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Carmen Javaloyes


LA CELESTINA: Amor vs. Pasión

Desde los orígenes de la literatura hasta nuestros días el amor ha sido uno de los temas recurrentes de más éxito: desde la época medieval en que el amor era tratado desde un punto de vista teórico (Amor Cortés), al Siglo de Oro que trataba el amor como compromiso social (Honor y Honra), hasta el romanticismo que mostraba el Amor como lo entendemos hoy día, hemos visto cómo el sentido de la palabra “Amor” ha sufrido numerosas transformaciones. En esta evolución de lo que hoy entendemos por “Amor” La Celestina es la obra ideal para descifrar la confusión/evolución de términos y sentimientos.

En Lingüística, semántica y semiótica se diferencian por el pequeño matiz de a qué significan: la semántica se centra en descifrar los significados de las palabras, dejando a la semiótica el valor añadido de su significado en el mundo... Pocas palabras como el Amor han dado tanto de qué hablar. La semiótica del Amor ha ido evolucionando y cambiando a lo largo de los tiempos al lado del hombre y su literatura; Literatura y Sociedad se alían de tal manera y sin darnos cuenta, que nos sentimos ofendidos sólo con la idea de pensar que el Amor que hoy sentimos no sea el mismo que sintieran los clásicos, cuando el “Amor” se entendía en su sentido espiritual y sólo era el privilegio de unos pocos escogidos.

El significado de la palabra “Amor” definía un sentimiento espiritual que existía virtualmente en cada uno de los actos virtuosos del hombre: el Amor era un acto racional, no instintivo, y sólo unas pocas personas virtuosas lo podían sentir (pertenecientes, por supuesto, a las altas clases sociales) estas personas eran las que habían disfrutado de una educación esmerada e, indiscutiblemente, pertenecían a la nobleza.

En los siglos XIV-XV se habían extendido por la península ibérica numerosos tratados, obrillas, cantares... de influencia europea (occitana y galaico-portuguesa, pero también, aunque más tardíamente y de influencia petrarquista, una poesía más evolucionada e introspectiva que había superado algunas convenciones de la poesía trovadoresca occitana) que trataban el tema del “Amor Cortés”. Uno de los principales tratados sobre el Amor es el “Tractatus d’Amore” del Arcipreste de Talavera, conocido también como el Corbacho, en donde ponía en claro las principales teorías amorosas que recorrían la España del siglo XV; sobre las características de este Amor Cortés, dice que:
-La amada es objeto de adoración, a la que se rinde vasallaje y goza de una belleza imaginaria perfecta; el amante reniega del Amor fácil, por lo que la amada ha de hacerse de rogar; ésta entrega una prenda/objeto como Símbolo al enamorado; y por último, el “Amor” nunca es consumado, ya que sólo es un sentimiento. Así, el Amor es racionalizado y condenable cuando se convierte en placer y no se somete a la razón.
Al lado de esta corriente teórica sobre lo que debía ser el Amor Puro, encontramos obras y autores que exaltan el Amor sensual (coplillas, Libro del Buen Amor...) como la consumación física, la pasión natural de los sentidos, el dejarse llevar por el instinto y que en consecuencia destruye lo que se denomina “Amor” y se termina convirtiendo en Placer.

A. Capellanus, en el tratado “De Amore” describe dos tipos de Amor: el Amor Puro, que se caracteriza por todas las características enumeradas anteriormente y en el que la separación de los enamorados acrecienta el sentimiento, pero introduce un elemento nuevo y es el encuentro de los dos amantes (que pueden llegar como punto álgido al beso), este encuentro será el que avive la llama en el recuerdo del enamorado ante la separación; y el Amor Mixto, que ya no se trata de “Amor” propiamente dicho, sino de pasión física, ya que los amantes consuman el acto sexual, este tipo de amor tiene la desventaja de que después de gozar disminuye el interés del amante, de ahí que los campesinos, las clases bajas... que se dejan llevar por la pasión de sus instintos nunca podrán sentir el “Amor” porque no controlan ni su mente ni su cuerpo.

Esta exclusión social incluía a la mujer, los teóricos del Amor consideraban que la mujer nunca amaba, el papel que le habían asignado era: 1) el de puro objeto de adoración, 2) o si se entregaba a la pasión del enamorado era víctima del placer carnal instintivo, 3) o si se casaba, no podía existir el “Amor” porque era un contrato de carácter económico...
Por lo que vemos, esta teoría del Amor Cortés sólo beneficiaba al varón de mediana edad, de alta posición social y de educación cortesana, y lo que venía a defender era que aquellos que no eran capaces de refrenar sus inclinaciones primitivas estaban fuera de poder sentir lo que definían como “Amor”.

Así, nos encontramos en la época medieval castellana con todo tipo de textos dedicados al Amor: como los Cancioneros que a imitación de las canciones de influencia trovadoresca provenzal y petrarquista (como Juan de Mena 1411-1456, Marqués de Santillana 1398-1458) se dedicaban a la exaltación del Amor Cortés más puro, al lado de canciones populares, serranillas... que trataban burlonamente el tema y se centraban en las pasiones (a veces, dicen, con intención moralizante, como el Libro del Buen Amor-1389) y con la mayoría de los Tratados sobre el Amor entre los que destaca el “Tractatus d’Amore” del Arcipreste de Talavera 1398-1468 tratado didáctico-moral que está dirigido a advertir a los jóvenes de los peligros de las pasiones, o con anterioridad a éste el Tratado “De Amore” de A. Capellanus (1186-1196) en el que habla de la tradición cortesana del Amor e indica los beneficios como método de elevación intelectual.
Esta dicotomía Amor puro-placer sexual encuentra su punto álgido en La Celestina.

