- Tímida...
como la roca del acantilado que espera ansiosa la caricia
de su bravo mar; hermosa... como una niña cuando cierra
los ojitos para dormirse; simpática como el más tierno
payaso que hayas conocido; amigable, serena, dulce como
el almíbar... ¡no sé qué más podría decir de ella!
-
- Rosario,
la chica de la calle Alfil, número 23.
- La
del cuento de hadas, la que triunfó, la que deslumbraba,
la que opacaba a todo el que se encontrase a su
alrededor...; pero también la más amargada, la que más
sufría, la que padecía en silencio, a la que nadie
hubiese asociado nunca una vida tan repleta de crueldad.
- Sin
padres desde muy niña, sus hermanos y ella se criaron
por separado con distintos allegados y parientes
próximos a la familia. Así, su hermana mayor Pilar se
trasladó a Las Palmas bajo la tutela de la tía
Enriqueta: Javi, el mediano, fue a parar a Barcelona con
un sobrino casado de su madre, mientras que ella acabó
en la casa de sus abuelos paternos, muy lejos de su
tierra -Andalucía- y en concreto en un pequeño
pueblecito costero de la "verde" Galicia:
Mugardos.
-
- Rosario
fue desde siempre una chica amable y servicial. Una
"buena persona". Desde que llegó a Galicia y
convivió con sus "yayos" -como cariñosamente
los llamaba- no hubo ni un solo día que no ayudase a
realizar las tareas del hogar: fregar, barrer, cocinar,
planchar... Trabajos caseros de los que se encargó desde
su más tierna infancia. Al mismo tiempo, Rosario
trabajaba fuera de casa -asistiendo a una persona
encamada- un dinero con el que ayudaba a mantener la
pobre economía familiar. Becada por el Ministerio de
Educación en los últimos años, Rosario lograría sacar
paralelamente sus estudios de bachillerato y tras ellos
una carrera universitaria -algo que sabía, les hubiese
gustado a sus padres-. Y es que Rosario, desde siempre,
había querido ser maestra, enseñar a aquellos que no
sabían; formar a los futuros dirigentes del país,
contribuir a que el mundo fuese un poco mejor...
-
- Por
ello, por sus anhelos y tras recibir la confirmación de
ingreso en el sistema universitario gallego, Rosario hubo
de "abandonar" a sus abuelos y cambiar de
residencia temporalmente, mientras durase su estancia en
la ciudad universitaria. Dos meses después su
"sueño" se haría realidad y frente a la
puerta del aula de primer curso de magisterio en
educación infantil se prometería a sí misma que no
abandonaría, pasase lo que pasase, aquello que tanto le
había costado conquistar. Algún día, se dijo,
llegaría a ser "la mejor maestra del mundo".
-
- Sus
primeros años lejos de casa y de sus abuelos no fueron
fáciles, aunque con el tiempo uno se acabe acostumbrando
a todo. Con respecto a sus estudios todo comenzó rodado
desde el principio y el resto fue "pan comido".
Una diplomatura de tres años que Rosario, plena de
capacidades, podría haber reducido perfectamente a dos.
Exámenes, exámenes y más exámenes; apuntes, clases,
tutorías, muchas horas hincando codos... y los
resultados muy buenos: Sobresalientes, Sobresalientes y
muchas Matrículas de Honor. Era una de las más
inteligentes de su curso, aunque para ella eso no fuese
realmente lo más importante.
-
- Su
primera clase, de nuevo frente a un aula de primer curso,
en un centro privado, un año después de terminar la
carrera, fue la que hizo que se acabase enamorando del
todo de su profesión.
-
- Pedro,
Patri, Borja, Miguel o Sara... fueron algunos de aquellos
primeros alumnos. Sus caras inocentes, la atención que
prestaban a sus explicaciones, lo mucho que se divertían
aprendiendo, sus tímidas dudas, sus temores cuando se
enfadaba, los cálidos besos de agradecimiento... Una
esfera, la profesional, que estaba dando pleno sentido a
su vida: a una infancia sin padres, a una adolescencia
alejada de sus hermanos...
- ¡Cuánto
echaba de menos a Pili y a Javi!... y es que, con
excepción del intercambio de alguna que otra carta sobre
sus vidas y unas cuantas llamadas por teléfono, -siempre
muy distantes- , ya casí habían pasado 20 años desde
aquel "último día" juntos.
