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Maribel Carbonell

LA SERIE DE LA FUNDACIÓN. ISAAC ASIMOV
LA FUNDACION

A los 21 años, Isaac Asimov, era Químico y hacía tres que escribía ciencia ficción como profesional. Al director de Astounding, John Campbell, a quien había vendido cinco cuentos ya, le contó la nueva idea que había concebido para un relato de ciencia ficción. Pretendía escribir una novela histórica del futuro: relatar la caída del Imperio Galáctico. Campbell estaba tan entusiasmado como él con la idea y no quería que escribiese solo un cuento, sino una serie que bosquejase la historia de los mil años turbulentos entre la caída del Primer Imperio Galáctico y el auge del Segundo Imperio Galáctico. Todo ello iluminado por la ciencia de la “psicohistoria” que ambos discutieron a fondo.

El primer cuento apareció en el número de mayo de 1942 de Astounding y el segundo en el de junio de ese mismo año. En seguida se hicieron populares y Campbell quiso que escribiese otros seis más antes de que la década finalizase. Los cuentos se fueron alargando. El primero tenía doce mil palabras. Dos de los tres últimos, cincuenta mil cada uno.

Cuando el decenio terminó, cansado de la serie, la abandonó y pasó a otras cosas. Pero entonces, varias empresas editoriales estaban empezando a publicar libros de ciencia ficción encuadernados en tapa dura. Una de esas editoriales publicó su serie de la Fundación en tres volúmenes: Fundación (1951); Fundación e Imperio (1952); y Segunda Fundación (1953). El conjunto de los tres libros fue conocido como la Trilogía de la Fundación.

Los libros no se vendieron muy bien, ya que esa editorial no disponía de capital para anunciarlos y promocionarlos. No percibió derechos de autor por ellos.

Posteriormente, otra editorial inició las gestiones para obtener los derechos sobre esos libros, que pasaron junto con Yo, Robot a ser de su propiedad.

Desde aquel momento, la serie de la Fundación marchó por buen camino y empezó a devengar derechos crecientes. Se publicó la Trilogía, también llamada “ciclo de Trántor”, en un solo volumen, alcanzando cotas de popularidad insospechadas.

Tras veinte años negándose a continuar la serie, a pesar de la insistencia de los aficionados al género, la editorial, cansada de seguirle la corriente durante este tiempo, se tomó esas peticiones con mucha más seriedad que él, ya que seguían creciendo en número e intensidad, y en 1981, le dijeron que tenía que escribir otra novela de la Fundación.

Él accedió. Hacía treinta y dos años que no había escrito un relato de la Fundación y ahora le pedían que elaborase una novela de 140.000 palabras. Releyó la Trilogía de la Fundación y se puso manos a la obra.


En FUNDACIÓN asistíamos a los conflictos internos de un planeta de científicos establecido para preservar la cultura durante la irreversible decadencia del Imperio Galáctico.

En FUNDACIÓN E IMPERIO veíamos una Fundación ya consolidada enfrentarse de igual a igual con los restos de un Imperio agonizante pero todavía poderoso, para luego encontrarse ante un enemigo imprevisible, un mutante de extraordinarios poderes: el Mulo.

Pero quedaba una SEGUNDA FUNDACIÓN, oculta y misteriosa, en cuyas manos podía estar la solución a los interrogantes y tensiones planteados.


En las dos primeras partes el autor se inspiró abiertamente en la Ascensión y caída del Imperio Romano, de Edward Gibbon, en Segunda Fundación los esquemas del relato histórico dejan paso a los propios del relato policíaco. La búsqueda de la misteriosa Segunda Fundación se convierte en un juego de astucias y contra astucias en el que no desentonaría en absoluto la presencia de un Holmes.


El cuarto libro de la serie, Los límites de la Fundación, fue publicado en octubre de 1982 y casi de inmediato apareció en la lista de éxitos del Times de Nueva York durante veinticinco semanas.

Enseguida, la editorial le encargó unas novelas adicionales y escribió dos que formaron parte de otra serie: Las novelas del Robot. Luego volvió a la Fundación y escribió Fundación y Tierra, la cual comienza en el momento en que Los límites de la Fundación termina.

LOS LÍMITES DE LA FUNDACIÓN

El Primer Imperio Galáctico se derrumbaba. Hacía siglos que declinaba y se debilitaba, y solo un hombre se dio plena cuenta de ello.

Ese hombre fue Hari Seldon, el último gran científico del Primer Imperio; y fue él quien perfeccionó la psicohistoria, la ciencia del comportamiento humano reducido a matemáticas.

