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MÍO CID, PRIMER GUERRERO NOVELADO
La cuestión de los orígenes de la épica ha sido tema de discusión en todas las literaturas. La dificultad fundamental consiste en que nos encontramos ante un género oral, pero que por el contrario ha llegado a nosotros a través de textos escritos, copiados mucho tiempo después de la primera versión narrada; así, toda la etapa previa a los manuscritos no puede ser conocida más que a través de deducciones basadas en analogías entre las versiones encontradas y otros romances.
La épica puede calificarse como el primer género narrativo que aparece en lengua vernácula, debido principalmente al interés marcadamente propagandístico de las hazañas guerreras de los héroes locales. La difusión de estos cantos guerreros, naturalmente, se hace en la lengua del pueblo, difundiendo las proezas de los caballeros en las cruzadas, y siglos más tarde, cuando fueron copiados, lo fueron en esta misma lengua y no en latín como sería lo lógico al tratarse de una creación literaria.
Algunos críticos atribuyen a estos poemas sólo las características propias de la literatura oral, que describe teatralmente los hechos históricos (cantares populares, rima consonántica, elementos teatrales...) mientras que otros, ante el mismo texto, califican estos elementos como propios de la lírica culta.
Sin embargo, el poema del Mío Cid no se apoya completamente en hechos históricos. Se trata de una poesía de corte guerrera y de exaltación de un héroe con características sobrenaturales, un héroe que se enfrenta a villanos, modelo de todas las virtudes del caballero, en un marco, como es la península ibérica en plena reconquista, que le sirve de apoyo sólo espacialmente.
Es importante por tanto exaltar al héroe en contraposición con los adversarios infames, negación de las virtudes caballerescas: cobardes, afeminados, codiciosos, intrigantes. No es por tanto la narración de los actos de un héroe de reconquista, ni un recorrido histórico y geográfico de la península ibérica, sino que nos encontramos con un tratado de caballería ejemplificado en la figura de un personaje histórico real, el caballero Rodrigo Díaz de Vivar: el Cid es un rebelde leal, es un buen vasallo aunque no tenga un buen señor.
En el poema encontramos odios, luchas dentro de las familias, pero el personaje del Cid se distinguirá de los héroes bárbaros de otras epopeyas que basan sus actos en la venganza con el argumento de la justicia.
El Cid es un héroe que sufre afrentas, como el robo de sus hijas, participa en batallas encarnizadas, y sin embargo todo es superado con valor y coraje -características del perfecto caballero-, en contraste con otros poemas europeos donde, por ejemplo en la Chanson de Roland, hay una intervención sobrenatural constante, mientras que en el poema del Mío Cid sólo hay una única referencia sobrenatural en todo el poema y que se soluciona en forma de sueño, es la aparición del arcángel Gabriel para confirmarle que está protegido por la providencia.
Lo cierto es que las gestas hispánicas -el Cantar de Mío Cid, el ciclo de los Condes de Castilla, Cantar de Sancho II- han sido examinadas en relación con otras epopeyas europeas medievales-Chanson de Roland, épica eslava,...- e incluso de la tradición grecolatina, encontrándose numerosas semejanzas, como es el caso de la Afrenta de Corpes y Las Lupercalias romanas, lo que llega a demostrar la influencia de la épica latina más culta en la tradición de los poemas en lengua vernácula hispánica.
Con todo, son escasos los cantares de gesta de la España del primer milenio; la existencia de epopeyas de héroes-guerreros puede rastrearse a través de crónicas-romance (gracias a los que conocemos el argumento de numerosos de ellos desaparecidos), pero cuyos textos originales no han llegado a nosotros.
El manuscrito mejor conservado es el Cantar del Mío Cid, gracias al que este guerrero casi mítico ha llegado a ser conocido y respetado dos siglos después de sus hazañas.
El texto que se conserva del Mío Cid fue manuscrito por un juglar-clérigo del monasterio de San Esteban de Gormaz sobre el año 1110 y refundido con añadidos por un poeta de Medinaceli en 1140. De este texto sólo se conserva una copia, incompleta, escrita por Pere Abbat a comienzos del siglo XIV.
Los estudios críticos más interesantes sobre la épica hispánica son los que se basan en Bowra y sus análisis sobre la literatura oral europea (importancia de esquemas repetitivos a lo largo del poema, uso de encabalgamientos, texto dictado de juglar a copista...), sin embargo, otros críticos como M. Chaplin afirman que estos motivos no tienen una estructura repetitiva en la épica hispánica, mucho más rica en improvisación y menos formulismos repetitivos, en el caso del poeta que transcribe los versos de Mío Cid, éste debía de ser un hombre letrado en formulismos legales ya que existen notables coincidencias entre versos del poema y el texto del sepulcro del Cid en el monasterio de San Pedro de Cardeña, lo que demuestra la imposibilidad de que el autor sea un juglar ilustrado como afirman los críticos partidarios de la primera teoría y más bien que sea un poeta clérigo culto conocedor de los formulismos mortuorios. Otro dato que apunta este hecho son las similitudes entre ciertas escenas de la gesta y algunos relatos de los martirios de la liturgia medieval.
ESTRUCTURA
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