Memorias
noveladas cuando la ficción de la realidad
se hace recuento histórico, rodando
el velo y el aura del misterio que cubría
su inocencia en la creación y lo hace
real; entonces lo mágico y extraordinario
que contiene el mundo lo desmonta y
lo vuelve a poner en duda, reafirmando
que la quietud intensa de quien espera
a alguien es lucha de la cotidianidad
existencial entre el ácido de la nostalgia
y el óxido del tiempo sembrando la inquietud.
Es la obra
más reciente del premio Nóbel de literatura,
Gabriel García Márquez. Es una memoria novelada
que ayuda a penetrar en la invención narrativa
del pensamiento y el quehacer literario que
durante mucho tiempo permaneció mudo. En la
obra encontramos los primeros años de infancia,
formación, juventud, historia de su extensa
familia y referencia a sus grandes obras.
"El general en su laberinto", "Hojarasca",
"El coronel no tiene quien le escriba",
"El amor en tiempo de cólera", "Cien
años de soledad" y "El otoño del
patriarca", entre otras. "Vivir
para contarla", ha sido una de las obras
más esperada y es sin duda una magistral creación
literaria universal. La palabra hizo resonancia
poética y lo desembrujó del silencio que cubría
su vida y brotó la imaginación para contarla.
El título
de la obra "Vivir para contarla"
es una referencia a la configuración, evolución
y desarrollo de la conciencia, en un proceso
de entropía (tendencia al deterioro y al desorden),
sintropía (orden creciente y capacidad interactiva)
y en otro orden, identatario, histórico y
social. La conciencia, en sus comienzos, es
una esponja que absorbe la información sin
una valoración explícita; sólo almacena datos.
A continuación aparece un epígrafe: "La
vida no es lo que uno vivió, sino la que uno
recuerda y cómo la recuerda para contarla".
El epígrafe del relato hace que durante el
tiempo de su redacción se cambie el título
original que decía: "Vivir para contarlo".
El cambio obedece a la articulación del epígrafe,
que es un juego que enhebra la primera idea
y la última palabra.
Quizás el
epígrafe sea uno de los temas a discutir desde
el punto de vista filosófico, lingüístico,
psicológico y sociológico. No es un silogismo,
porque el silogismo parte de una afirmación.
Por ejemplo: "Todo hombre es racional.
Juan es un hombre, luego Juan es racional".
"La vida no es lo que uno vivió".
Es una realidad referida a algo o alguien
que sella, condiciona y determina. Desarrolla
elementos conscientes e inconscientes que
la enriquecen y la empobrecen. La vida es
lo que uno vive y cómo vive. Es recuerdo de
algo para contar. No todo lo que se vive se
recuerda. Hay elementos que la conciencia
graba en lo más profundo y que la memoria
jamás podrá recordar ni contar.
"Vivir para contarla" es el trabajo
intenso, narrativo y autobiográfico, que el
tiempo ha permitido madurar y se nos ofrece
como un diamante pulido. El tiempo y la imaginación
creativa han sabido pulir la historia desde
sus inicios con herramientas del periodismo
y la literatura. El libro se cierra en 1955
y es el primero de una serie de dos o tres
volúmenes.
El drama
literario en la obra de Gabriel García Márquez
es su propia vida, los años de infancia y
adolescencia. Es una vida que se lee como
novela y tendrá todos los elementos para convertirse
en un clásico de nuestro tiempo. El encuentro
del lector con su obra es como abrir una caja
de Pandora, llena de historias reales.
El relato
contiene un aspecto psicológico seductor expresado
en la misma portada. El misterio desvela el
tiempo dando la bienvenida con rostro de niño
asombrado al despertar, "bullaranga que
a través del zumbido del ventilador oxidado
y el traqueteo de las latas del camarote";
mira "desde la ventanilla del vagón a
los hombres sentados en las puertas de sus
casas y bastaba con mirarle la cara para saber
lo que esperaban".