El ser humano individual es imprevisible, pero Seldon descubrió que las reacciones de la masa humana podían ser tratadas estadísticamente. Cuanto mayor es la masa, mayor es la exactitud de la predicción. Y el volumen de las masas humanas con las que Seldon trabajó fue nada menos que el de la población de los millones de mundos habitados de la Galaxia.

Las ecuaciones de Seldon le revelaron que, de ser abandonado a su suerte, el Imperio caería y transcurrirían treinta mil años de desdicha y agonía humanas antes de que un Segundo Imperio emergiera de las ruinas. No obstante, si fuera posible modificar algunas de las condiciones existentes, ese interregno podría reducirse a un solo milenio, únicamente un millar de años.

Con objeto de lograrlo, Seldon estableció dos colonias de científicos a las que llamó “ Fundaciones”. Con toda intención, las colocó en extremos opuestos de la Galaxia. La Primera Fundación, centrada en las ciencias físicas, fue instituida con un gran despliegue de publicidad. La existencia de la otra, la Segunda Fundación, un mundo de científicos psicohistóricos y “mentales”, fue sumida en el silencio.

En la Trilogía de las Fundaciones se relata la historia de los cuatro primeros siglos del interregno. La Primera Fundación ( conocida simplemente como la Fundación, ya que la existencia de otra era desconocida para casi todos) empezó como una pequeña comunidad perdida en el vacío de la Periferia Exterior de la Galaxia. Periódicamente se enfrentaba a una crisis derivada de las relaciones humanas y las corrientes sociales y económicas de la época. Su libertad de movimientos se limitaba a una línea determinada, y cuando se movía en esa dirección, un nuevo horizonte de desarrollo se abría ante ella. Todo había sido planeado por Hari Seldon, fallecido hacía ya mucho tiempo.

La Primera Fundación, con su ciencia superior, se apoderó de los planetas bárbaros que la rodeaban. Se enfrentó a los anárquicos guerreros que se habían separado del Imperio moribundo y los derrotó. Se enfrentó a los restos del propio Imperio, bajo su último emperador poderoso y su último general poderoso, y los derrotó.

Parecía que el “Plan Seldon” seguía su curso normal y nada podía evitar que el Segundo Imperio fuese establecido a tiempo, y con un mínimo de devastación intermedia.

Pero la psicohistoria es una ciencia estadística. Siempre existe una pequeña posibilidad de que algo falle, y algo falló, algo que Hari Seldon no pudo prever. Un hombre llamado el Mulo, apareció repentinamente. Tenía poderes mentales en una Galaxia que carecía de ellos. Moldeaba las emociones de los hombres y formaba sus mentes de modo que sus más acérrimos adversarios se convertían en sus leales servidores. Los ejércitos no podían, no querían, luchar contra él. La Primera Fundación cayó y el Plan Seldon pareció haber fracasado.

Quedaba la misteriosa Segunda Fundación, a la que la súbita aparición del Mulo había cogido desprevenida, pero que ahora elaboraba lentamente un contraataque. Su gran defensa era el hecho de su emplazamiento desconocido. El Mulo la buscó con el propósito de conquistar la Galaxia completa. Los fieles que sobrevivieron a la Primera Fundación la buscaron para obtener ayuda.

Ninguno la encontró. El Mulo fue detenido por la acción de una mujer, Bayta Darell, y eso proporcionó tiempo suficiente a la Segunda Fundación para organizar la acción adecuada y, con ella, detener al Mulo para siempre. Lentamente se prepararon para restablecer el Plan Seldon.

Pero, en cierto modo, la seguridad de la Segunda Fundación había desaparecido. La Primera Fundación conocía la existencia de la Segunda, y la Primera no deseaba un futuro en el que estuvieran fiscalizados por los mentalistas. La Primera Fundación era superior en fuerza física, mientras que la Segunda Fundación no solo estaba en desventaja por ese hecho, sino por tener que realizar una doble labor: tenía que detener a la Primera Fundación, a la vez que recobrar su anonimato.

La Segunda Fundación, bajo su gran primer orador, Preem Palver, consiguió hacerlo. La Primera Fundación fue inducida a creer que había vencido, que había derrotado a la Segunda Fundación, y fue adquiriendo cada vez más poder en la Galaxia, totalmente ignorante de que la Segunda Fundación seguía existiendo.


Esta serie es considerada uno de los grandes clásicos de la literatura de ciencia-ficción de todos los tiempos.


BIBLIOGRAFÍA

Fundación e Imperio. Isaac Asimov. Plaza y Janés.
Los Límites de la Fundación. Isaac Asimov. Plaza y Janés.
Fundación y Tierra. Isaac Asimov. Plaza y Janés.

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