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De la Tierra a la Luna, una de las novelas más conocidas de la obra de Julio Verne, padre de la ciencia-ficción moderna, fue publicada en 1865.
Julio Verne, se especializó en relatos de aventuras fantásticas en las que se describía, casi de manera profética, toda clase de inventos y de ideas de orden técnico que, en años posteriores se han ido convirtiendo en realidad.
Puede considerársele casi con total seguridad el creador de un nuevo género: la ciencia-ficción, género que obtuvo, gracias a Julio Verne, gran difusión y popularidad en el siglo XIX.
Muchos han atribuido a Julio Verne poderes predictivos respecto a sus visiones de futuro; el siglo XIX se caracterizaba por ese sentimiento de complicidad y confianza en la ciencia que se verá reflejado en numerosas novelas: vaticina así sobre el futuro de las ciencias naturales y sobre la revolución técnica, el empleo de máquinas hasta entonces inexistentes, el viaje a la luna... y sin embargo, algunos críticos se extrañan de que, a pesar de su deseo por dotar siempre de verosimilitud científica a sus narraciones, hubiera escogido como nave espacial una bala de cañón en vez de un cohete, perfectamente conocido en su época, y que se consideró siempre como más conveniente, como se demuestra después de que la ciencia moderna empleara cohetes...
De la Tierra a la Luna fue un verdadero best seller en la época y la sensación literaria de ese momento en Europa.
El relato, minucioso y exacto, contaba el viaje de tres hombres desde la Tierra hasta la Luna. Tras una breve estancia allí, vuelven a la Tierra en condiciones óptimas, amerizando en un lugar determinado del océano Pacífico.
Esta visión, casi profética para muchos, ¿podemos considerarla una casualidad de Julio Verne, una necesidad por parte de la NASA, o un homenaje encubierto de algún amante anónimo de la literatura clásica de ficción... La verdad es que nos encontramos con un hecho objetivo: el océano Pacífico tiene más de 170 millones de kilómetros cuadrados y el regreso de ambos se produjo sólo con una diferencia de unos 4 kilómetros entre ambos amerizajes.
Y, a pesar de su popularidad, los literatos del momento le acusaron de no tener un estilo narrativo coherente, desconocer la manera de narrar clásica... los educadores, preocupados por el éxito de sus novelas entre el público juvenil, le acusaban de falso científico y de confundir a los jóvenes, que necesitaban modelos más clásicos para su formación. A la vez, los científicos añadían que las historias de Julio Verne estaban repletas de graves errores que la matemática, o la astronomía, como ciencias exactas, no podían consentir.
El éxito de De la Tierra a la Luna se basaba precisamente en este falso tecnicismo del que le acusaban: aquí nos inunda con cifras, datos técnicos y geográficos, pero a diferencia de otras novelas de su mismo estilo, ésta escapa con mayor fortuna del pesado estilo narrativo del realismo-naturalismo de la época que se deja sentir en la prosa de la novela, para ser en ocasiones incluso divertida.
En realidad, Julio Verne escribió muy poca ciencia-ficción pura tal y como hoy la entendemos, por lo general su obra es de corte aventurero y pseudo-tecnológico, sin embargo, como precursor y creador del género, la gran mayoría de su público y crítica lo consideran el primer escritor moderno de narrativa de aventuras de ciencia-ficción.
ARGUMENTO
Tras el término de la Guerra de Secesión, los miembros del Gun-Club, dedicado a la confección de armas de guerra, se encuentran sin trabajo, así que deciden construir el mayor cañón del mundo jamás creado, apuntar a la Luna, destruirla, por supuesto, y conseguir así la popularidad y disfrutar de la gloria de ser los padres del ingenio.
Después de pormenorizados estudios matemáticos donde se nos inunda de cifras y datos técnicos, llega al club un arriesgado aventurero que propone cambiar la bala de cañón por un proyectil cilíndrico hueco donde puedan viajar algunos hombres. La idea es aceptada con gran revuelo y los hombres se preparan para el viaje.
" Una detonación espantosa, inaudita, sobrehumana, de la que no hay estruendo alguno que pueda dar la más débil idea, ni los estadillos del rayo, ni el estrépito de las erupciones, se produjo instantáneamente.
Un haz inmenso de fuego salió de las entrañas de la Tierra, como de un cráter. ...el suelo se levantó y apenas hubo uno que otro espectador que pudiera entrever un instante el proyectil hendiendo victoriosamente el aire en medio de inflamados vapores..."
Después de maravillosas aventuras, que no desvelaremos, regresan a la Tierra, amerizando en un punto del océano Pacífico.
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