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LITERATURA
Y CINE EN LA OBRA DE V. BLASCO IBÁÑEZ |
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Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928), periodista, ensayista, novelista, político... ha dado al mundo cinematográfico y televisivo una veintena de obras todas ellas de notable éxito de público y crítica. Y es curioso que un hombre tan implicado en el modernismo de su época sin embargo haya sido excluido del Movimiento Modernista; en efecto, V. Blasco Ibáñez representaba valores arrinconados por otros autores “noventayochistas” reflejando a la perfección el ideal modernista que le tocó vivir, como la exaltación de los nuevos inventos, y también fue muy crítico con la sociedad que le tocó vivir, pero en vez de “sufrirla” como su contemporáneos españoles y europeos la combatió políticamente de forma activa participando de la modernidad de los nuevos inventos, como El Cinematógrafo. 1.- Los orígenes del cine. La narración fílmica La relación entre literatura y cine, desde los orígenes de éste último, siempre ha sido fructífera: el cine, como arte discursivo ha necesitado de un elemento narrativo que la literatura ha aportado desde sus orígenes. Esta simbiosis ha propiciado grandes obras cinematográficas adaptadas de la literatura. Con la aparición de la fotografía y más tarde con el cinematógrafo las fronteras interartísticas, que ya habían sido cuestionadas por las vanguardias de la época, se difuminan aún más, y si los límites entre pintura, poesía, teatralidad, música, fotografía... habían comenzado a desaparecer, con la irrupción del cine éstas se desdibujaron por completo. Así, los críticos semióticos que surgen en la época consideran al cine como un “Arte plástica en movimiento” (R. Canudo) y que unifica a todas las demás artes en una: arquitectura, música, poesía, danza... como instrumento de representación de todas éstas. El nuevo invento revolucionó el mundo del arte, si bien en sus primeros años se asoció al cinematógrafo como un mero espectáculo de entretenimiento, pronto se descubrió en enorme poder de atracción que generaba sobre las capas populares. Este poder de atracción fue recogido tanto por los teóricos del arte (V. Semiótica del cine) como por la floreciente industria cinematográfica. Los formalistas rusos fueron los que contribuyeron a estudiar el cine como medio de representación narrativo, Eisenstein en Reflexiones de un cineasta dice: “En lo orgánico de la obra de arte, los elementos que sustenta la obra en su conjunto penetran en cada rasgo que integra la obra. Una misma lógica impregna no sólo el todo y cada una de sus partes, sino también cada esfera llamada a cooperar en la creación del todo” reiterando esta idea de significado global relacionando el cine con teorías críticas en los que la lingüística se entremezcla con la crítica literaria y con la estética pictórica haciendo un todo con significado propio; es interesante comparar esta doble visión que convive en la época, la del vanguardismo estético que entiende el cinematógrafo como elemento que realiza arte y la de los que incorporan al cinematógrafo en el mundo de la representación asociada al entretenimiento de masas. En este segundo grupo encontramos a V. Blasco Ibáñez y otros autores como Galdós o Pardo Bazán, que se encuadran en la literatura naturalista de corte melodramática, tan de moda en la época, y lo que también explica su éxito en el mercado hollywoodiense de los años 20, la coincidencia de intereses: V. Blasco Ibáñez trabaja como nadie el melodrama de tinte social tan cercano al espíritu estadounidense y si a este hecho le unimos la inquietud política de V. Blasco Ibáñez que le impulsó a recorrerse medio mundo propagando el ideal de libertad republicano, encontramos la explicación lógica a su éxito en el mercado USA y europeo. Vicente Blasco Ibáñez, hombre inquieto y muy inteligente reconoció rápidamente en el cine lo que le “faltaba” a la novela: la plasticidad de la imagen. El realismo del cinematógrafo era el medio ideal para plasmar en imágenes a las masas populares lo que la literatura a las clases intelectuales. Vicente, hombre popular, agitador político, descubrió en el nuevo invento un gran medio para comunicarse con las masas, el “teatro de los pobres”, como lo llamaban despectivamente, comenzó a comerle terreno a otros espectáculos “mayores” como obras teatrales, zarzuelas, óperas cómicas, primero colándose en los entreactos y clausura