LA
INMORTALIDAD
En mis entrañas revolotea un águila
Al calor de un venero
Manantial de mi sangre
Tibio cordón umbilical
Teje un nido de aromas que no huelen
De fibras infinitas y perpetuos anhelos
Sus
mudas plegarias inmortales
Invaden cada hueco
Y allí con el ocaso
Cercana ya su muerte
Pone un huevo que es principio y génesis
Yo
empollaba el polluelo
En mi vientre de aguas y torrentes
Y el águila en su fuego me quemaba
No sé si fui ceniza
Tal vez nada
Pero
aquel polluelo crecía y yo…
Tenía alas y volaba
Y no era el Ave Fénix
Sino el alma
Que vive para siempre
No sé…
En alguna morada
|