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Francisco Escobar

¡Guerra!

¡Paz!

“¡Salve, noble acero de punta afilada
que ansioso de sangre, brillante en mi mano,
a dónde sucumben los fieles soldados
conduces mi brazo, con ansia alocada!
 
¡Salve, recia lanza de punta de acero,
alcánzame presta la ansiada victoria!
¡Salve recia espada que donas la gloria
a todo esforzado y valiente guerrero!”
Es manantial de aventuras
la guerra, donde se encuentra,
al paso de los caballos,
la muerte cruda y violenta
y el pasajero desmayo.
¡Al son de los clarines avanzan los caballeros!
 
¡Marte horrendo, Marte fiero,
busca anheloso el combate!
 
Saltan los miembros deshechos.
Los heridos se debaten
en el suelo, agonizantes,
y queda de trecho en trecho
cubierto el suelo de sangre.
 
¡Guerra! ¡Muerte! ¡Dolor! ¡Llanto!
 
De la vida es el espanto
lo que causa el combatir.
 
¡Guerra! ¡Muerte! ¡Dolor! ¡Llanto!
 
¡Nacer, luchar y morir!
 
 
Cese de
la espuma el movimiento.
 
Cese de
las flores balanceo.
 
Quieta
quede el agua de los ríos.
 
Calle de
las aves el gorjeo.
 
No
truenen ya los cielos irritados,
calme el
cervatillo su carrera,
queden en
reposo ya los seres,
habite
gran calma en la pradera.
 
Reine ya
la paz en este mundo,
callen
los cañones infernales.
 
No
gimáis, humanos aterrados.
 
¡Ah,
callad vosotros, torpes animales!
 
¡Paz!
 
¡Paz! Sobre las almas
un suspiro suave, calmo se sostiene.
 
Es la paz
que torna tras la guerra.
 
¡Sí,
amigos míos! ¡Es la paz, que vuelve!
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