Novela de corte picaresco, El Coloquio de los perros
es la última de las Novelas Ejemplares, un “ensayo
narrativo” que enlaza con la novela anterior El casamiento
engañoso y que funciona a modo de despedida de la obra
completa.
Las Novelas Ejemplares son una serie de historias breves
que Miguel de Cervantes escribió
entre 1590 y 1612 y publicó en 1613 gracias al reconocimiento que
obtuvo con la primera parte del Quijote.
Los
relatos de Las Novelas Ejemplares siguen el modelo neoaristotélico
establecido en Italia: su carácter idealista se caracteriza por
contener un argumento de enredos amorosos, con abundancia de acontecimientos,
personajes idealizados sin evolución psicológica, sin reflejo
de la realidad. Son las novelas: La española inglesa, Las dos
doncellas, El amante liberal, La señora Cornelia y La
fuerza de la sangre. Sin embargo, también encontramos relatos
de carácter realista que reflejan ambientes y personajes realistas,
son las novelas de Rinconete y Cortadillo, El licenciado Vidriera,
La Gitanilla, La ilustre fregona, El casamiento engañoso y
El coloquio de los perros.
El
Coloquio de los perros funciona como un juego, como un “experimento
narrativo” que Cervantes emplea para burlarse de este neoaristotelismo
idealista que no admitía historias fuera de la naturaleza “real”
de las cosas (los perros de la historia, Berganza y Cipión, no
solo hablan, sino que lo hacen con Razón, ya que parlamentan y
discuten sobre asuntos filosóficos).
Cervantes
ironiza también sobre la forma en que nos presenta el cuento, presentando
la historia de los perros Berganza y Cipión bajo la forma de la
“novela picaresca” que ya empleó en la novela de Rinconete
y Cortadillo que tan de moda se puso en la época, pero ahora
bajo el prisma de un juego muy cervantino: la intertextualidad.
La
intertextualidad se nos presenta aquí en las dos últimas
novelas, El casamiento engañoso y El Coloquio de los perros, compartiendo
narrador y cronología narrativa, el Alférez de la primera
novela ha escrito un cuento en el que se narra la conversación
de dos perros, ofreciéndole el deleite de la lectura al Licenciado,
quien lee el manuscrito inconcluso, y felicita al Alférez animándolo
a que lo finalice:
“El
acabar el Coloquio el licenciado y el despertar el alférez
fue todo a un tiempo; y el licenciado dijo:
–Aunque este coloquio sea fingido y nunca haya pasado, paréceme
que está tan bien compuesto que puede el señor alférez
pasar adelante con el segundo.”
Nos
encontramos así con un doble final, el de la novela de El casamiento
engañoso, que se alarga con el cuento de El Coloquio de los
perros, y con el final de Las Novelas Ejemplares.
ESTUDIO DEL COLOQUIO DE LOS PERROS
El
Coloquio de los perros se presenta bajo la forma de “novela picaresca”
ya que posee las características de este tipo de género:
–Punto
de vista autobiográfico en primera persona: el perro Berganza
narra su vida a un interlocutor, también perro, Cipión,
que le da la réplica; por este motivo parece que el cuento está
inconcluso cuando no es así. Desde el primer momento que el perro
Berganza comienza su discurso promete ser breve para poder compartir experiencias
con el perro Cipión, y en todo caso esperan conservar el milagro
del habla hasta el día siguiente para que Cipión cuente
su historia, cosa que no sabemos si sucede porque Las Novelas Ejemplares
y el cuento de El Coloquio de los perros terminan en la primera
noche. De ahí que la historia autobiográfica de Berganza
queda ahí a la manera de la novela picaresca y no como un intercambio
de experiencias.
–Padres
desconocidos o de baja condición social al igual que en
la novela picaresca:
“BERGANZA:
[...]que mis padres debieron de ser alanos de aquellos que crían
los ministros de aquella confusión, a quien llaman jiferos.”
–Tiene
diferentes oficios, ya que la baja escala social del
protagonista conlleva la necesidad de trabajar o robar, por lo que Berganza
sufre de diferentes amos que abusan de él:
1.–Nicolás
el Romo, de profesión jifero (matarife) en el matadero de Sevilla,
que se preocupaba más en sisar de las reses que entraban en el
matadero que de su trabajo. Berganza (llamado Gavilán) se queja
del trato que recibió y de la calaña de la gente que trabajaba
allí:
“BERGANZA.-¿Qué
te diría, Cipión hermano, de lo que vi en aquel Matadero
y de las cosas exorbitantes que en él pasan? Primero, has
de presuponer que todos cuantos en él trabajan, desde el
menor hasta el mayor, es gente ancha de conciencia, desalmada, sin
temer al Rey ni a su justicia; los más, amancebados; son
aves de rapiña carniceras: mantiénense ellos y sus
amigas de lo que hurtan.”
