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La celebración del IV centenario del Quijote nos da muestras
de la enorme importancia de esta obra de la literatura universal.
Pocas obras han superado con éxito el paso del tiempo y han
permanecido sin interrupción en la mente del público
colectivo.
El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha encabeza la lista
de las mejores obras de la literatura universal que el Comité
del Premio Nobel realizó hace pocos años, lo que nos
confirma la riqueza que esconden sus páginas.
Su popularidad pronto cruzó fronteras y fue rápidamente
traducida a otros idiomas con éxito (inglés 1612,
francés 1614, italiano 1622, alemán 1648...) y actualmente
el paso del tiempo no ha dejado mella en él, siempre actual
y sorprendente, ha dejado pasar cuatro siglos con éxito.
El secreto del éxito es un misterio, si lo descubriéramos
los actuales best-sellers de moda dominarían las estanterías
de las librerías durante siglos; y sin embargo, el éxito
del Quijote no es tan desconcertante: los protagonistas representan
el dualismo español, la visión idealista de la vida
que no quiere ver la realidad que no le gusta, y la visión
real de la vida que no puede ver esta realidad de otra forma. Ambas
visiones terminan encontrándose y los personajes acaban viendo
el mundo con los ojos del otro.
El Quijote refleja esta forma de descubrir un mundo no exclusivamente
hispánico: hay que tener en cuenta que Cervantes gozó
de una vida agitada y extravagante, viaja más de la mitad
de su vida por Italia, es presa de los turcos en Argel, y en sus
encierros convive con personajes de otras culturas. También
es importante el que España en este momento dominara política
y culturalmente el mundo conocido (las colonias americanas y la
Europa de los Países Bajos...). El Quijote representaba una
crítica humorística de la visión idealista
de los libros de caballería, lectura muy extendida en Europa.
Así, la primera traducción al francés fue muy
bien acogida por la corte francesa, versión que se caracterizó
por una crítica social muy difuminada, que acentuaba los
aspectos humorísticos de un caballero errante... Sin embargo,
la traducción inglesa se diferenciaba radicalmente al dar
más relevancia a la postura tragicómica del personaje
y su mundo de fantasmas.
Esta facilidad para acentuar los diferentes aspectos de la obra
de Cervantes demuestra la universalidad de los asuntos que trata
y la moldeabilidad de la historia -este será, probablemente,
el secreto del éxito-.
El éxito del Quijote fuera de nuestras fronteras se debió,
básicamente, al fabuloso trabajo de los traductores (labor
no siempre aplaudida y casi siempre invisible cuando el trabajo
está bien hecho); las diferentes traducciones a lo largo
de la historia han ido enriqueciendo la obra, así muchas
de las “reelaboraciones” del Quijote presentan, por
ejemplo, adaptaciones de los nombres de los personajes para provocar
un efecto humorístico autóctono, o la búsqueda
de refranes y frases hechas del propio idioma para facilitar la
comprensión del texto, o la simple evolución del idioma
a lo largo de los siglos se han ido también reflejando en
sus páginas.
Tantas han sido las traducciones, adaptaciones, evoluciones lingüísticas,
representaciones teatrales, cinematográficas... que es imposible
enumerarlas, y tanto es el éxito cultural del Quijote que,
a diferencia de prácticamente todas las obras literarias
que sufren del “mal del versionismo”, ésta sólo
sufrió un intento de plagio, una segunda parte, el Quijote
de Alonso Fernández de Avellaneda que intentó valerse
del éxito del primero para publicar él una continuación...
con los mismos personajes..., lo que evidentemente Cervantes tomó
como un insulto por lo que acabó matando al pobre don Quijote,
no sabemos si Cervantes hubiera preferido que su querido Don Quijote
acabara sus días a la vista del público o hubiera
preferido una muerte más privada...
Así, gracias a esta popularidad, se consiguió algo
contrario a lo que sucede con las obras clave: nadie se ha atrevido
a imitar los viajes del Quijote sin hacer una mención clara
del propósito y/o mencionar su fuente. Don Quijote es demasiado
famoso como para disimular una simple coincidencia y sin que el
público se diera cuenta al instante de las semejanzas.
Concluyendo, la historia nos muestra a un personaje envuelto en
un mundo real-imaginario, la España del siglo XVI, que se
muestra como un universo complejo en el que se ocultan los mismos
fantasmas de hoy, bajo las formas de pellejos de vino o molinos
que en realidad son gigantes. El Quijote que leemos hoy es una novela
“histórica” sin pretenderlo en su origen, que
desentraña los misterios del imaginario social hispánico
a lo largo de sus historia, los miedos de sentirse un incapaz social
pudiendo ser alguien, o la marginación social de los galeotes,
o el determinismo de los aldeanos, o la resignación de Sancho
a ser pobre e inculto porque así lo quiso Dios...
¿Hemos cambiado o seguimos siendo Sanchos o Quijotes? Cuando
miramos al horizonte, ¿vemos gigantes o nos empeñamos
en que sólo son molinos?
BIBLIOGRAFÍA:
VV.AA. La imagen del Quijote en el mundo, Ed. Lunwerg. Madrid. 2004.
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