| Comienzan
las clases
El 8 de marzo empiezan las clases en Primaria y Secundaria. En abril,
seguramente, estarán en marcha ya en todas las Universidades.
¿Qué tienen planificado las autoridades de todas las
ramas de la Educación con respecto a la enseñanza
del lenguaje?
Nada.
Los planes de estudio no sufrirán cambios esenciales, por
lo menos en lo que respecta a la lengua.
No se aprende a hablar o a escribir correctamente solo en la clase
de Idioma Español.
Cada docente utiliza el lenguaje como forma de comunicarse con sus
alumnos. Lo que dice y, sobre todo, cómo lo dice será
tomado como modelo. Y lo que escribe, aunque sea incorrecto, será
tomado como ejemplo.
Entonces, no alcanza con modificar los planes de estudio de Primaria
y Secundaria. No alcanzará con incluir (nunca se ha hecho)
la enseñanza de la redacción en los niveles universitarios.
Habrá que empezar por formar, idiomáticamente, a los
formadores de personas.
No es posible que un maestro, un profesor, un docente universitario
se exprese incorrectamente. No basta con los títulos que
otorgan las distintas Instituciones.
Tampoco es posible que acepte cualquier material escrito hecho por
sus alumnos, con la eterna, excusa:
"El contenido no es aceptable; aunque cuesta entenderlo. Está
mal expresado, plagado de errores ortográficos, pero no es
mi tarea corregir ese aspecto del trabajo."
¿Cómo se justifica que se dé por aceptable
una tarea en la que el lenguaje, que es la vía de comunicación,
está fallado?
Hay que exigirse un perfeccionamiento continuo para estar al día,
para saber cuáles son los avances en las distintas profesiones.
Y, en todos los casos, el que más avanza, el que más
cambia es el idioma. Y nadie se toma el tiempo necesario para dedicarse
a él ni le da la importancia que tiene: la fundamental, la
de la comunicación. Sin él, sería imposible
enterarse de todas las evoluciones que se producen en el mundo contemporáneo.
¿Quién es el responsable, entonces?
Todos los que dirigen la cultura reconocerán, ante cualquier
medio de comunicación, lo mal que se expresa la gente. La
gente, en general, que pasó por la escuela, tal vez por el
liceo y, muy probablemente, por la Universidad. Pero nada hacen
por modificar la situación.
Los docentes tampoco asumen la responsabilidad.
Los padres la dejan en manos de los educadores.
Y el mundo sigue andando. Y cada generación, se expresa peor
que la anterior.
La publicidad nos bombardea con avisos, mal redactados, con errores
ortográficos…La traducción de las películas
( que, por supuesto, no se hace en nuestro país) no pasa
por un control en lo que a la lengua de refiere. Las Autoridades
del I.N.A.M.E. se limitan a considerarlas aptas o no aptas para
determinada edad. ¿No debería el Ministerio de Cultura
opinar sobre la forma en que están redactados los subtítulos
y exigir su corrección? .
Por otra parte, para la mayoría de las personas, enfrentarse
con una hoja en blanco es una tortura.
Por lo general, ignoran las reglas básicas de la escritura.
No saben seleccionar ideas, no pueden ordenarlas, no conocen las
reglas de puntuación, cometen errores ortográficos
¡A escribir, se aprende!
Si uno no tuvo la suerte de lograrlo a través de lo que la
Enseñanza imparte (lo que es bastante difícil), con
voluntad, con práctica, con dedicación, se logra dominar
el arte de expresarse por escrito.
Evidentemente, para algunas personas esto resulta menos trabajoso
que para otras. En general, porque son buenos lectores y porque
se exigen y no ceden hasta lograr alcanzar su finalidad.
Para otros, la tarea es ardua, pero se la domina con empeño.
Se aprende a escribir, escribiendo. Hay que hacer práctica,
equivocarse una y otra vez, corregir, pulir y, sobre todo, no desesperarse.
Todos necesitamos redactar bien. No existe tarea, no existe actividad
que no lo requiera. Por lo tanto, debemos exigirnos dominar la escritura.
Se aprende: con la lectura, con los ejemplos de otros, con las consultas
a quienes saben más, con la concurrencia a clases de idioma
materno.
Un escrito será eficaz si logra trasladar a la mente de otro
lo que está en la nuestra.
Y a esto tiene que tender la Educación. Ese debe ser su fin
primordial: que sus egresados, cualquiera sea su nivel sean capaces
de comunicar sus pensamientos, sus ideas, con precisión.
Nada se aprende bien, nada se entiende correctamente, nada se trasmite
si uno no sabe manejar la herramienta para hacerlo: el lenguaje.
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