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EL LENGUAJE LITERARIO DE LA DELINCUENCIA
1.- Historia del argot como forma de expresión de las clases bajas en la literatura
Las clases bajas (generalmente delincuentes y gentes “de mal vivir”) han sido caracterizados por su forma de expresarse en la literatura a través del empleo de expresiones malsonantes, refranes y frases hechas, interjecciones…
Desde la retórica clásica nos encontramos ya con la denominada Teoría de los géneros literarios: la diferenciación en la que debía reparar el autor a la hora de hacer hablar a sus personajes: la retórica clásica [1] se centraba en la idea de hacer un discurso creíble para el auditorio, tanto en Oratoria, como en la Lírica y el Teatro. La Retórica de Horacio (65 aC) enlaza con la tradición de los estudios poéticos de la antigua Grecia, tomando de la Poética de Aristóteles la distinción de los tres estilos: El Grandioso, el Humilde y el Mixto, según el género literario que se empleara. Sin embargo, Horacio afirma que cada personaje debía representarse de acuerdo con su edad y situación social, ya en la escena griega los personajes femeninos eran representados por hombres, los personajes se cubrían las caras con “máscaras” que eran las que daban las características al personaje y según la importancia social del personaje, se elevaban en zuecos (“coturnos”) de diferentes alturas.
El Militar fanfarrón (Miles Gloriosus). Plauto. Ed. Bosch, 1993. Barcelona.
Ya en la literatura castellana son numerosos los ejemplos que encontramos del argot de las clases bajas, desde el Libro del Buen amor:
Libro del buen amor. Arcipreste de Hita. Ed. Castalia. 1984. Madrid.
La Lozana andaluza, con refranes y dobles sentidos:
La Lozana andaluza. Francisco Delicado. Ed. Club Internacional del Libro. 1986. Madrid.
En La Celestina, el reflejo este vocabulario es un ejemplo de maestría:
La Celestina. Fernando de Rojas. Ed. Círculo de Lectores. 1969. Barcelona.
2.- Expresiones injuriosas y vocablos obscenos tomados de la literatura
Las expresiones de tipo obsceno, tan propias del lenguaje popular pasan a la literatura como medio de expresión barriobajera. En un principio pierden todo su significado inicial, sobre todo en conversaciones entre amigos y compinches, perdiendo el hablante conciencia de su valor obsceno:
-¡Coño! ¡Qué coños pasa aquí! Esto es un coñazo.
-¡Cojones! ¡Y un cojón de mico! Esto es cojonudo.
-¡Vete a hacer puñetas! Hacerle a alguien la puñeta (=fastidiar). En principio parece que comenzó con connotaciones positivas, pues las puñetas eran los adornos de encaje de las mangas de jueces y hábitos eclesiásticos de gran trabajo y maña, por lo que mandar a hacer puñetas a alguien era como mandarlo a barrer el desierto. Con el tiempo la expresión se ha desviado hacia lo obsceno (=masturbarse).
Perdiendo el hablante también conciencia de blasfemias:
-¡Me cago en la mar! (mar = madre [de Dios]), de ahí a la variación cursi: ¡Me cago en la mar salá!
-¡Me cago en diez! (transformación eufemística de Dios).
-¡Me cago en la puta madre! (expresión ya tan corriente que según el contexto llega incluso a perder todo su significado literal y convertirse en un saludo amistoso entre compinches, eso sí, de baja educación: -¡Paco! ¡Cuánto tiempo, cago’en la puta madre!).
-¡Leche! (¿alusión al semen masculino [2] o a la leche materna [3] ?)
¡Qué mala leche tienes! (=malas intenciones), parece tener el sentido genérico de que “de lo que se come se cría”, de ahí que se pueda oír tanto la variante tener mal café, mala uva, mal vino (=mal beber).
Me dio un par de leches, se trata de un eufemismo de leñe, en el sentido de golpe (=me dio un par de leñes).
-¡Canastos! ¡Caracoles! ¡Caramba! ¡Caray! Expresiones originariamente obscenas y eufemísticamente desfiguradas, parecen ser variantes de carajo (=pene). Se suelen emplear en situaciones molestas para el hablante, expresando desagrado, miedo o rechazo ante algo: ¡Caray, qué susto!
Hoy pasa a desaparecer su uso, empleándose sólo en sentido burlón con un matiz cursi, siendo sustituida por la forma más extendida ¡joder, qué susto!
-Joder, (lat. futuere). Muy extendido su uso, de nuevo las variantes eufemísticas repipi: jolín, jolines, jopé, jopeta, joroba, jo, y sus variantes fonéticas Josú, Jozú y de ahí al ¡Jesús! como blasfemia hay un paso.
