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Paloma Robles Lacayo

Desvarío por el verdor



Las rosas recibidas han bebido con sorbos diligentes mis tempestades, las que emergen de manera consistente por mandato de lo que me arraiga, las que brotan y que desgarran, las que callan, las que suavizan, las que apagan y las que atrapan, las que aman. Y ayer, no hubo un grito, ni un sueño, ni un alarido, por la inminente partida del quebranto. Ahora que te has ido, no esperaré a que tu voz no se altere en el abismo.

Me parece que hay cuantiosos rosales en esta labrantía. Y tú, que como yo eres un ente de todos los tiempos, que no piensas irte y que no renuncias a mí, pese a todas las lágrimas de sal que te he arrancado, me presentas a tus dientes, cual pétalos, para recordarme constantemente la promesa de eterno surgimiento de las rosas. No he perdido ni la memoria, ni el tinte, ni el vino de tu presencia, y no habré de perderlo en mi trascendencia.

Yo no confío en la serpiente, que envenena porque sustancia de tal efecto es lo único que puede compartir. Inmensa tragedia la de tener que asesinar la posibilidad de compañía, y que matar sea la única razón de cercanía. Su naturaleza no la condena a un escenario deplorable por valerse del arrastre en pos del desplazamiento. Antes bien, afortunada debería saberse por acariciar a la Tierra en cada uno de sus movimientos. No dispone de alas porque los vuelos habrá de generarlos entre los pensamientos de sus espectadores. Su andar cauteloso es la inspiración a la prudencia y a la partida oportuna y sigilosa. Su lengua bífida ha sido el regalo que le condujo a su perdición. Abraza todo el tiempo, con su cuerpo, a la madre de la vida, e irremediablemente tiene que acabar con sus descendientes.

-Cuánto habrás sufrido en medio de tanta contradicción… Qué sería de ti si a nada pudieras sujetarte…

Yo creo en lo que está hecho para siempre. Yo formulo, y divago, y preparo para mí una explicación por los árboles que se enganchan, que se aferran a las rocas de tal suerte que no les sea posible concebir a su crecimiento sin ellas, porque las necesitan para que les den sentido, y solidez. Y ya focalizado, pueda ser que me resulte una magnífica combinación, esta de la solidez y la expansión. Todo ambicioso desarrollo, para alcanzar la dignidad de su existencia, habrá de gozar de respaldo y dirección. Nada tengo que reclamar, sólo que las rocas no les pertenezcan a los árboles, y sin embargo las encierren, aunque de cualquier forma no puedan salir... Pero quizá, también los árboles a su vez hagan que para las rocas, valga la pena estar aquí.

He convivido con los protagonistas de esta escena: los grillos, que son como las campanas de la primavera, las luciérnagas, esas gotas de luz intermitente, los pájaros, los grandes constructores de la belleza acústica y conciliadores de los silencios, las estrellas, conexiones de una red imaginaria que conforma el mantel divino… Todo está dispuesto para ti. Quédate, no te vayas.

©Realidad literaL
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