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Maribel Carbonell
Con esa idea desarrolla una veintena de novelas, sobre una familia Les Rougon-Macquart, con una rama legítima y otra bastarda, en que aparecen crudos estudios sobre taras como el alcoholismo y las enfermedades venéreas de transmisión. El ser humano no sería sino resultado de una disposición física. Asignó a esta nueva escuela de ficción el nombre de naturalismo con el que pretendía hacer un análisis científico como los de Darwin y Marx. Sin embargo, Zola no se atiene, por fortuna, a ese axioma, ni siquiera en la truculenta Thérèse Raquin, sobre un adulterio con asesinato, seguido de pesadillas y suicidios: es un hecho revolucionario -y nada fisiológico ni materialista, aquí- que las gentes del pueblo puedan ser personajes de novelas, con adulterios y todo: algo que parecía reservado a la gente de arriba. El mismo Zola reconocería que en su talento había algo que se salía de lo cientificista: “Es cierto que soy un poeta y que mis obras están edificadas como grandes sinfonías musicales”, escribe en 1882. Incluso, en algunos momentos como en La faute de l´abbé Mouret se lanza a un simbolismo de falsilla bíblica, con un joven sacerdote que incurre en pecado en un ameno lugar llamado “Paradou”. O, en otra dirección, es capaz de montar un marco de auténtica “novela rosa” para sostener un fascinado estudio sobre el crecimiento y el apogeo de unos grandes almacenes al modo de nuestro propio tiempo Au bonheur des dames. Su mayor éxito fue Nana, la novela de la “estrella” de “vaudeville”, que cantaba mal pero cautivaba a los hombres, Zola se documentó con exactitud sobre los teatros, menús de banquetes, dimensiones de las habitaciones de las prostitutas, etc. Germinal, es la estampa del trabajo en una mina, con apocalíptica catástrofe como final de una huelga fallida, a cargo de un anarquista ruso. La taberna, es un estudio del alcoholismo entre el pueblo. El minucioso material informativo , una vez más, se vuelve casi inverosímil a la luz de la pasión del autor, que lo transforma en un montaje simbólico y patético. Estos libros influyeron en el desarrollo de la novela naturalista. Sus obras posteriores , escritas a partir de 1893 , son menos objetivas, más evangelizantes: Las tres ciudades (1894-1898), que incluye: Lourdes, Roma y París. Posteriormente, deriva más a la crítica política; publica una resonante carta abierta al presidente de la Repúblic, J´accuse, defendiendo a Dreyfus, militar judío acusado de traición -luego se acabaría reconociendo que injustamente-: este proceso divide a Francia en dos mitades hostiles, y Zola se ve obligado a exiliarse para no seguir las huellas de su defendido. Sus últimas novelas Fécondité y otras fueron inesperadamente simbólicas.
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