- En la
actualidad Rosario sólo podía hilar algunos de los
retales que componían las vivencias de sus hermanos.
Pilar, la mayor, se había casado tiempo atrás con un
chico de una buena familia de Las Palmas. En aquellos
días esperaba su primer hijo. Un nacimiento que había
embargado a Rosario de profunda y amarga alegría. Aquel
bebé sería su primer sobrino... Por otra parte, Javi,
el mediano, que había estudiado económicas en Barcelona
ya tenía novia formal. Una chica llamada Marcela -alta,
rubia y delgada- con la que la familia del joven estaba
encantada.
- Cada
vez que Rosario hablaba con sus hermanos, las promesas de
visitas mutuas eran constantes, aunque por desgracia,
nunca se cumplían.
-
- Al
margen de los lazos fraternales y lejos de las grandes
urbes, en Mugardos, donde Rosario volvía a residir, sus
abuelos se mostraban cada vez más orgullosos de las
conquistas personales de su nieta.
-
- Durante
todos aquellos años a Rosario le había ido muy bien en
el plano profesional aunque en el plano personal los
resultados habían sido nulos. Cero. No obstante, y
aunque en realidad Rosario se mostrase algo tímida e
introvertida en las lides del amor y la conquista no
había dejado ni un solo día de soñar con un hombre,
como los de los cuentos de princesas, que fuese capaz de
dar rienda suelta a sus sentidos y de explorar su
profunda belleza.
-
- Una
mañana de otoño lluviosa conoció a Fran en el centro
escolar en el que impartían clase. Se habían visto en
un par de ocasiones. Lo demás fue pura casualidad. Fran
acababa de llevar a sus hijos a la guardería y casi sin
tiempo corría por los pasillos del colegio dispuesto a
no llegar ni un minuto tarde a su clase de lengua con los
de Tercero B. Al mismo tiempo, Rosario, ojeaba con
curiosidad un llamativo anuncio expuesto en los tablones
de la escuela. Un curso de Pedagogía que se celebraría
en próximas jornadas. Minutos después y en su
demoníaca carrera, Fran se la llevaría por delante,
tirándola al suelo. Fue un golpe seco y doloroso. Él la
miró, le pidió disculpas y casi de inmediato se marchó
corriendo de nuevo. Ahora sí que llegaría tarde a clase.
- Dos
semanas más tarde Rosario y él coincidieron en una
reunión de curso con el resto del profesorado del
centro. Estaba sentado al fondo de la sala. Llevaba una
bonita corbata de color verde. Ella le reconoció nada
más verle. Durante unos momentos buscó con intensidad
su mirada y cuando por fin se encontraron, ella le
saludó con una amplia sonrisa. Él, cortésmente, le
devolvió el gesto.
-
- Francisco
Bouza era profesor de educación primaria, tenía 33
años, era originario de la ciudad de las murallas
-Lugo-, estaba separado y tenía dos hijos pequeños,
Francisca de 3 años y Jonathan de 2. Era un encanto para
sus compañeros de trabajo -más para las mujeres que
para los varones, quienes lo consideraban como un buen
partido.
- En su
vida cotidiana Fran era un hombre solitario al que le
gustaba dar largos paseos los días de lluvia o disfrutar
con la lectura de una buena novela de suspense. Las malas
lenguas decían que el motivo de su separación había
sido una infidelidad de su mujer.
-
- Y
así fue como Rosario se fijó en él. La diferencia de
edad, 8 años, no le importó en absoluto. Era atractivo,
afable, soñador... en definitiva, un "encantador
de serpientes" que la estaba transformando a pasos
agigantados en una quinceañera. Y es que durante los
meses que siguieron al fortuito encuentro Rosario
cambió hasta su habitual forma de ser. Dejó a un lado
su timidez e intraversión para ser más alegre,
vivaracha, extravertida, amigable e incluso hasta sexy.
La primavera florecía en su interior irradiada por estas
nuevas sensaciones.
-
- Saludos,
breves charlas en los pasillos, comentarios acerca de
las clases... Nada más, en principio... De hecho, Fran,
ajeno al juego, la trataba como a una profesora más, casi incluso como a una niña -por su visible juventud-.
Y mientras Rosario continuaba amando, viviendo, soñando,
construyendo un mañana junto a él cada noche y en
silencio.