Como
en todas las novelas picarescas, la inteligencia del protagonista hace
que el amo abusador sea castigado descubriendo éste su falta, sin
embargo con este su primer amo, Berganza todavía es un perro joven
que no se venga de su éste, sino que sufre en sus carnes el castigo
que la dama pretendió dar al jifero:
“BERGANZA.-Digo,
pues, que mi amo me enseñó a llevar una espuerta en
la boca y a defenderla de quien quitármela quisiese. Enseñóme
también la casa de su amiga, y con esto se excusó
la venida de su criada al Matadero, porque yo le llevaba las madrugadas
lo que él había hurtado las noches. Y un día
que, entre dos luces, iba yo diligente a llevarle la porción,
oí que me llamaban por mi nombre desde una ventana; alcé
los ojos y vi una moza hermosa en extremo; detúveme un poco,
y ella bajó a la puerta de la calle, y me tornó a
llamar. Lleguéme a ella, como si fuera a ver lo que me quería,
que no fue otra cosa que quitarme lo que llevaba en la cesta y ponerme
en su lugar un chapín viejo. Entonces dije entre mí:
''La carne se ha ido a la carne''. Díjome la moza, en habiéndome
quitado la carne: ''Andad [G]avilán, o como os llamáis,
y decid a Nicolás el Romo, vuestro amo, que no se fíe
de animales, y que del lobo un pelo, y ése de la espuerta''.
Bien pudiera yo volver a quitar lo que me quitó, pero no
quise, por no poner mi boca jifera y sucia en aquellas manos limpias
y blancas.
CIPIÓN.-Hiciste muy bien, por ser prerrogativa de la hermosura
que siempre se le tenga respecto.
BERGANZA.-Así lo hice yo; y así, me volví a
mi amo sin la porción y con el chapín. Parecióle
que volví presto, vio el chapín, imaginó la
burla, sacó uno de cachas y tiróme una puñalada
que, a no desviarme, nunca tú oyeras ahora este cuento, ni
aun otros muchos que pienso contarte.[...]”
2.–El
segundo amo que Berganza encuentra en su camino es un pastor de ganado.
El nuevo amo resulta también ser un ladrón que engaña
al dueño del rebaño, y de nuevo Berganza, o Barcino, como
le rebautizan los pastores, sufre en sus carnes por culpa de los pastores
el engaño de las matanzas de los lobos hasta que de nuevo sale
huyendo.
Destaca
en este fragmento la disertación sobre las novelas de corte pastoril
y el artificio que éstas describen:
“BERGANZA.-Digo
que todos los pensamientos que he dicho, y muchos más, me
causaron ver los diferentes tratos y ejercicios que mis pastores,
y todos los demás de aquella marina, tenían de aquellos
que había oído leer que tenían los pastores
de los libros; porque si los míos cantaban, no eran canciones
acordadas y bien compuestas, sino un "Cata el lobo do va, Juanica"
y otras cosas semejantes; y esto no al son de chirumbelas, rabeles
o gaitas, sino al que hacía el dar un cayado con otro o al
de algunas tejuelas puestas entre los dedos; y no con voces delicadas,
sonoras y admirables, sino con voces roncas, que, solas o juntas,
parecía, no que cantaban, sino que gritaban o gruñían.
Lo más del día se les pasaba espulgándose o
remendando sus abarcas; ni entre ellos se nombraban Amarilis, Fílidas,
Galateas y Dianas, ni había Lisardos, Lausos, Jacintos ni
Riselos; todos eran Antones, Domingos, Pablos o Llorentes;[...].”
