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ESPANTO. GOTAS DE AGUA
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Estoy
aterrada por ese ejército de gotas que no deja de amenazarme
con llegar. No hay noticias. No hay esperanzas. Cada una de ellas
es un susurro que nutre mi propia tempestad. Con toda su energía
no quiero ir demasiado lejos de donde estoy. Todos mis desplazamientos
fueron una ilusión. Veo que lo único que se logra
con los pasos no es salir sino entrar, en mí, en ti, qué
más da... Otras veces son las mujeres que mi piel exilia. La atraviesan,
la extrañan, se aferran a ella. No desean irse completamente.
En toda mi magnitud encontraron la dulzura que a veces las complementa,
que las seduce, que las engaña. Ellas no pueden ser distintas
de lo que las origina. No confío. No puedo asegurar que toda el agua es cristalina. No puedo aseverar que todas las gotas son únicamente de agua. Las velas... asesinan la oscuridad y es precisamente su ausencia lo que las hace llorar. Qué sentido matar lo que se habrá de extrañar... ¿No son las lágrimas de la vela, por ser portadoras de sufrimiento, tan dignas de la consideración como cualesquiera otras gotas? Lo que oigo, lo que veo, lo que asimilo, lo que siento... todos estos escenarios son propicios para distinguir la presencia de las gotas de agua. Todo lo que escucho no es más que la diversidad de sus suspiros. ¿Por qué tienen que hablarme de ese modo tan misterioso? ¿Por qué no quiero entender lo que me dicen? Mi avidez ha resultado un instrumento peligroso. Cuando crece demasiado, cuando demasiadas gotas la han alimentado, se posesiona de tal modo de mí que no me permite saciarla. Las gotas... si me despiertan fascinación, tal vez sólo esté ejerciendo mi libertad. La libertad, como retorno ineludible a la intimidad, habrá de llevarme a mis propios universos. Y habré de agregar que respeto sus identidades. Me entretengo tan bien contemplando sus reacciones por las luces que afortunadamente reciben, que me parece que eternamente están celebrando algo muy intrínseco, algo infinito. Deben sentirse muy perdidas, o muy tranquilas, cuando la luz decide no visitarlas. No importa. Ustedes no pierden su pureza, sólo porque no pueda ser percibida, porque no pueda ser compartida. No quisiera hablar demasiado. No vaya a ser que alguna gota ande
por aquí. No vaya a ser que ahora me encuentre dispuesta
a atenderla... En fin, por qué tendría que apreciar
una confesión venida de una esfera de claridad... |
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