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1.
Algunos pasos sin rumbo, conducidos por azar bajo el silencio de la oscuridad. Una triste gabardina, un sombrero y la lluvia esconden la penúltima derrota de un escéptico. Cuanto menos hablan, más daño hacen. Y a ti siempre te ha gustado sufrir. Porque antes de tenerla ya sabes que la vas a perder...
Tres meses por anticipado sobre mi mesa y dos medias de seda bajo ella tuvieron la culpa. Un par de cigarrillos y el deseo de un pecado bastan para convencerme de que ya he aceptado un trabajo que aún no se me ha propuesto. Rutina.
Dinero fácil, un negocio irrechazable, un marido que no regresa... tal vez, sólo tal vez, un seguro que reclama alguna prueba, un cuerpo que quizás no exista. Rutina. Pero una rutina con brillantes ojos verdes, cuello de porcelana y lágrimas de cocodrilo. El camino más corto hacia los problemas.
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2.
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– ¿Cómo las hacen, mamá? ¿Dónde se venden las ilusiones?
– No las compres nunca. Son tramposas. Se fabrican con los sueños perdidos de quienes no han podido construirse un pasado, pero pretenden diseñar su futuro.
Segunda cita, apenas un par de días después de la primera. Esta vez es en su casa. Hay que ir cerrando círculos, y explorar todas las posibilidades. Su dormitorio podía ser una de ellas. Suelen quedar huellas imposibles de borrar.
Primer paso en falso. No hay rastro del marido, ni de quien esté tratando de ocupar su lugar. Tras varias horas de búsqueda y otros tantos intentos de profundizar en un tema delicado, un par de whiskis me hacen olvidar lo que parece una derrota. Sólo parcial, porque un fantasma que se oculta bajo un sombrero me regala un comodín, a estas alturas de la partida. Sólo hay que seguir las flechas.
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3.
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Tendemos a inventar instantes que la realidad condena. Eso indica el sabor metálico y un poco áspero de la sangre que te llena la boca, proveniente de un tercer orificio aparecido en tu nariz. Principiante, sabías que esto iba a ocurrir. Está en tu manual. El dolor indica que estás en el camino.
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4.
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Varios fajos de billetes, una fotografía y una cinta de video. La fotografía era de ella, pero alguien había tachado su cara En la cinta estaba yo, mientras dormía. Una pistola me acariciaba la mejilla y desaparecía.
No se pueden obviar las circunstancias. Nadie es dueño de su futuro, porque al final la vida nos desborda, aunque tratemos de desobedecerla. Alguien ha elegido tu camino, y vas a limitarte a seguirlo.
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5.
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Un sonido seco rompió el silencio. Cuando la guardé en el bolsillo, el cañón de la pistola aún humeaba. La sangre ya había comenzado a formar un charco alrededor de ella; apretaba las manos contra su abdomen, tratando en vano de tapar el agujero que adornaba ahora su vientre. Se daba cuenta de que iba a morir.
– Sabía que me harías esto. Lo había planeado, sólo que pensaba ser yo la que mirara desde arriba en esta situación.
– Lo siento, preciosa. Ha sido el sucio dinero. Todo el mundo es honrado hasta que se le da la oportunidad de demostrar lo contrario, y a mí me la acaban de ofrecer en bandeja... hasta la vista. Nuestra historia será más bonita cuando te vea en el infierno.
La noche esconde los rostros, no cambia las almas, que es lo que tu necesitas. La lluvia es capaz de borrar algunos gestos pero, en silencio, su propia sombra acusa al derrotado. Muchas mujeres te han sonreído, aunque, en realidad, ninguna se llamaba Fortuna. Mejor así. Es peor cuando uno se acostumbra a ser feliz.
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