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El Seis

HOY ES UN BUEN DÍA PARA MORIR...


Hoy es un buen día para morir, pero entre los brazos de una ramera

YOCASTA
Ella tiene
un río de muerte
entre la miel
de su entrepierna

Cuando nos unimos
sobre las brumas
de nuestros ardientes
cuerpos
su sexo cósmico
me devora todo

Ella siempre
me desea
dentro de su cálido
cuerpo
y en cada movimiento
me brinda el paraíso
y yo en éxtasis
puro
me le entrego
completo

Los gemidos
son aullidos lejanos
y el ritmo sexual
son temblores
telúricos

Ella tiene unos
hermosos pechos
que me invitan
a convertirme
en un Edipo
loco de amor...


Hoy es un buen día para morir, pero entre los brazos de una bella mujer

GUERRERO DE ACERO

Tengo unos ríos
de sangre
entre el cosmos
de mis intestinos

Tengo todo el smog
de la gran urbe
bañando mi
sistema respiratorio
Tengo un sinfín
de lagunas
sobre las nubes
de mi loco
cerebro

Tengo un sistema
complicado de
circulación
por donde corren
ríos ebrios
que desembocan
en la gran cantina
llamada “El Corazón”

Tengo un cuerpo
hecho para la guerra
y cual tanque potente
voy por la vida
destruyendo todo
y recibiendo algunos
“daños menores...”


Hoy es un buen día para morir, pero entre los brazos de una bella fémina

DIOSA TERRENA

Ella era bella, esbelta, de ojos color violeta; pero se sentía una “cosa viviente”. Sus admiradores (tenía muchos), antes de mirar su exquisito trasero; la consideraban un “objeto”, algo así, como un árbol frondoso, pero ardiente, lleno de lava. Era dueña de unas largas, y bien torneadas piernas blancas; que al caminar arrancaban suspiros de los existentes. Cuando movía sus caderas, era un vaivén de locura; parecía que se regocijaba el universo. Sabedora de ese poder que otorga la naturaleza a ciertas personas; se sentía un puñado de carne hecha para el amor. Era el placer mismo. La muchedumbre le rendía pleitesía a la dama del ensueño. Las mujeres citadinas la miraban con envidia, y una rara admiración. Pero, Cliceria, así se llamaba la preciosa; se sentía vacía, sola, temblorosa, llena de pánico,... una cosa. Odiaba las lides del amor/ Detestaba ser penetrada/ No le interesaba ser el blanco de las miradas ardientes/ No le gustaba posar sus labios en otros locos de amor/ Le disgustaba los vulgares y elegantes piropos/ A ella, Cliceria, sólo le gustaba mirarse en el “espejo azul”, de su recámara; abrir la ventana, y sentirse una “cosa viviente”, palpitante de tanto ser...

©Realidad literaL
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