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Madre e Hija: 2x1
| EN UN INSTANTE DE LUCIDEZ Etapas
duras de una vida repleta de sueños...
Llegas y me insultas, gritas, vociferas... Entras, sales, vienes y te vas... ¡vuelves una y otra vez! .. ¡es insoportable! No cejas en tu empeño. Quieres que entre en tu juego y haces lo posible para lograrlo. Una minucia puede ser el detonante de ”algo gordo”; de una pelea en toda regla. Golpes, agarrones, bofetones, portazos, platos por el aire, mesas y sillas rotas, el teléfono desconectado... ¡Y la culpa, como tú ”bien dices”, eternamente mía! Mía porque hice, dije o dejé de hacer algo que supuestamente ya debería estar hecho. Yo, la víctima indefensa, convertida en eterna culpable. Pero como ya viene siendo habitual en nuestro matrimonio, después de una noche de tormenta... llega la calma. ¡El acoso termina y mi corazón deja de latir con fuerza! Estoy “un poco más relajada”, aunque alerta. Ahora, el miedo deja paso a las lágrimas, a la amargura, al resentimiento, al odio... a la autocompasión. Nunca he sabido a dónde debo ir, a quién debo pedir ayuda, pero quiero una solución. Una cura a esta “larga y tediosa enfermedad” que no llega y que nadie es capaz de ofrecerme. No obstante, ¿sabes?; hoy me han dicho que “los poderosos” pronto intervendrán en nuestras vidas y que después, la mía, volverá pronto a “la normalidad”. ¿Normalidad? Aunque, como ya ha sucedido en otras ocasiones, temo que todo vuelva a quedarse en un mero espejismo de lo que pudo ser y al final no fue... Y yo, Paco, la esposa sacrificada, acabo convirtiéndome en tu más fiel aliada porque creo que aún te quiero y puedo hacerte cambiar y porque en realidad he asumido lo que me pasa. Pobre, pobre ingenua que aún confío en ti y en tus promesas repetidamente incumplidas. Y mañana... sé que volverás con tus insultos, con tus gritos, con tus quejas, las palizas y “el vino”... Y volverás a hacerme sufrir. Benditas aquellas mujeres que lidian a diario con la muerte. ¿Sabes Paco? En este instante de lucidez, creo que entre tú y yo, ya nada volverá a ser igual. “Siempre
tuya” |
CARTA A MI ALMOHADA Betanzos, 16 de febrero de 1995 Querida almohada mía:
La vida es,
por momentos, tan dura. Soy tan joven y he vivido tanto... ¡a
veces creo que mucho más de lo que debería! Son tantos
los días y tantas las horas a las que te planteas que por
qué a ti y desde las que tratas de vislumbrar una solución,
que al final la parte anormal de la realidad se acaba transformando
en dura rutina.
Tengo pavor
a la “oscuridad”, a “no poder volver a ver la
luz de nuevo”, a “no poder ver más allá
de lo que ya he visto”, “a seguir sufriendo”…
a “continuar esperando”.
Sé que
mi madre siente mi desesperación, pero creo que por mucho
que lo desee “jamás será capaz de soltar amarras
y arribar a un nuevo puerto”.
¡Odio
mi vida y la suya! ¡Me doy asco!, ¡ya no me reconozco!… Gracias
por ser tan comprensiva |
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