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Maribel Carbonell

Rosalía de Castro

Los Tristes

Rosalía de Castro

Rosalía de Castro nació en Santiago de Compostela en 1837 rodeada de las influencias románticas de la época. El ser hija ilegítima le marcó un carácter profundamente triste y nostálgico, ya a la edad de 12 años compuso sus primeros versos. En plena juventud Rosalía ya era una figura destacada de la sociedad literaria compostelana, siendo asidua del “Liceo de la Juventud”, donde se rodeó del ambiente literario romántico de Santiago.

1.- El Romanticismo
El término Romanticismo es una adaptación de la palabra francesa Romantique acuñada por Stendhal en 1823; en un principio con el significado de lo “novelesco” y derivando después hacia el significado de “pintoresco” y “sentimental” para la literatura anglosajona, y ya en el siglo XIX calificaba todo lo que fuera “anticlásico” por influencia del alemán Romantich. Este último significado será el que llegue a España a mediados del siglo XIX.

El Romanticismo en la Europa del siglo XIX se define como un movimiento cultural y político que surge como reacción contra el racionalismo ilustrado del siglo XVIII. Filósofos y artistas surgen de toda Europa bajo la pregunta de si el racionalismo puro (el movimiento intelectual del siglo XVIII) puede explicar el arte, la moral o la política, afirmando el valor de la imaginación, de los sentimientos y las “fuerzas irracionales del espíritu”. Los nuevos Románticos quieren conseguir obras menos perfectas a cambio de la intimidad, reivindicando el valor de lo íntimo. Su consigna es la Libertad, en todos los órdenes de la vida, lo que provocará a finales del siglo las conocidas luchas sociales.

2.- Rosalía de Castro y el Romanticismo
En España hasta bien entrado el siglo XIX no se aprecia la influencia del Romanticismo. Hasta este momento el Neoclasicismo era la corriente cultural más notable e influyente, a medida que van pasando las décadas y por influencia europea algunos autores neoclasicistas se van convirtiendo a la nueva moda romántica, como Espronceda o el Duque de Rivas, y otros van surgiendo con fuerza como Zorrilla o Gil y Carrasco.

La obra de Rosalía de Castro se caracteriza por la adopción de los principales temas románticos, como son el subjetivismo, la expresión sencilla, el carácter simbólico y el empleo de temas marcadamente románticos, como la “morriña” o nostalgia por la tierra gallega, el descontento vital o los amores desgraciados.

El subjetivismo es la idea principal del Romanticismo; es la exploración del yo íntimo exaltado, de los sentimientos del poeta sin tapujos, la protesta contra el orden social, el fervor patriótico inspirados por la naturaleza, que se convierte en símbolo del estado de ánimo y que hace que la poetisa se muestre melancólica, desalentada, tétrica, turbulenta...

2.1. Inicio de la poética de Rosalía de Castro
En su primer libro “La Flor”, encontramos influencias de los autores más importantes de la época, como Zorrilla, cuya influencia más destacada se muestra por la acusada sinceridad de sentimientos y el sentimiento trágico de la existencia.

Al año siguiente de su matrimonio con el historiador gallego Manuel Murguía (1858) publica “La hija del mar”, una novela romántica, de tendencia folletinesca, cuya acción se sitúa en tierras de Muxía. EL matrimonio vivió durante una temporada en diversas poblaciones de Castilla, pero Rosalía de Castro nunca se sintió en casa, lo que favoreció su sentimiento de nostalgia por su Galicia natal.

En “Flavio”, otra novelita folletinesca, la acción es sustituida por el interés sociológico, los personajes principales están, dentro de su idealización, caracterizados con cierta psicología.

2.2. Madurez de la poética de Rosalía de Castro
Encontramos los relatos “Ruinas” y “El caballero de las botas azules”.

“Ruinas” es una novela costumbrista que tiene como característica romántica principal el estilo llano, un cierto sentido del humor irónico, centrado alrededor de tres habitantes de una pequeña villa, que se sobreponen a su decadencia social.

“El caballero de las botas azules”, es una fantasía satírica de escaso valor literario, un libro de ejemplos para castigar a las gentes por irresponsables y necias.

“Follas novas”, es el libro más auténtico de su producción y que mejor expresa el sentimiento de la autora y su sinceridad sin inhibiciones ni prejuicios: Rosalía desahoga su corazón en este poemario descubriendo una visión sombría de la existencia humana.

En los “Cantares”, Rosalía de Castro descubre la voz del pueblo gallego en boca de una muchacha campesina. Los temas recurrentes son el tema amoroso, poemas de costumbres y satíricos, de corte social... alejándose de la intención puramente estética del romanticismo de sus primeras obras y con una intención claramente reivindicadora y nacionalista del idioma gallego, se propone reivindicar el paisaje y las costumbres de Galicia y de su idioma que parodian con burla.

