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Jody Domingues

EL GRITO


¡El robo perfecto, el robo perfecto! ¡Eso se han creído todos!
¿¡Pero por qué se me ocurrió hacer caso a Hans!?

“-Es el robo perfecto, Olga. Sólo tenemos que coger el cuadro y echar a correr.
-¿Estás seguro de lo que dices, Hans? Los museos últimamente están más protegidos que los bancos.
-No te preocupes por nada. Los vigilantes están deseando quitárselo de encima. ¡Ese cuadro es una pesadilla!”

Una pesadilla de la que todavía no he despertado. ¿¡Pero por qué le haría caso!? ¡¿Por qué?!
Estos últimos meses han sido muy duros. No consigo siquiera guardarlo en depósito en ninguna caja de seguridad porque sus gritos se escuchan a varios kilómetros a la redonda y hemos acabado escondidos en una mansión abandonada de las afueras de Oslo. El muy maldito no quiere quedarse solo y en cuanto me pierde de vista grita tan fuerte que creo que me va a volver loca.

“La solución está en esconderlo durante unas semanas y después pasarlo a Londres, al submercado del arte” –me aseguró Hans con toda tranquilidad.

¡Unas semanas! Ya han pasado años... y todavía no se ha dado cuenta de lo que tenemos entre manos. Hans desaparece a primera hora de la mañana y no conoce las consecuencias de convivir con esta maldición. Se ha extendido la voz de que es un cuadro maldito y ¡no encontramos comprador que lo quiera!

Además, he investigado por internet y corre el bulo de que el cuadro continúa una maldición que viene de antiguo: dicen que satán se aparece a determinados artistas para que le representen para la posteridad y que en este caso la amante de Edward Munch, Claire, una conocida actriz de la época movida por la curiosidad, se interpuso ante la satánica visión y que Edward en vez de representar a satán pintó el rostro de pánico de su amada, poco antes de morir de un shock psicótico... y que desde entonces la maldición debe continuar con nuevas víctimas. ¿YO?

¡El Grito es ensordecedor! ¡Últimamente no calla ni cuando estoy a su lado! Creo que me está volviendo loca a propósito, porque cuando Hans entra en la habitación donde escondemos el maldito cuadro el grito se vuelve llanto y entonces Hans me recrimina por mi mala disposición con él, pero es que ¡no he podido dormir en meses!

La esperanza que me queda es que a Hans no se le da nada bien la pintura, aunque últimamente su nueva afición por la fotografía digital me deja un poco intranquila.

¡Ya vuelve a gritar! ¡Calla! ¡No conseguirás volverme loca!

Creo que la mejor solución será deshacerme de él y devolverlo al infierno al que pertenece antes de que él me lleve a mí.
Ya no quiero dinero.
No quiero fama.
Sólo quiero descansar.

©Realidad literaL
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