- ¡Salve, noble acero de
punta afilada
- que ansioso de sangre, brillante
en mi mano,
- a dónde sucumben los fieles
soldados
- conduces mi brazo, con ansia
alocada!
-
- ¡Salve, recia lanza de punta de
acero,
- alcánzame presta la ansiada
victoria!
- ¡Salve recia espada que donas la
gloria
- a todo esforzado y valiente
guerrero!
- Es manantial de aventuras
- la guerra, donde se encuentra,
- al paso de los caballos,
- la muerte cruda y violenta
- y el pasajero desmayo.
- ¡Al son de los clarines avanzan
los caballeros!
-
- ¡Marte horrendo, Marte fiero,
- busca anheloso el combate!
-
- Saltan los miembros deshechos.
- Los heridos se debaten
- en el suelo, agonizantes,
- y queda de trecho en trecho
- cubierto el suelo de sangre.
-
- ¡Guerra! ¡Muerte! ¡Dolor!
¡Llanto!
-
- De la vida es el espanto
- lo que causa el combatir.
-
- ¡Guerra! ¡Muerte! ¡Dolor!
¡Llanto!
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- ¡Nacer, luchar y morir!
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-
-
- Cese de
- la espuma el movimiento.
-
- Cese de
- las flores balanceo.
-
- Quieta
- quede el agua de los ríos.
-
- Calle de
- las aves el gorjeo.
-
- No
- truenen ya los cielos irritados,
- calme el
- cervatillo su carrera,
- queden en
- reposo ya los seres,
- habite
- gran calma en la pradera.
-
- Reine ya
- la paz en este mundo,
- callen
- los cañones infernales.
-
- No
- gimáis, humanos aterrados.
-
- ¡Ah,
- callad vosotros, torpes animales!
-
- ¡Paz!
-
- ¡Paz! Sobre las almas
- un suspiro suave, calmo se
sostiene.
-
- Es la paz
- que torna tras la guerra.
-
- ¡Sí,
- amigos míos! ¡Es la paz, que
vuelve!
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