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Maribel Carbonell
RASGOS IDENTIFICADORES DE LOS CUENTOS MARAVILLOSOS
Superado el Renacimiento, los cuentos maravillosos cobraron fama en Francia con Charles Perrault y Mme. Le Prince de Beaumont; y ya en el Romanticismo, en Alemania, con los hermanos Grimm; en Dinamarca, con Hans Crhistian Andersen. Van Gennep los define así: “Una maravillosa y novelesca narración, sin localizar el lugar de la acción ni individualizar sus personajes, que responde a una concepción infantil del universo y que es de una indiferencia moral absoluta”. Otra definición sería: un relato fantástico por la abundancia de elementos maravillosos, de origen popular y transmisión oral, en que intervienen seres sobrenaturales -hadas, brujas, gigantes, etc.- que, junto con otros personajes, actúan atemporalmente, como en un mundo de ensueño, y que se caracteriza por su gracia primitiva y la más ingenua frescura. Lo que distingue este tipo de cuentos de otras narraciones es su organización, su estructura, que es menos espontánea y casual de lo que en principio se podría pensar. Es bastante estable a lo largo de los siglos y muy semejante en todas las culturas aunque se aclimata en algunos aspectos a la localidad en la que se ha recogido. Los relatos populares responden a exigencias naturales del alma humana e, incluso, su contextura, al menos en gran parte de ellos, aparece condicionada por estas exigencias. Por eso, un análisis estructural de tales narraciones puede revelarnos un fondo común a ellas, un sistema que comprende elementos constantes: personajes y acciones, conflictos y comportamientos de un mismo orden de funciones que tienen paradigmas en numerosos cuentos de toda la literatura narrativa. Más combinándose con tales temas constantes, aparecen en toda narración popular elementos variables, resonancias de los modos de vida de cada localidad, de diferentes labores y costumbres de cada región y época, de imágenes del paisaje natural y del humanizado -montañas, cavernas, fuentes, ríos y mares, caminos, puentes, casas, castillos, iglesias, ermitas y otros monumentos-, recuerdos de santos, de héroes locales, de animales, de monstruos, de genios, etc. Materiales estos por los que las narraciones populares vienen a ser elementos o categorías que distinguen y caracterizan, en cierto modo, a cada grupo y su cultura. Según Propp, lo más importante del cuento maravilloso son las funciones o acciones diversas de cada tipo de personaje, definidas desde el punto de vista de su significación en el desarrollo de la trama. Redujo a treinta y una funciones de los cuentos estudiados por él, aunque no en todos aparecen todas las funciones, pero la sucesión en que se encuentran los personajes es siempre idéntica. La sucesión de los acontecimientos sería la siguiente: “el héroe padece una carencia o, alternativamente sufre una agresión; se aleja del hogar familiar; en el camino encontrará a un donante que le hará entrega de un objeto maravilloso, o un ayudante mágico que le auxiliará, o a un informante que le instruirá en el comportamiento correcto que deberá observar para poder triunfar; gracias a alguna de estas ayudas, logrará superar las pruebas prematrimoniales y casarse con la princesa, con lo que la carencia inicial quedará solucionada; o también, alternativamente, vencer a un dragón, gigante o similar, y reparar la fechoría”. La acción del cuento se desarrolla en un tiempo irreal e indefinido “Érase una vez”, “Hace más de mil años” “Cuando los animales hablaban”, “Érase una vez un viejo castillo en medio de un enorme y frondoso bosque...”. Esta vaguedad en el comienzo simboliza el abandono del mundo concreto, de la realidad cotidiana. De acuerdo con su carácter irrealista, carece de descripciones detalladas de ambientes y paisajes. Se refieren a “las aventuras de los hombres en un reino peligroso de límites sombríos”.Tolkien. Los personajes no poseen un carácter definido, sino que son estereotipos carentes de profundidad y desarrollo psicológico, que actúan y se agotan en función de la trama, al contrario de lo que sucede en los mitos y en las leyendas. El héroe encarna todo tipo de virtudes: valor, generosidad, bondad... y sobre todo astucia; y sus ayudantes, animales o seres sobrenaturales, usan sus cualidades sobrenaturales para socorrerlo. Por el contrario, los antagonistas son malvados, crueles, envidiosos y egoístas. El final es feliz casi siempre: la boda, el perdón, el restablecimiento de la felicidad inicial...; y los malvados son cruelmente castigados. Se cierra el final de la historia con alguna de las tópicas fórmulas: “se acabó mi cuento con pan y pimiento y todos contentos”, “y vivieron felices y comieron perdices y a mí me dieron con los huesos en las narices”, etc. La sencillez de la lengua empleada: directa, fluida y sin ningún tipo de artificios, aunque frecuentemente muy expresiva, el uso de palabras y giros arcaizantes, el gusto por las onomatopeyas y jitanjáforas -como en el lenguaje infantil-, los refranes y proverbios, las comparaciones y el estilo directo, son características estilísticas propias de las narraciones populares de transmisión oral, que los recopiladores de cuentos maravillosos han conservado e intensificado con sus retoques literarios. Según Propp y Bettelheim, los estudiosos del folklores en el siglo XIX prestaron una importancia especial a los cuentos maravillosos, considerándolos los más antiguos y, por tanto, particularmente valiosos porque conservan vestigios de creencias antiguas como la de la existencia de espíritus dueños del bosque, de los mares, las montañas, el culto a los antepasados, la hechicería. Pero esto no determina su valor porque el pueblo hace tiempo que ha perdido esas creencias. El cuento no es presentado nunca como una realidad, el cuento es válido, precisamente, como una invención. Pero a pesar de ese carácter fantástico, interpreta los elevados ideales vitales del pueblo, que dio cuerpo a unos héroes que defienden a los desamparados, fuertes y magníficos en su audacia sin límites.
La memoria de los cuentos. Miguel Díez R., Paz Díez
Taboada. Ed. Espasa
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