágenes de lo perecedero del hombre mismo. Puget de la Serre propone que las flores son la vida humana -inspirándose en pasajes bíblicos-; las fuente, lágrimas; los árboles, los cuerpos humanos, y nos miseres son les fruitz. Se contrapone la magnificencia del paraíso. El paraíso es un sitio de los placeres sensibles -no falsificados- y evidentemente hay que entenderlos como tales. Subraya, por ejemplo, que las flores son deux fois admirables, porque recrean el ojo y el olfato.
De una manera semejante procede el autor en Plaisirs de l´Ouye. La música terrena no vale para nada: Iouez donc de toute sortes d´instrumens, hommes du siecle, e tenez à gages leur harmonie pendue à voz oreilles. Ce n´et (sic) pas par ce chemin là, qu´on va en Paradis. La verdadera armonía que sólo es accesible al homme sage, es de otra especie, es decir, sinestética:
Que si vous ne pouuez forcer vostre humeur à mespriser la melodie des instrumens, pretez vostre attention à cele du Soleil, puis que c´et ( sic) vn nouueau Luth, pincé delicatement par la main de la Prouidence Diuine (...).
Puget de la Serre elucubra también sobre el gusto y el olfato. A la gourmandise terrena se le oponen los festins du ciel, que son de eterna duración: on ny entend point le langage des adieux. Comer y gustar no tienen allí otro valor que el abstracto: On ne s´y repait, que de douceurs, qui n´ont point de nom! On y est nourry que des plaisirs puremente diuins, e qui ne se laissent pas toucher a la pensée. En fin l´aliment, d´ont on y est delicieusement entretenu, n´est fait que de rauissemens, d´extases, de charmes, e de transports de joye, où les plus fortes imaginations ne peuuent attaindre . Los olores son los más inocentes entre las fauces douceurs qui repaissent nos sens; con todo, hay que tener cuidado con ellos: pueden seducirnos y llevarnos a la vanité y luxure. Sinestesias abstractas son, de nuevo, muestra espiritual de los olores terrenos. Estas sinestesias fueron, en buena parte, corrientes como catacresis; y lo son: Il n´est point de baume plus pretieux au monde, que celuy des bonnes oeuures ; O que la vertu sent bon, hommes du monde ¡C´et (sic) cete rose espineuse, tous-jours epanouye dont l´odeur, purement diuine, embaume, e le ciel, e les Anges!, etc.
A propósito del tacto, al que está dedicado el último capítulo del tratado de Puget, el autor llega a hablar de la codicia. El tacto es aquí principalmente el sentido de las manos (la correspondiente ilustración de la segunda edición muestra un avaro que cuenta sus monedas). En contraste, los verdaderos goces del tacto son les mesmes qu´on ressent en Paradis. Quelle felicité d´embrasser son Dieu, de le caresser, e de l´esteindre (sic) amoureusement entre ses bras. (...) Mais il semble encore, que l´honneur de toucher sa Diuinité, doibt eleuer les ames à vn comble d´aize, e de bonheur si eminent, qu´il n´est rien de comparable; al tacto, que en la jerarquía tradicional le toca el puesto más bajo, se le concede en este contexto espiritual la misma categoría que a los demás sentidos.
Nos encontramos ante una crítica de la insuficiencia moral de los sentidos, como apenas se podría esperar de otra manera en las Moralités, Farsas y Autos Sacramentales de los siglos XV, XVI y XVII, en los que los sentidos se representan personificados. Esta crítica está sobre todo vinculada a la cuestión de la jerarquía y de la pugna de los sentidos por ocupar el primer puesto. En la Moralité du coeur et des cinq sens, de principios del siglo XV, atribuida a Gerson, Dios entrega los seis escoliers, Cuer, Tast, Langue, Flair, Oeil y Oÿe a la Razón para que los eduque, y ellos tienen que aguantarse con toda clase de lecciones, pues los preparan al conocimiento de la doctrine bonne divina. La Razón amonesta a los escoliers a que se aparten de sus vicios de los que son inculpados por la Conscience personificada. Al tratar del ojo, vuelve otra vez la antigua objeción de la fornicatio:
La Conscience recuerda a los sentidos y al corazón su destino original:
No hay nada nuevo en estas correspondencias, y muy en particular en el pareamiento oye - prudent doctrine.
En la Farsa del sacramento de los cinco sentidos, que fue incluida en la Colección de Autos, Farsas y Coloquios del siglo XVI de Rouanet, se representa un tema que una y otra vez aparece en múltiples variaciones, siendo en el fondo el mismo, en los Autos de Lope y Calderón: la aptitud o ineptitud de los sentidos para percibir en la Hostia el cuerpo de Cristo. La Fe explica a los sentidos la significación de la Hostia y termina con las palabras: Si, que yo creo lo que he/ oido y oyre/ por estos propios oydos, documentando así la significativa ligazón entre la fe y el oído, cuya fuente está en Ad Romanos. Los otros sentidos, sin embargo, parecen vacilar. Se juzga aquí a los sentidos con relativa benevolencia. No se puede decir lo mismo de Lope de Vega en Lo fingido verdadero; enfoca Ginés a sus sentidos con una luz poco favorable. Sus oídos representan un sordo; sus ojos, un ciego; sus manos, un individuo furioso que quiere tocar el cielo; su gusto, un amante que sigue a su error; su olfato, en cambio, a uno que va en pos del olor de la esperanza.
