- TODOS LOS SEGUNDOS
DE IRIA
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- Sólo se oía la
respiración entrecortada de su madre, tratando de seguir
los pasos que le habían indicado en el curso de
preparación para el parto. Los segundos entre jadeos se
hacían interminables, pero aún más insufrible era la
espera hasta intuir un pequeño cuerpo tratando de
precipitarse a un mundo que se negaba a aceptarlo. Su
padre era poco más que un pelele dominado por los
nervios, a quien la impotencia le tenía ahogado por su
asombroso realismo.
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- Y, entre los dos,
Iria. Intentaba luchar contra el destino. Asomó su
cabecita, asombrada y, tal vez, asustada por lo que
parecía venírsele encima. Había cambiado la comodidad
de su refugio por la incertidumbre de lo desconocido, que
empezaba a rodearla. Quizás intuyera la angustia del
reto que se le planteaba y decidiera no aceptarlo.
Quizás eligiera abandonar el juego en el que ni siquiera
había elegido participar. O tal vez es sólo que no
había sitio para ella.
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- Lo cierto es que
acabó por salir y perdió el contacto con su madre. Le
dieron la vuelta y un azote en el culo. Pero Iria no
lloró, como hacen los demás niños. Porque Iria ya no
estaba allí. Su madre no salió del hospital. Dicen que
murió de pena.
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