-
- Una
cita para tomar café e intercambiar algunos apuntes de
psicología infantil aquella tarde otoñal de noviembre,
constituyó el punto de partida de su relación. Cupido
se posó sobre el gran ventanal de la coruñesa cafetería
"Airiños", lanzó algunas de sus flechas del
amor y parece que apuntó bien, porque durante aquella
cálida tertulia Francisco invitó a salir por primera
vez y de manera formal a Rosario.
- Sus
palabras, su sonrisa cautivadora, el reflejo de la
juventud, sus ganas de vivir... desarmaron en aquel
instante su dura coraza. Quería conocerla mejor.
-
- Una
cena, un baile romántico -el "Bailar pegados"
de Sergio Dalma- y un paseo por la playa bajo las
centelleantes estrellas de un frío cielo de otoño,
fueron bazas claves en la conquista. Tres años después,
tras la concesión por los tribunales del divorcio de su
ex-mujer, Fran y Rosario se comprometieron formalmente
ante un "altar de autoridad": El ministerio
civil. Un matrimonio con el que finalmente, tras años de
sufrimiento y dolor, conseguiría reunir a la familia al
completo, pero con el que cambiaría, sin lugar a dudas,
el rumbo de su destino.
-
- Actualmente
Rosario no es feliz. Sufre, padece torturas; y lo hace
otra vez en la profundidad del silencio y la soledad. Por
fin conoce el verdadero motivo de la ruptura del anterior
matrimonio de su marido, aunque de esto se diese cuenta a
los pocos meses de casarse... y ya han pasado ocho.
-
- "El
comienzo": una acalorada discusión y la
"correspondiente" demostración del
"ejercicio desmesurado de poder mediante el
quebrantamiento de la paz del más débil".
-
- La
primera vez, ¡no se olvida! Es la que más duele. Darse
cuenta, tan pronto, de que se está enamorada de la
persona equivocada es duro, aunque más duro es asumir
que la equivocación puede llegar a costarte la vida. Que
tal vez no haya una posible marcha atrás.
-
- Felicidad
y amargura; delicadeza frente a brabuconería y
desarraigo; desprecios por caricias, soledad en
compañía. Estados de ánimo que se contraponen a diario
y casi a cada segundo de la vida de Rosario y que nadie
es capaz de percibir. Vivencia cruel que se torna a cada
paso más insoportable.
- Ella
no necesita, no quiere ni su dinero, ni su caridad, ni su
consuelo, ni su casa, ni sexo, ni tan siquiera pasión.
Lo que realmente añora es recuperar su autoestima,
volver a sentirse de nuevo mujer, ser humano.
-
- Para
Francisco es sólo suya, como antes lo era la otra, la
que lo abandonó. Para ella él es su cárcel, su
martirio, su decepción, una muerte en vida, la
desilusión. Representa el odio y la pasión, la rabia y
el dolor; el sufrimiento y también... el amor. Un amor
que la domina, que la arrastra y la somete a él cada vez
que siente "su presión". Esa es la
ininteligible razón.
-
- Nadie
lo sabe a ciencia cierta aunque muchos son los que lo
presienten. Rosario ha cambiado tanto... Se ha vuelto
más introvertida, tímida y está reticente a hablar. No
tiene amigos, casi, ni vecinos. Su vida es la casa y la
casa su aberrante destino. Nadie logra entenderlo. Una de
cal y otra de arena, hoy sale el sol y mañana ya hay que
ponerse a cubierto. El tiempo y su vida, su vida y el
tiempo. "Sonrisas y lágrimas", felicidad
pasajera, burla continúa, fantasías... Y mientras
Rosario reza cada noche, en su cama, rogando al cielo que
un día cambie y pueda recuperar la tranquilidad, la paz
y el sosiego que los años, y sobre todo él, le han
robado.
-
- ¿Acaso
es tan difícil conseguir "un poquito de amor"?
-
- Apartada
"por obligación" de su familia, de sus
hermanos y de toda su gente... Rosario, ayer feliz;
malvive hoy tristemente, y aunque muchos la compadezcan
cuando la ven, ella seguirá intentando que su marido la
quiera y continuará su lucha vital para esquivar su
propia muerte. Una muerte probablemente más pensada,
asimilada y creída que posible.
- Ciertamente...
la vida es injusta.