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Nos
lleva a reflexionar "que cada forastero que llegaba
con un maletín era un hombre de la United Fruit Company
que volvía restablecer el pasado"; a sentir que
la memoria hace acopio de "Aracataca"; y brota
la "resonancia poética de Macondo"; entonces
la desolación existencial del ser o no ser produce la
náusea de que "todo es idéntico a los recuerdos,
pero más reducido y pobre, y arrasado por un ventarrón
de fatalidad: las mismas cosas carcomidas, los techos
de cinc perforados por el óxido,..." Este el niño
real comiendo una galleta más grande que su mano, que
en algún lugar de su casa ocupaba un espacio secreto
y que soslayando los rasguños de la nostalgia perpetúa
el genio, la creatividad e imaginación de su propia
historia.
Es increíble poder contactar en sus
memorias la perplejidad sugestiva, un hombre que escribe
las grandes novelas haciendo ficción de su realidad,
su familia, su lugar natal, sus seres cercanos, sus
amigos, ahora le quita el velo y el aura que cubría
su inocencia en la creación y los hace reales. Es extraordinario
ver cómo Gabriel García Márquez cubre el mundo, lo desmonta
y lo vuelve a poner en duda reafirmando la lucha de
la cotidianidad existencial entre el ácido de la nostalgia
y el óxido del tiempo, en la memoria prospectiva de
la universalidad.
El libro
contiene una dinámica estructural en las narraciones,
en los temas que trata, en la realidad socio-política,
cultural que presenta sin dejar ocasiones para las distracciones
y el arrinconamiento de la obra. Es un gran recuento
histórico, con la novedad de la narrativa de la ficción,
que hace que el lector se sumerja en el pozo inmensurable
de lo insaciable que sólo García Márquez hace sentir
en sus obras; hay un interés emotivo que adentra al
lector a seguir buscando el final de cualquier suceso
o el desenlace del drama, el cual se desvanece en la
búsqueda de "una noticia editorial para cerrar
el periódico" o el delirio del Eros tratando de
conseguir hacer el amor a igual que su vecino de cuarto
parecido a un vendaval, a "una guerra feliz".
Las memorias
de Gabriel García Márquez contienen como tema principal
la descripción de su vida: por primera vez se expone
a sí mismo. Como un subtema se evidencia: la vocación
de ser escritor, tarea difícil cuando se trata de ser
auténtico. La obra tiene relatos muy hermosos y conmovedores,
por ejemplo: el viaje cuando va a vender la casa natal
con su madre, la infancia con su abuelo en el pueblo
de Aracataca, los viajes infantiles colmados de travesuras,
los días de colegio en Barranquilla, el encuentro con
el orador y político Jorge Eliécer Gaitán, la entrañable
ciudad de Medellín, "tierra de grandes escritores
y poetas", que sólo se mantenía en el recuerdo
por la muerte de Carlos Gardel. Además puede encontrar
la relación con su padre, el telegrafista Gabriel Eligio
García, quien nunca entendió la pasión de su hijo por
la letra. Narra, además, su época de pobreza, su vida
de reportero, su pasión por la música, la poesía, el
trabajo cultural, ya sea en el periodismo, el cine,
u otras áreas.
Latinoamérica
sigue siendo esa realidad mágica, real y maravillosa
que la vocación de escribir no ha hecho tan difícil
ni ha tenido que inventar, porque la realidad supera
cualquier historia imaginaria y la única tarea auténtica
y responsable del escritor ha sido de hacer creíble
esa realidad socio-política-cultural. Toda literatura
ha de ser la prueba más fehaciente de la sensibilidad
humana. Aunque muchas veces la condición itinerante
del escritor seguirá siendo desconocida como cuestionara
Lácides "Lo que no entiendo, don Gabriel, es por
qué no me dijo quién era usted" y a quien respondió
inmediatamente Gabriel "no podía decírselo porque
todavía hoy ni yo mismo sé quién soy yo".
Siempre estará
"la quietud intensa de quien espera a alguien que
no ha de llegar" porque la vida seguirá siendo
un misterio.
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