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Carmen Javaloyes

ALBERTI: POESÍA DEL EXILIO, POESÍA DE LA AÑORANZA

RAFAEL ALBERTI

La poética de Rafael Alberti se puede definir como la poesía de la añoranza.

La variedad de su obra, en temas, forma y estilo muestra una poética que alterna lo popular, lo tradicional, la vanguardia... con una multitud temática: el humor, el amor, la nostalgia, la pasión amorosa... Desde las primeras composiciones –“Marinero en tierra” (1925), “La amante” (1926) y “El alba del alhelí” (1926)– que componen la unidad temática centrada en el recuerdo del mar, y donde destaca la influencia de la lírica tradicional popular, se toma el tema marinero y la nostalgia del mar a través del Rafael niño que abandonó su Cádiz natal por problemas de salud.

La imagen de “Marinero en tierra” se nos descubre como la del ser desplazado, desubicado a la fuerza contra su voluntad, sentimiento que se repetirá a lo largo de su producción en la etapa del “destierro”.

La producción albertiana se caracteriza por la multitud de registros y variedad en sus manifestaciones artísticas; comenzó su vocación creativa siendo un niño con un interés hacia la pintura, vocación que nunca abandonará y que nos ofrecerá multitud de referencias poéticas, como la poesía visual de sus dibujos a tinta, grabados, pinturas... paseando del mundo literario al pictórico.

Rafael A. trasladó su vida personal a su obra: su vida está fuertemente ligada a los acontecimientos artísticos, políticos y sociales de la historia de España del último siglo: parte fundamental de la Generación del 27, Rafael A. encarna a la perfección el entorno cultural que envuelve a la Generación poética más importante del siglo pasado; políticamente, Rafael A. es un hombre concienciado con los acontecimientos políticos que le tocó vivir (la República, la Guerra Civil, la posguerra, el exilio...), un camino que recorrió intensamente al igual que otros muchos artistas españoles en la época.

La añoranza de su tierra, el exilio político, su compromiso social, el amor... Desde 1931, en que Rafael A. se afilia al Partido Comunista de España, sufre la fiebre revolucionaria anterior a la guerra civil (1936-1939), fiebre que se ve reflejada en su obra y que influirá notablemente en su obra del exilio tras la posguerra. En 1938 abandona España junto a su esposa, la actriz María Teresa León, y marcha a París a la casa de Pablo Neruda, donde escribe “Entre el clavel y la espada” (1941), poemario que reflexiona sobre la angustia del poeta, del hombre que se ve obligado a huir de su patria empujado por el odio. Sin embargo, el poemario refleja la personalidad generosa del poeta: en medio del recuerdo del dolor destaca la idea de la esperanza, del negar la muerte y apostar por la vida:

“Si yo no viniera de donde vengo; si aquel reaparecido, pálido, yerto horror no me hubiera empujado a estos nuevos kilómetros todavía sin lágrimas; si no colgara, incluso de los mapas más tranquilos, la continua advertencia de esa helada y doble hoja de muerte; si mi nombre no fuera un compromiso, una palabra dada, un expuesto cuello constante, tú, libro que ahora vas a abrirte, lo harías solamente bajo un signo de flor, lejos de él la lisa espada que lo alerta.

Hincado entre los dos vivimos: de un lado, un seco olor a sangre pisoteada; de otro, un aroma a jardines, a amanecer diario, a vida fresca, fuerte, inexpugnable. Pero para la rosa o el clavel hoy cantan pájaros más duros, y sobre dos amantes embebidos puede bajar la muerte silbadora desde esas mismas nubes en que soñaran verse viajando, vapor de espuma por la espuma.

No te muevas. Silencio. No te muevas.”

ENTRE EL CLAVEL Y LA ESPADA Fragmento

En esta otra composición destaca la idea de la tristeza y la desolación; el poeta, exiliado en el país vecino compara el “río de Francia” con la piel de toro que es España, la desolación, la muerte, el llanto... en que se ha convertido su nueva vida en contraste con el mundo perdido, destacado en las estrofas que se repiten en un estribillo como una plegaria:

(Muelle del reloj)

A través de una niebla caporal de tabaco
miro el río de Francia,
moviendo escombros tristes, arrastrando ruinas
por el pesado verde ricino de sus aguas.

Mis ventanas
ya no dan a los álamos y los ríos de España.

Quiero mojar la mano en tan espeso frío
y parar lo que pasa
por entre ciegas bocas de piedra, dividiendo
subterráneas corrientes de muertos y cloacas.

