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EL
MAR DE MADERA
Jonathan Carroll
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Es ley casi precisa la que mantiene que con el paso de los años nos hacemos escépticos; quizá por eso la literatura fantástica y la ciencia-ficción tienen su público más fiel entre la gente joven, menos desconfiada y más abierta a estas propuestas literarias cuyas historias se sustentan generalmente con la materia abstracta que gravita en los confines difusos de la física. Esta especie de silogismo que en la práctica supone una verdad comercial hace que muchas veces nos perdamos buenas novelas que bajo esa denominación de fantástica o ciencia-ficción salen al mercado. En pocas ocasiones podemos leer sus reseñas en los suplementos de los periódicos ni en las revistas de literatura más populares, como si estos relatos fuesen materia distinta que hubiese de transitar por circuitos comerciales ajenos a los habituales. Los editores del género saben de esta discriminación, y quizá para captar más lectores de la zona adulta del espectro lector, o acaso con la convicción de que un libro fantástico es un organismo vivo y su cara es la misma portada, cuidan al máximo sus primeras ediciones. Cuando vi la novela en el estante de una librería, tuve la seguridad de que detrás de esa tapa tan imaginativa y de ese título tan sugerente se ocultaba un texto digno de las expectativas que me había provocado su presencia. La compré y me puse a leer: Frannie McCabe es el jefe de policía de Crane’s View, un pequeño y monótono pueblecito de USA donde nunca pasa nada; ama a su mujer y es respetado por sus vecinos. ¿A que suena a telefilme yankie de sobremesa? Pues de eso nada. Ya desde la primer página de ‘El mar de madera’ se advierte que la prosa de Carroll no es de serie B, sino de la A, de la buena, de la que sugiere y sorprende en cada línea, de la que agradecemos cuando nos topamos con ella los que estamos en una etapa lectora algo escéptica para este tipo de propuestas. Además, sin perderlo como fondo paisajístico, la historia enseguida se aleja de ese ambiente anodino de pueblo norteamericano con la aparición de un singular perro con tres patas que muere en el despacho del jefe de policía. |
Este suceso origina una sinrazón de aventuras, unas veces divertidas y otras escalofriantes que nos transportan por espacios imaginarios, épocas pasadas y futuras no muy lejanas, o por lugares y tiempos fuera de los conceptos que como normales todos asumimos; y ello lo consigue Johathan Carroll con un muy buen manejo de los tiempos narrativos, que aunque se superponen continuamente, siempre nos dan las referencias precisas para la perfecta comprensión del relato.
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El
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