LA CELESTINA
La Celestina nace dentro de la tradición humanística como una comedia de corte moralizante para los jóvenes inexpertos en el tema del amor.
Sin embargo, y parece que sin pretenderlo, de la “reprobatio amoris” de la tradición renacentista de la parte la obra, va evolucionando hacia otros géneros todavía no establecidos. La Celestina se convierte así en la pionera de la comedia humanística, rompiendo los esquemas de la tradición dramática de espacio-tiempo, de géneros, de lenguaje... La Celestina es una obra muy compleja que requiere de un estudio muy detallado de cada una de estas características, que realizaremos en otra ocasión, y ahora nos centraremos en la dicotomía Amor Cortés-Pasión sexual de los personajes.

AMOR CORTÉS VS. PASIÓN SEXUAL
El argumento de La Celestina se centra en las relaciones amorosas/pasionales de los personajes, la relación entre el deseo y la satisfacción que conduce al desenlace trágico como castigo a la obsesión desmesurada de aplacar todos los vicios: deseo carnal, lujuria y avaricia de todos los personajes.

Calisto se nos presenta como el arquetipo del enamorado cortés: es joven, noble y educado en la tradición cristiana, sin embargo, es un joven aislado socialmente de su entorno ya que no tiene amigos, no se sabe nada de su familia, vive solo con su criado, por lo que es presa fácil de una serie de vicios que le enseña el único personaje que lo pone en contacto con el mundo: su criado Sempronio. Los vicios a los que hace referencia Fernando de Rojas son la Ociosidad, la extremada Generosidad de que hace gala el enamorado hacia sus ayudantes, y sobre todo la Pasión amorosa que se convierte en locura, en manía... Calisto, al verse incapaz de conseguir a la dama por sus propios medios hace uso de los intermediarios, de ahí que el Amor Cortés pase a un segundo plano y el eje argumental se desvíe hacia el mundo de las bajas pasiones: las prostitutas, la Celestina... y que todos los personajes principales implicados en los vicios le empujen hacia la necesidad de gozar de la dama. El autor señala aquí la intención de la obra, se trata de una “reprobatio amoris”, la pasión carnal sólo tiene como recompensa el castigo, el galán es víctima de su pasión moral y físicamente: la muerte y la penitencia eterna porque muere sin confesión.

El caso de la dama, Melibea, es más típico: la mujer no tiene capacidad de Amar (en el sentido que le da la teoría del Amor Cortés), ya que es inferior al hombre, al igual que pasa con los criados, por eso es fácil que caiga en las redes de la pasión, la honra de la dama (única virtud que las mujeres poseían) se pierde al permitir la pasión de Calisto, por eso la caída (y nunca mejor dicho) en los vicios sólo tener la misma suerte que la de Calisto, suicidio y penitencia eterna al ser por esto excomulgada.

El monólogo del padre de Melibea, es el “plactus” donde Fernando de Rojas descarga toda la moralina sobre lo reprobable de caer en las pasiones.

En cuanto a los personajes serviles, los criados y las prostitutas, son un ejemplo de lo que los vicios llegan a hacer a los hombres: el placer carnal acompaña siempre otros vicios, como son la avaricia, que lleva al robo, y el asesinato; Sempronio es la puerta que conecta a Calisto con el mundo, es el encargado de satisfacer los deseos del enamorado de la única manera que conoce: le organiza las citas con la Celestina, cobra y paga los trabajos, organiza los planes de las visitas... la función de Sempronio en la obra es la de contrastar a la vez que poner en relación los dos tipos de amor: el Cortés y es Pasional; Sempronio ironiza sobre el comportamiento de Calisto, la idea que éste tiene del Amor y las mujeres, enfrentando la pasividad del enamorado frente a la actividad de Sempronio, se ríe del Amor cortés y establece una “relación amorosa” con la prostituta Areúsa con la que satisface sus deseos. Esta dicotomía nos muestra que Calisto y Sempronio tienen el mismo deseo pero cada uno lo enfoca desde diferentes puntos de vista: Calisto sufre por poseer a la dama, le cuesta dinero, no come, no duerme y a Sempronio no le cuesta ningún esfuerzo. Pero ambos acaban trágicamente.

La Celestina se convierte así en el eje central de la comedia al poner en relación el mundo ideal del Amor Cortés con el mundo real de las pasiones, mostrando la realidad del mundo marginal de las ciudades. Se trataba de mostrar cómo las alcahuetas eran las causantes de la pérdida de las virtudes de los jóvenes cortesanos, Fernando de Rojas envuelve a la Celestina con todos los vicios conocidos: es bruja, alcahueta, tiene relación con el diablo... y llama a las cosas por su nombre para que ningún joven se lleve a engaño, de acuerdo con la jerga de los rufianes.

En conclusión, La Celestina conjuga las dos visiones del amor renacentista, Calisto contradice las normas y las leyes morales por idolatrar exageradamente a Melibea y al caer en los vicios su castigo es la muerte; Melibea sufre la misma suerte al permitir que Celestina entre en su casa y la malaconseje pero sobre todo por dejarse seducir por un hombre; los criados, por ladrones, viciosos y asesinos caen también en la desgracia, y finalmente, Celestina muere en manos de sus propios compinches...

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