Su obra maestra en castellano es “En las orillas del Sar”, versos de tono íntimo que muchos descubren una profunda hermandad con la poética de Bécquer, son versos cargados de gran belleza y una emoción hondísima.

Web oficial: http://www.rosaliadecastro.org/

LOS TRISTES

 

1

De la torpe ignorancia que confunde
lo mezquino y lo inmenso;
de la dura injusticia del más alto,
de la saña mortal de los pequeños,
¡no es posible que huyáis! cuando os conocen
y os buscan, como busca el zorro hambriento
a la indefensa tórtola en los campos;
y al querer esconderos
de sus cobardes iras, ya en el monte,
en la ciudad o en el retiro estrecho,
¡ahí va!, exclaman, ¡ahí va!, y allí os insultan
y señalan con íntimo contento
cual la mano implacable y vengativa
señala al triste y fugitivo reo.

2

Cayó por fin en la espumosa y turbia
recia corriente, y descendió al abismo
para no subir más a la serena
y tersa superficie. En lo más íntimo
del noble corazón ya lastimado,
resonó el golpe doloroso y frío
que ahogando la esperanza
hace abatir los ánimos altivos,
y plegando las alas torvo y mudo,
en densa niebla se envolvió su espíritu.

3

Vosotros, que lograsteis vuestros sueños,
¿qué entendéis de sus ansias malogradas?
Vosotros, que gozasteis y sufristeis,
¿qué comprendéis de sus eternas lágrimas?
Y vosotros, en fin, cuyos recuerdos
son como niebla que disipa el alba,
i qué sabéis del que lleva de los suyos
la eterna pesadumbre sobre el alma!


4

Cuando en la planta con afán cuidada
la fresca yema de un capullo asoma,
lentamente arrastrándose entre el césped,
le asalta el caracol y la devora.

Cuando de un alma atea,
en la profunda oscuridad medrosa
brilla un rayo de fe, viene la duda
y sobre él tiende su gigante sombra.


5

En cada fresco brote, en cada rosa erguida,
cien gotas de rocío brillan al sol que nace;
mas él ve que son lágrimas que derraman los tristes
al fecundar la tierra con su preciosa sangre.

Henchido está el ambiente de agradables aromas,
las aguas y los vientos cadenciosos murmuran;
mas él siente que rugen con sordo clamoreo
de sofocados gritos y de amenazas mudas.

¡No hay duda! De cien astros nuevos, la luz radiante
hasta las más recónditas profundidades llega;
mas sus hermosos rayos
jamás en torno suyo rompen la bruma espesa.

De la esperanza, ¿en dónde crece la flor ansiada?
Para él, en dondequiera al retoñar se agosta,
ya bajo las escarchas del egoísmo estéril,
o ya del desengaño a la menguada sombra.

¡Y en vano el mar extenso y las vegas fecundas,
los pájaros, las flores y los frutos que siembran!
Para el desheredado, sólo hay bajo del cielo
esa quietud sombría que infunde la tristeza.


6

Cada vez huye más de los vivos,
cada vez habla más con los muertos
y es que cuando nos rinde el cansancio
propicio a la paz y al sueño,
el cuerpo tiende al reposo,
el alma tiende a lo eterno.


7

Así como el lobo desciende a poblado,
si acaso en la sierra se ve perseguido,
huyendo del hombre que acosa a los tristes,
buscó entre las fieras el triste un asilo.

El sol calentaba su lóbrega cueva,
piadosa velaba su sueño la luna
el árbol salvaje le daba sus frutos,
la fuente sus aguas de grata frescura.

Bien pronto los rayos del sol se nublaron.
la luna entre brumas veló su semblante,
secóse la fuente, y el árbol nególe,
al par que su sombra, sus frutos salvajes.

Dejando la sierra buscó en la llanura
de otro árbol el fruto, la luz de otro cielo;
y a un río profundo, de nombre ignorado,
pidióle aguas puras su labio sediento.

¡Ya en vano!, sin tregua siguióle la noche,
la sed que atormenta y el hambre que mata;
¡ya en vano!, que ni árbol, ni cielo, ni río,
le dieron su fruto, su luz, ni sus aguas.

Y en tanto el olvido, la duda y la muerte
agrandan las sombras que en torno le cercan,
allá en lontananza la luz de la vida,
hiriendo sus ojos feliz centellea.

Dichosos mortales a quien la fortuna
fue siempre propicia... ¡Silencio!, ¡silencio!,
si veis tantos seres que corren buscando
las negras corrientes del hondo Leteo.

 

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