-¡Demonios! ¡Diantre! ¡Diablo! Originariamente invocaciones al diablo, se emplean en situaciones de ira, acercándose a una real invocación en determinados contextos: ¡El diablo te lleve! Mientras que en otros es simplemente una expresión de rabia: ¡¿Qué demonios pasa aquí?!
En cuanto a expresiones injuriosas, son muy empleados los insultos obscenos:
-¡Maricón! Aumentativo del nombre Marica [4], con el sentido de “hombre afeminado y de poco ánimo” del nombre propio María. Genéricamente se tomaba el nombre propio con el sentido de afeminado, pasando al insulto con el uso de aumentativos y diminutivos: Mariquita, Mariconazo, Mariconzón.
-¡Zorra! ¡Zorro! El masculino se interpreta en sentido positivo (=astuto) y el femenino con sentido peyorativo (=prostituta).
-Puta: insulto obsceno y muy extendido popularmente, diminutivo del genérico prostituta. Se emplea en ocasiones con sentido positivo en la construcción … + de puta madre: una película de puta madre, probablemente comenzaría teniendo un sentido irónico y negativo pasando después a desvirtuarse con el uso.
-¡Cabrón! Aumentativo de Cabra, se dice al macho cabrío y por extensión es eufemismo del diablo. La RAE da dos definiciones, una coloquial: se dice de la persona, animal o cosa que hace malas pasadas o resulta molesto; y vulgarismo: se dice del hombre al que su mujer es infiel y éste lo consiente. Como insulto es muy común, tanto que llega a perder su significado convirtiéndose en saludo entre compinches: ¡Qué pasa, cabrón! La frase “Cabrón con pintas” se dice del que hace malas pasadas.
Como variante se encuentra el verbo Cabrearse: que literalmente no es portarse como una cabra, sino encorajinarse, enfadarse. No está incluido en el diccionario de la RAE aunque su uso está muy extendido.
-Gilipollas: “Idiota que se comporta como un cobarde y un tonto.” Sobejano. Gilí (del calé sil) significa tonto, bobo; la expresión insultante se refuerza añadiendo un sufijo o palabra compuesta: gilipolla (=vulgarmente tonto de la polla, con el mismo sentido que tonto del culo) y sus derivados gilipollez, gilipollada, gilipollear…
El empleo de dichos y frases cortas en forma exclamativa intensifican la expresividad que se quiere dar al lenguaje barriobajero:
-¡Más tonto que Abundio! Personaje inventado famoso por su estupidez.
-A grito pelado: dar tantos gritos que se la garganta se irrita.
-Mear fuera de tiesto: (=fuera del orinal) Hacer algo inconveniente o no propio de quien lo realiza.
-Ahuecar el ala: Marcharse, darse el piro. En sentido literal, desplegar el ala el pájaro. La pasma, la bofia (=policía).
Y un sinfín de expresiones a las que remitimos al lector interesado a la bibliografía.
Los mares del Sur. Manuel Vázquez Montalbán. Ed. Planeta, 2002. Barcelona.
La gola del Llop. Ferran Torrent i Josep Lluís Seguí. Ed. Del bullent. Valencia, 1989.
BIBLIOGRAFÍA:
LIBROS DE CONSULTA:
Beinhauer, W. El español coloquial. Ed. Gredos. 1963. Madrid.
Buitrago, Alberto. Diccionario de dichos y frases hechas. Ed. Espasa Calpe.1996. Madrid.
REFERENCIAS LITERARIAS:
Arcipreste de Hita. Libro del buen amor. Ed. Castalia. 1984. Madrid.
Delicado, Francisco. La Lozana andaluza. Ed. Club Internacional del Libro. 1986. Madrid.
Plauto. El Militar fanfarrón (Miles Gloriosus). Ed. Bosch, 1993. Barcelona.
Rojas, Fernando de. La Celestina. Ed. Círculo de Lectores. 1969. Barcelona.
Torrent, Ferran y Seguí, Josep Lluís. La gola del Llop. Ed. Del bullent. Valencia, 1989.
Vázquez Montalbán, Manuel. Los mares del Sur. Ed. Planeta, 2002. Barcelona.
[1] En la Rethorica ad Herannium se encuentra por primera vez la división horizontal de los tres estilos: elevado, medio y bajo.
[2] Beinhauer, W. El español coloquial. Ed. Gredos. 1963. Considera que se refiere al semen masculino, p. 89.
[3] Diccionario de dichos y frases hechas. Ed. Espasa Calpe.1996. Madrid. Alberto Buitrago afirma que se refiere a la leche materna p. 392.
[4] El fonema [k] es el más empleado en los insultos debido a su sonido cacofónico.
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