Si caen los párpados tersos del cristal,
agua deshilachada, y si resbalan
de algún vaho torcido nuestras bocas
por retener la tarde, el gris atónito
que pudo dar siquiera un pensamiento,
harás tú el gesto de prender un cuarto
con seis bocetos de calor, mordazas
a luz mínima, abrasada, y eres otro,
somos otro, quien acerca su fervor
al labio, quien bucea con las manos
bajo el suéter, quien respira una lana
fugada, taciturna, y rasga al azar
estos folios de su nieve, de país
feroz y cierto y sogas de saliva.
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