En el Auto sacramental de la Santa Inquisición en la búsqueda del Amor, del amor divino, ni la Vista, ni el Gusto, ni el Tacto -aquí el gusto incluye el olfato- tienen éxito alguno, porque captan sólo lo material. El oído, por el contrario, se vuelve a la fe en busca de auxilio y encuentra el Amor; como puerta de la fe, al oído le cabe en suerte un rango especial.
La representación dramática de los sentidos personificados y su unión con los vicios o las virtudes alcanza en Calderón un punto culminante. En el Auto El nuevo palacio del Retiro, los sentidos se disputan un ramillete que la Fe tiene en la mano. Cada sentido pondera sus propias ventajas, que consisten en proporcionar placeres mundanos. Únicamente el oído aparece modesto y hace resaltar su imperfección siendo Sentido/el más fácil de engañar. Esa modestia es premiada y esta distinción suscita la envidia de los demás sentidos. Hacia el final del Auto quedan los cinco sentidos enfrentados con la Hostia.
La caracterización de los sentidos está soberbiamente presentada en Los encantos de la Culpa, una pintura ejecutada prolijamente que describe al hombre descaminado como Ulises, e interpreta sus experiencias con la hechicera Circe en un sentido alegórico-cristiano. Circe es la Culpa. Los compañeros de Ulises son los sentidos. Y, claro está, el mar, de cuya violencia los sentidos -y en primer lugar el oído- nos ponen en guardia, tiene también su significación alegórica: ¡En el mar de la vida nos perdemos!, teme el Entendimiento igualmente personificado. Después del desembarco en la orilla de la Culpa-Circe, los sentidos dan a conocer sus expectaciones. El Tacto espera que el reino desconocido:
Por el contrario, el Olfato:
El Oído no es excepción:
La Vista observa:
Por fin, el Gusto:
Sedas fenicias, los perfumes de la legendaria Saba, el dulce canto de aves asiáticas, piedras preciosas de Oriente, las ollas de Egipto: un exotismo barroco de los sentidos, una acumulación de estímulos sensibles escogidos, pasajera visión de un paraíso artificial en las huellas de la tesis tradicional sobre la depravación de los deleites sensibles terrenos. El hombre es castigado con la pérdida de sus sentidos.
Así como los compañeros de Ulises son convertidos en cerdos, los cinco sentidos son convertidos igualmente en bestias por los vicios a que tú (el Hombre) / los diste licencia, después de haber avanzado hasta el palacio de la Culpa y de haberse dejado seducir por sus damas: la Vista por la Envidia, el Tacto por la Lascivia, el Olfato por la Murmuración, el Gusto por la Gula y el Oído por la Lisonja. El Entendimiento se ha defendido con éxito de las seducciones de la Soberbia. A las asociaciones no tan halagadoras entre sentidos y vicios -entre las que llama la atención la del Olfato y la Murmuración- corresponden los animales en que los sentidos quedan convertidos. La Vista se transforma en tigre, que este animal todo es ojos;/bien lo publica su piel,/manchada de ellos (...); el Tacto en oso, que este animal, imperfecto,/sin forma y sin ojos nace; el Gusto en cerdo, el Olfato en león que es quien rugidos ha dado ( Murmuración ). La transformación del Oído une lo acústico con lo óptico: el Oído se hace camaleón, cuyo rápido cambio de colores simboliza la adulación: y el bruto, que vivir quiere/del viento sólo fiado,/es el más vivo traslado/de la Lisonja en que muere .
La Culpa dirige su peligroso hechizo al hombre mismo al ponerle ante los ojos goces sensibles paradisíacos sin olvidar ninguno de los sentidos. Además se sugiere la acción simultánea de las impresiones sensibles (que el Olfato y el Gusto/se estén lisonjeando a un tiempo). El paraíso sinestésico es obra de Culpa-Circe. El Auto termina con la apoteosis de la Hostia, en la que, de acuerdo con el esquema repetidamente mencionado, el Oído juega el papel más favorable.
BIBLIOGRAFÍA
-Shrader, Ludwing. Sensación y sinestesia .
-Pedro Damián. Epistolae, IV, 15 en Opera omnia, vol. 1.
-Bernardo de Claraval .Liber de modo bene vivendi, XXIII, 67, en Opera omnia.
-Gabriele Paleotti. Discorso intorno alle imagini sacre e profane, en Trattatid´arte del cinquecento fra manierismo e controriforma.
-Jacopone da Todi . I detti, V, en Mistici del ducento e del trecento.
-Caterina da Siena. Libro della divina dottrina volgarmente detto dialogo della divina provvidenza.
-Farsa del sacramento de los cinco sentidos, en Colección de Autos, Farsas y Coloquios del siglo XVI. Publicado por Léo Rouanet.
-Lope de Vega. Lo fingido verdadero, en Obras.
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