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La definición más poética de Greguería
la ofrece el propio Ramón Gómez de la Serna:
“la
flor de todo, lo que queda, lo que vive, lo que surge entre el descreimiento,
la acidez y la corrosión, lo que resiste todo.”
La huida de lo convencional y la defensa de un arte deshumanizado
(entendido como alejamiento intencionado entre la creación
artística y la vida) convirtió a la Greguería
en el eje de la obra vanguardista de Ramón G. de la S.
Considerado por muchos heredero directo de Quevedo y Gracián
gracias al carácter humorístico de sus metáforas,
sin embargo, sería más propio clasificarlo como el
iniciador en España (y posiblemente en Europa, ya que las
primeras Greguerías datan de 1910) del Surrealismo: Ramón
G. de la S. defiende la importancia del inconsciente a la hora de
elaborar una Greguería: una Greguería no se busca,
sino que surge espontáneamente en la mente del poeta, es
la impresión del inconsciente de un objeto en la mente del
poeta:
Toda la joyería se ha ruborizado. ¡La ha mirado
un comunista!
Entre la diferente morfología de la Greguería destacan,
además de la asociación metafórica inconsciente
de significados vista, la creación a partir de los significantes:
la liebre es libre (aliteración), la asociación metonímica
que surge de la observación de los detalles más insignificantes
de la vida cotidiana:
Bar
pobre: una aceituna y muchos palillos,
y
las observaciones filosóficas:
Si
el hombre tiene tanto miedo a la muerte, ¿por qué
se mata?
–Porque
al quitarse la vida se quita el miedo.
Vemos también una evolución cronológica en
las Greguerías: la morfología varía desde las
más extensas de los primeros tiempos, que consisten en una
serie de observaciones vitales (sobre la muerte, el amor...) o puramente
anecdóticas (el retraso ante una cita...) con la extensión
de un relato breve, hasta las últimas de su producción,
de apenas una línea, que son las más conocidas:
Dar
a una piedrecita con el pie y llevarla así siempre adelante,
adelante, es algo más trascendental de lo que parece a simple
vista... No hay trivialidad que ayude tanto a no ocuparse del camino,
de la largura del camino y de los pesadumbrosos pensamientos que
surgen en él... Es curioso cómo sucede ese enganche:
se encuentra la piedrecita, la cáscara, el bote o lo que
sea, ese rabo o ese tacón, o esa contera de una cosa, se
tropieza con ella una vez para quitarla del camino, pero en vez
de hacer sólo eso, se la empuja de frente y se la vuelve
a empujar al encontrarla a los pocos pasos y se la vuelve a dar
un puntapié, pero cuidando ya más de que no se desvíe,
ya con verdadero cariño por ella, hasta llegar a seguir el
camino, atraídos por esa avidez del objeto por seguir avanzando...
Así nuestra finalidad llega a no tener término y violentos
y excitados, quisiéramos un camino interminable para seguir
haciendo avanzar nuestra taba ideal a través de este y del
otro mundo, como si eso resolviese mejor que nada el objeto de nuestra
vida. Yo fundaría con ese único credo la secta de
los “tabistas”.
En
todas ellas como punto en común tenemos la yuxtaposición
de dos elementos relacionados entre sí por el inconsciente,
lo que provoca el efecto humorístico. Ramón G. de
la S. definió la Greguería como:
Metáfora
+ Humor = Greguería
Sin
embargo, no todas las Greguerías responden a este esquema,
como afirma el crítico Rodolfo Cardona: Una metáfora
surge de la relación lógica entre los dos elementos
de la comparación, y sin embargo muchas de las asociaciones
en las Greguerías son de tipo ilógico, emanan directamente
del inconsciente, y son estas asociaciones ilógicas las que
precisamente provocan el efecto humorístico:
Los
acordeones tienen el pelo ondulado.
Este irracionalismo es propio del lenguaje vanguardista: provocar
el extrañamiento en el espectador favorece la idea del Arte
por el Arte. Aunque Ramón G. de la S. en el prólogo
de Total de Greguerías declaró haber encontrado
elementos en común entre su obra y los clásicos (Luciano,
Shakespeare, Pascal y/o Quevedo), sin embargo vemos clara su intención
vanguardista al ser un incondicional de los ismos a través
del movimiento Vltra, al que pertenecía como miembro activo,
y la revista Prometeo, que dirigió entre 1908 y 1912 (se
le considere precursor del Cubismo, Dadaísmo y Surrealismo).
La Greguería, sin embargo, no debe considerarse como un género
puramente español, ya que responde a los impulsos estéticos
de vanguardia que se desarrollaron en Europa y América a
principios de siglo XX, impulsos que toma la filosofía del
británico Bergson y que se basa en el poder de la intuición
a la hora de crear una obra de arte, y que asentará las bases
para el movimiento imaginista y la creación de las Greguerías.
BIBLIOGRAFÍA:
-Antología poética de la generación del 27.
Col. Castalia didáctica, a cargo de Arturo Ramoneda. Ed.
Castalia. Madrid, 1990.
-Greguerías. Ramón Gómez de la Serna. Col.
Cátedra Letras Hispánicas, a cargo de Rodolfo Cardona.
Ed. Cátedra. Madrid, 2004.
CORPUS de R. Gómez de la Serna:
-El incongruente (1922)
-El novelista (1923)
-La mujer de ámbar (1927)
-El hombre perdido (1962)
Libros autobiográficos:
-Automoribundia (1948)
-Cartas a mí mismo (1956)
-Pombo (retratos y biografías) (1918 y 1924)
-Azorín (1930)
-El Greco (1935)
Escritos sobre Madrid:
-El Rastro (1915)
-Ismos (1931)
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