de las sesiones y después con representaciones de obras en sí. Comienza así una nueva industria que necesita de historias que llevar al celuloide, obritas de teatro en un principio, adaptaciones de obras del teatro decimonónico de corte realista y melodramático, cuentos cortos fáciles de secuenciar... la primera aportación de Vicente Blasco Ibáñez al cinematógrafo fue la adaptación de su conocido cuento el Dimoni, un pequeño drama rural adaptado en 1913 por el conocido director de la época Cuesta con el nombre de El tonto de la huerta. Se trataba de “traducir”, de “adaptar” la obra literaria y su lenguaje escrito en lenguaje visual, “la traducción, aunque aparentemente parezca un proceso más sencillo que la adaptación, tampoco está exenta de riesgos, ya que la mayor parte de las veces supone la producción de un texto nuevo, construido en un sistema semiótico distinto del original” (Bettetini), es decir, cuando se adapta una obra literaria al cine es imposible copiarla tal cual la crea el autor literario, ya que al tratarse de lenguajes diferentes, con significantes deshomogéneos, los significados de éstos varían, creando significados nuevos. Estas dificultades en la trasposición de significados son destacados por numerosos teóricos del cine (formalistas, surrealistas...) y no fueron indiferentes a V. Blasco Ibáñez, quien se refiere a ellos como elementos afines a la literatura y portadores de significados que enriquecen el texto, de ahí que V. Blasco Ibáñez participara activamente en la adaptación de sus novelas a guiones cinematográficos e incluso que participara en la dirección de alguna de sus obras. Sin embargo, esta admiración hacia todo lo que podría representar el cine en su obra sólo resultó con los primeros títulos, ya que a las productoras no les interesaba un autor entrometido en su particular forma de entender el cine (léase como un negocio y no como una forma de expresión) por lo que la relación de Vicente con el mundo cinematográfico se convertirá en una relación a distancia; es reflejo de esto los proyectos cinematográficos de sus novelas Flor de mayo, del que Vicente adapta el guión e intenta producir de la forma más fiel a la idea original, conservando el aire modernista mediterráneo con actores y escenarios valencianos, pero el proyecto fracasa por la falta de medios y las revueltas civiles de la época. Otro intento fallido de su vocación de productor fue la de adaptar El Quijote, pero de nuevo el proyecto fracasó por problemas económicos y sociales de la España del momento. 2.- Las adaptaciones al cine de V. Blasco Ibáñez En 1914 V. Blasco Ibáñez se dirige a la productora Hispano Films para codirigir junto con Alberto Marro la novela Entre naranjos (la novela, de corte psicológico, cuenta la historia de una joven campesina, Leonora, que se enamora del hijo del terrateniente, éste la desprecia y ella marcha a Paris donde se convierte en una famosa cantante de ópera. Cuando regresa vive una pasión amorosa “entre naranjos”) destaca de esta primera versión cinematográfica el respeto al espíritu naturalista y modernista del original literario y del que carece la versión hoollywodiense que unos años más tarde, en 1925, protagonizaron Greta Garbo y Ricardo Cortez con el título de The Torrent. La última versión, esta vez televisiva, fue producida por Televisión Española en 1998 y dirigida por Josefina Molina y protagonizada por Toni Cantó, Nina Agustí, Mercedes Sampietro, Neus Asensi y José Manuel Cervino. En 1916 se realiza una de las primeras versiones de la obra más conocida de V. Blasco Ibáñez: Sangre y arena (la historia trata de un torero, Juan Gallardo, casado con Carmen, y que se enamora ciegamente de una rica señorita del campo andaluz, doña Sol, un amor que acaba trágicamente destruyendo al torero) esta primera versión fue rodada por la productora Royal Films siendo el propio V. Blasco Ibáñez quien adapta el guión cinematográfico; en 1922 la Paramount hace una nueva versión de la película, en la que se exagera el tipismo español del torero y la nobleza andaluza, fue protagonizada por Rodolfo Valentino y Rita Naldi con un gran éxito de público. En 1941 R. Mamoulian dirige una nueva versión que tuvo también un gran éxito de público y que fue interpretada por Rita Hayworth y Tyrone Powell. Finalmente y sólo como curiosidad, en 1989 Javier Elorrieta dirige una nueva versión muy inferior a las anteriores y de la que solo destaca la aparición de una Sharon Stone jovencísima antes de convertirse en