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Mauro González

Inmutable voy

Peregrinaje al centro del pensamiento
Descalzo de razón
Apesadumbrado de elogios
Vuelvo a la raíz agnóstica
Que nutre mi perpleja nausea.
A lo lejos
Visualizo encontrarte
Cabalgando una mi nube del infierno
Descubres el sigiloso filo
Que atraviesa tu delgada nada.
Allá... el vuelo dorado de nuestros días
Anclados en cotidianos encuentros
Amusgados en tortuosos calvarios.
Nada nos responde
A nuestro peregrinaje
Nada se responde
Al tiempo enclaustrado.
Aletargado de tormentos
Y pulcro de trivialidades.
Ahora, deja mi nube
Para lamer el suelo inerte
De parajes absurdos
Y recoge tu razón
Para descubrirla
Entre tantos dotes
Que es...
nuestra propia soledad.


La ceguera

La apacible ceguera humana
No es mas que el social eclipse
Que acallados espectros
Mocionan entre susurros perversos.
Aunque el siguiente abismo
Se entrevere con lo inusual
El dominio mismo
de nuestra ceguera
alcanzará la legión,
de innumerables corceles alados,
trovadores alocados,
ingeniosos olvidados
y martilladores inagotables,
de cabezas que se funden
en cada traición
a sus propios instintos.
La ceguera no daña
Sino la determinación
De no penetrar en cada rincón
Vejado por el olvido,
Observando lo prohibido,
Encallando distraído
Por no perder un mundo retraído.
La ceguera arde en los ojos
Y vive en la mente.

©Realidad literaL
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