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| Curiosamente
Sabina se animó a publicar Con buena letra (libro recopilatorio
de casi todas sus canciones), debido al gran éxito de lectura que
supuso la publicación de su libro primer libro de sonetos Ciento
volando de catorce que alcanzó la nada despreciable cifra
de más de 100.000 ejemplares vendidos. Pero no nos engañemos fue
tan leído un libro de poesía, porque lo había escrito Sabina, ya
que hasta el mismo autor reconoce que hay muchos y mejores poetas
y libros de poesía que el suyo, pero, desgraciadamente, no se leen,
porque en general no se lee demasiado, y menos poesía.
Con este libro Sabina volvió a repetir el éxito anterior. De hecho a los pocos días de su publicación había conseguido volver a figurar en la lista de los diez libros más vendidos. En esta ocasión, en nuestra opinión, con mayor motivo que en caso de Ciento volando de catorce, porque en aquella ocasión se trataba para nuestro gusto de un poemario demasiado encorsetado que utilizó una forma estrófica: el soneto, que no dejó fluir bien toda su capacidad de expresión, restándole esa vitalidad y fuerza a las que no tiene tan acostumbrados. No obstante, lo que sí es innegable es que Joaquín es uno de nuestros mejores cantautores y que las letras de sus canciones poseen un lenguaje único: unas veces extremadamente poético y nostálgico, el que emplea quizás para sus mejores baladas; otras veces, en cambio, utiliza un lenguaje más crudo y combativo que tiene hasta cierto punto algo de arrabalero, callejero… con tintes de ironía y sarcasmo. |
Pero
de cualquier modo este poeta urbano siempre está ahí dejando huella.
Además, hay varios elementos que nos sorprenden de manera agradable en este libro. En primer lugar, su cuidada edición, ya que se trata de una publicación que ha sido tratada con el mayor esmero, y lo demuestra, entre otras cosas, su encuadernación (cartome, tamaño 23X23) también, por supuesto, el contenido de sus letras, que viene acompañado en esta ocasión por magníficos dibujos, fotografías e ingeniosas anotaciones, escritas a mano por el propio Sabina acerca de sus canciones. Quizá nuestra única objeción sea que algunos de estos comentarios sean a veces de difícil lectura, porque su letra se nos hace indescifrable, ya que parece tener algo de jeroglífica. Pero, en general, todo contribuye a amenizarnos la lectura de este libro apasionante y a que pasemos un rato agradable. En fin, damos ya por concluida esta reseña con la clara recomendación a los lectores de que sigan comprando esta obra, porque, entre otras cosas, es todo un goce para los sentidos. Y dejamos también por ahora al propio Sabina buscando quizá la canción más hermosa del mundo para después cantárnosla a nosotros con esa voz rasgada, algo ya cascada, pero sin duda, inolvidable que le caracteriza. |
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