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El Quijote ha sido abordado desde prácticamente todos los
puntos de vista: amor cortés, existencialismo, novelas de
caballerías, estudio filológico... Abordar el Quijote
desde un punto de vista exclusivamente temporal es un reto que valga
este pequeño estudio como aproximación para, quizás,
un futuro estudio más completo.
La temporalidad en El Quijote
La temporalidad es uno de los pilares de la técnica narrativa;
tiempo y espacio se entrecruzan para dar sentido al relato, que
se extiende sobre el papel de forma lineal o a saltos temporales
(el flash-back de la literatura moderna).
Es más que evidente que el Quijote es lo que hoy se vendría
a definir como una “ road movies”, un libro de aventuras
en ruta; la costumbre de la peregrinación es una tradición
en la cultura cristiana: el caballero andante es un peregrino errante
por amor, el Quijote sigue una linealidad temporal claramente establecida
desde la primera salida, la segunda, la vuelta a casa, la tercera
salida... hasta su regreso a casa a morir.
También la temporalidad puede ser abordada desde el punto
de vista del trabajo de autor: El Quijote fue redactado en dos fases,
con una diferencia de diez años entre la Primera y la Segunda
parte, este hecho hace que el personaje del Quijote madure a la
vez que lo hace el propio Cervantes.
La Primera parte se caracteriza por la originalidad narrativa: se
describe a los personajes, el ambiente manchego, los paisajes de
la meseta castellana; el relato se caracteriza por la vivacidad
imaginativa: las ventas son castillos, los rebaños de ovejas
son ejércitos... y algunas de las historias se entremezclan
sin relación temporal ni argumental alguna (como es el caso
de la historia del Curioso impertinente), estos “flashes”
narrativos rompen la temporalidad argumental otorgándole
si cabe más una complejidad añadida al intercalar
historias paralelas sin relación con la principal, favoreciendo
las conjeturas de la crítica.
En cambio, en la Segunda parte la linealidad temporal clásica
es retomada, los episodios que se suceden se hallan íntimamente
relacionados con el eje argumental de la historia (la locura del
Quijote) y lo que destaca es la sucesión de muchos episodios.
La técnica narrativa temporal que presenta Cervantes se puede
clasificar en cuatro partes:
La primera, abarca desde el capítulo I al VIII de la Primera
parte, donde encontramos dos narradores: aparece aquí “la
excusa” del relato, Cide Hamete Benengeli, como narrador-creador
de la historia aunque sin dejar claro quien es realmente quien narra,
si el traductor simplemente transcribe la narración o si
el narrador quien da su parecer sobre la narración del manuscrito.
Desde el capítulo IX hasta el capítulo mmmm, fin de
la Primera parte, el traductor se pone claramente en la posición
del narrador, Cide Hamete, y se aleja de la historia, ni juzga ni
opina sobre la locura del Quijote.
La Segunda parte muestra ya la madurez de la historia, Cervantes
ha sido víctima de plagio (Avellaneda) y su personaje ha
sufrido vejaciones inmerecidas (como acusa Cervantes), pero eso
ha sido gracias a la difusión de la que gozó la obra,
a que fuera aplaudido por el público y apoyado por la crítica,
lo que favorecerá la escritura de una Segunda parte con una
redacción más madura, un punto de vista más
consciente y un personaje más profundo e independiente. Esta
Segunda parte también podemos dividirla en dos partes: la
primera abarca prácticamente toda la historia y son los otros
personajes los que transforman la realidad para acercarla al mundo
de Don Quijote, (como Sansón Carrasco, que se disfraza dos
veces de caballero andante...) linealidad narrativa que sólo
se ve truncada por el final, cuando Don Quijote se ve vencido por
la adversidad y el cansancio, y se deja llevar, a morir, a su casa.
En esta última parte crece el sentimiento de tristeza, la
ilusión por lo fantástico de la que goza toda la novela
desaparece y vemos a un Quijote derrotado por la realidad y a los
personajes secundarios con un sentimiento de tristeza, Don Quijote
muere en su lecho:
“Viendo lo cual, el cura, pidió al escribano le
diese por testimonio como Alonso Quijano, el Bueno, llamado comúnmente
Don Quijote de la Mancha” LXXIV.
BIBLIOGRAFÍA:
El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Miguel de Cervantes.
Ed. Edime, 1976, Madrid.
Casalduero. Sentido y forma de las Novelas Ejemplares. Ed. Gredos,
Madrid, 1962.
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