estrella. En 1921 la productora Metro hollywoodiense adapta Los cuatro jinetes del Apocalipsis, otra de las grandes novelas de V. Blasco Ibáñez, la historia cuenta el caos ante la llegada de la inminente Gran Guerra, los cuatro jinetes del Apocalipsis son liberados y con ellos el caos y la destrucción. Esta primera versión fue dirigida por Rex Ingram y adaptada por June Mathis y convirtió a Rodolfo Valentino en la gran estrella del cine mudo. Y en 1962, bajo la dirección de Vincente Minnelli, se rodó una nueva adaptación, esta vez protagonizada por Glenn Ford, Ingrid Thulin y Charles Boyer, y ambientada en el París de la Segunda Guerra Mundial. En 1926 se rueda en Hollywood Mare Nostrum, que trata una historia de espionaje, en la que la esposa del director Alice Terry interpreta a una espía alemana que se enamora del capitán de un barco español, interpretado por Antonio Moreno; en 1948 Rafael Gil hace una nueva versión con Fernando Rey y María Félix como protagonistas, variando sustancialmente el texto original En 1926 se rueda en Hollywood La tierra de todos, que trata de la nueva colonización en tierras americanas, interpretada por Greta Garbo y Antonio Moreno y de notable éxito en la época. En 1930 se estrena La bodega, dirigida por Benito Perojo e interpretada por Concha Piquer, Valentín Parera, Enrique Rivero y Gabriel Gabrio. La novela tiene como trasfondo la explotación campesina en los viñedos jerezanos y la revuelta que protagonizan los campesinos, y la película se centra en la historia de deshonor y venganza entre los campos de Andalucía y Buenos Aires; esta primera versión fue una coproducción entre la empresa española Julio César y la francesa Compagnie Générale de Productions y tanto éxito tuvo la versión muda que más tarde se estrenó una versión sonora empleando discos sincronizados con Concha Piquer como gran estrella. En 1944 se estrena una de las obras más populares de V. Blasco Ibáñez para el público español: La barraca. La novela, de corte social, fue escrita en 1898, trata de la solidaridad entre la gente de la huerta contra una familia de campesinos que llegan a ocupar la barraca que pertenecía a una familia destruida por el terrateniente dueño de las tierras. Esta primera versión cinematográfica fue adaptada por la hija de Vicente, Libertad Blasco, y por Paulino Masip, y fue protagonizada por Domingo Soler y Anita Blanch. Las posteriores adaptaciones televisivas también gozaron de notable éxito, como la versión de Leon Klimovsky en 1979, interpretada por Victoria Abril, Álvaro de Luna, Lola Herrera, Terele Pávez, Juan Carlos Naya, y Eduardo Fajardo, entre otros. En 1954 se realizó la también muy popular Cañas y barro, otro drama rural ambientado en El Palmar, una población que apenas sobrevive en La Albufera de Valencia de la producción arrocera, trata de las penalidades que sufren los campesinos que luchan por emanciparse de la explotación de los terratenientes; esta primera versión se hizo con capital hispano-italiano y fue dirigida por Juan de Orduña, los diálogos son de un gran hombre de teatro, Manuel Tamayo y fue protagonizada por Ana Améndola, Virgilio Teixeira, Aurora Redondo y José Nieto. A partir del mismo guión de M. Tamayo, Televisión Española la adaptó a una teleserie en 1978 también con gran éxito, protagonizada por Terele Pávez, Victoria Vera, José Bódalo, Alfredo Mayo, Manuel Tejada y Luis Suárez entre otros. En la política de Televisión Española de recuperar las miniseries de calidad que tanto éxito le dieron en el pasado, en 1997 se realiza una serie televisiva, que con el título Blasco Ibáñez se relataba la vida del escritor subrayando su lado político pero dejando de lado algunos de los aspectos más decisivos de su vida, como su faceta cinematográfica; fue dirigida por el también valenciano Luis García Berlanga y protagonizada por Ramón Langa, Manuel Aleixandre, Ana G. Obregón entre otros. La última producción que contamos es la novela Arroz y tartana (2003) dirigida por José Antonio Escrivá, y producida por Televisión Española; está ambientada en la Valencia de finales del siglo XIX y es protagonizada por Carmen Maura, Pepe Sancho, Eloy Azorín, Blanca Jara y Sergio Peris-Mencheta. La historia trata de la decadencia de la burguesía valenciana en una época de profundos cambios sociales y económicos.
-Blasco
Ibáñez, Vicente. "R. Canudo." 1923. En Blasco
Ibáñez, Estudios Literarios. Barcelona. Plaza y Janés.
1982. 132-40.
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