Mis ventanas
ya no dan a los álamos y los ríos de España.

Miro una lenta piel de toro desollado,
sola, descuartizada,
sosteniendo cadáveres de voces conocidas,
sombra abajo, hacia el mar, hacia una mar sin barcas.

Mis ventanas
ya no dan a los álamos y los ríos de España.

Desgraciada viajera fluvial que de mis ojos
desprendidos arrancas
eso que de sus cuencas desciende como río
cuando el llanto se olvida de rodar como lágrima.

Mis ventanas
ya no dan a los álamos y los ríos de España.

Entre el clavel y la espada

La etapa francesa de Rafael A. duró poco, una orden del Mariscal Pétain le obligó a marchar del país poco antes de la ocupación nazi, obligándole a partir hacia Sudamérica, primero a Chile y más tarde a Argentina, donde residió hasta 1962. En esta época su producción poética goza de un enorme crecimiento, destacando de nuevo las composiciones dedicadas a su tierra natal. Sobresalen los poemarios “Pleamar” (1944), “Ora marítima” (1953), “Baladas y canciones del Paraná” (1954), donde volvemos a encontrarnos con la idea recurrente del expatriado, Rafael A. retorna simbólicamente a sus raíces gaditanas desde la añoranza de la lejanía:

Por encima del mar, desde la orilla
americana del Atlántico

¡Si yo hubiera podido, oh Cádiz, a tu vera,
hoy, junto a ti, metido en tus raíces,
hablarte como entonces,
como cuando descalzo por tus verdes orillas
iba a tu mar robándole caracoles y algas!

Bien lo merecería, yo sé que tú lo sabes,
por haberte llevado tantos años conmigo,
por haberte cantado casi todos los días,
llamando siempre Cádiz a todo lo dichoso,
lo luminoso que me aconteciera.

Siénteme cerca, escúchame
igual que si mi nombre, si todo yo tangible,
proyectado en la cal hirviente de tus muros,
sobre tus farallones hundidos o en los huecos
de tus antiguas tumbas o en las olas te hablara.
Hoy tengo muchas cosas, muchas más que decirte.

Yo sé que lo lejano,
sí, que lo más lejano, aunque se llame
Mar de Solís o Río de la Plata,
no hace que los oídos
de tu siempre dispuesto corazón no me oigan.
Por encima del mar voy de nuevo a cantarte.

Ora marítima (1953)

En esta otra composición la añoranza por la patria perdida y su especial manera de revivirla en la distancia nos sobrecoge por la fuerza de las imágenes, la añoranza por la distancia de su mundo de juventud e infancia (el mar, las olas, su Cádiz natal...):

CANCIÓN 8

Hoy las nubes me trajeron,
volando, el mapa de España.
¡Qué pequeño sobre el río,
y qué grande sobre el pasto
la sombra que proyectaba!

Se le llenó de caballos
la sombra que proyectaba.
Yo, a caballo, por su sombra
busqué mi pueblo y mi casa.

Entré en el patio que un día
fuera una fuente con agua.
Aunque no estaba la fuente,
la fuente siempre sonaba.
Y el agua que no corría
volvió para darme agua.

Baladas y canciones del Paraná (1954)

En esta etapa del exilio americano, encontramos a un Rafael A. fiel a sus ideas: el tema recurrente de España aparece y desaparece en sus textos, encontramos una poesía viva, musical, a veces alegre y a veces angustiada, fiel reflejo del estado de ánimo del poeta; pero también encontramos al Alberti pintor y ensayista, al artista pleno que transforma sus composiciones en vistosos poemas visuales.

En conclusión, la obra poética de Rafael –desde sus inicios con “Marinero en tierra”, pasando por la poética del exilio–, se muestra fuertemente marcada por la nostalgia, nostalgia por la infancia, por el primer amor adolescente, por el color de su Cádiz natal... esta nostalgia se refleja con una gran riqueza formal: con la violencia verbal del revolucionario, con la ironía inteligente del hombre intelectual, con la musicalidad del verso tradicional o con la velocidad de los ritmos vanguardistas. Esta variedad de voces y de estilos nos descubren en cada lectura de su obra un Rafael Alberti siempre dinámico y nuevo.

BIBLIOGRAFÍA:

Rafael Alberti. Marinero en tierra; La amante; El alba del alhelí. Ed. Clásicos Castalia, edición a cargo de Robert Marrast. Madrid. 1990.

web oficial: http://www.rafaelalberti.es/

 
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