3.–El
tercer amo de Berganza resulta ser un mercader muy rico de Sevilla con
el que el perro está muy a gusto, hombre noble de pensamientos
y de hechos al que el perro sirve de muy buen grado, ya que incluso acompañaba
a los hijos de éste a la escuela cargando el vademécum;
sin embargo, de nuevo la desgracia cae sobre Berganza a causa de su dedicación
y mansedad:
“Es
el
caso que aquellos señores maestros les pareció que
la media hora que hay de lición a lición la ocupaban
los estudiantes, no en repasar las liciones, sino en holgarse conmigo;
y así, ordenaron a mis amos que no me llevasen más
al estudio. Obedecieron, volviéronme a casa y a la antigua
guarda de la puerta, y, sin acordarse el viejo señor de la
merced que me había hecho de que de día y de noche
anduviese suelto, volví a entregar el cuello a la cadena
y el cuerpo a una esterilla que detrás de la puerta me pusieron.”
Atado
así a la puerta de la calle presenció la burla de la criada
con su amante todas las noches y determinó como criado fiel a su
amo descubrir el engaño:
“BERGANZA.-
Digo, pues, que, habiendo visto la insolencia, ladronicio y deshonestidad
de los negros, determiné, como buen criado, estorbarlo, por
los mejores medios que pudiese; y pude tan bien, que salí
con mi intento. Bajaba la negra, como has oído, a refocilarse
con el negro, fiada en que me enmudecían los pedazos de carne,
pan o queso que me arrojaba...”,
lo
que al final casi le cuesta la vida, por lo que Berganza determina salir
huyendo de nuevo:
“Con
todo esto, aunque me quitaron el comer, no me pudieron quitar el
ladrar. Pero la negra, por acabarme de una vez, me trujo una esponja
frita con manteca; conocí la maldad; vi que era peor que
comer zarazas, porque a quien la come se le hincha el estómago
y no sale dél sin llevarse tras sí la vida. Y, pareciéndome
ser imposible guardarme de las asechanzas de tan indignados enemigos,
acordé de poner tierra en medio, quitándomeles delante
de los ojos.”
En
este fragmento temático encontramos las disertaciones de Cervantes
sobre el uso de los latinismos:
“Hay
algunos romancistas que en las conversaciones disparan de cuando
en cuando con algún latín breve y compendioso, dando
a entender a los que no lo entienden que son grandes latinos, y
apenas saben declinar un nombre ni conjugar un verbo”,
y
la crítica a quienes los emplean para aparentar una cultura de
la que carecen. Más adelante encontramos la discusión sobre
la filosofía y su definición aplicada a la vida cotidiana:
“CIPIÓN.-Esto
sí, Berganza, quiero que pase por filosofía, porque
son razones que consisten en buena verdad y en buen entendimiento;
y adelante y no hagas soga, por no decir cola, de tu historia.
BERGANZA.-Primero te quiero rogar me digas, si es que lo sabes,
qué quiere decir filosofía; que, aunque yo la nombro,
no sé lo que es; sólo me doy a entender que es cosa
buena.
CIPIÓN.- Con brevedad te la diré. Este nombre se compone
de dos nombres griegos, que son filos y sofía; filos quiere
decir amor, y sofía, la ciencia; así que filosofía
significa ''amor
de la ciencia'',
y filósofo, ''amador
de la ciencia''.”
4.–El
cuarto amo fue un alguacil, también ladrón y sinvergüenza,
que al reconocerlo como el perro inteligente que trabajaba en el matadero,
lo adoptó para sus desmanes, rebautizándolo de nuevo como
Gavilán. Este alguacil tenía tratos con unas prostitutas
que engañaban a los comerciantes que llegaban a Sevilla en las
ferias (las vendejas) para robarles el dinero:
“[...]
cuando llegaba la vendeja a Cádiz y a Sevilla, llegaba la
huella de su ganancia, no quedando bretón con quien no embistiesen;
y, en cayendo el grasiento con alguna destas limpias, avisaban al
alguacil y al escribano adónde y a qué posada iban,
y, en estando juntos, les daban asalto y los prendían por
amancebados; pero nunca los llevaban a la cárcel, a causa
que los extranjeros siempre redimían la vejación con
dineros.”
Después
de mostrar las maldades, burlas y engaños de las autoridades, Cervantes
parece recapacitar y aclara en boca del perro Cipión que ésta
es una excepción y que, a diferencia de en las novelas picarescas,
donde todos los personajes aparecen como delincuentes, en el mundo real
hay gente legal y de buena condición:
“CIPIÓN.-Sí,
que decir mal de uno no es decirlo de todos; sí, que muchos
y muy muchos escribanos hay buenos, fieles y legales, y amigos de
hacer placer sin daño de tercero; [...] ni todos los alguaciles
se conciertan con los vagamundos y fulleros, ni tienen todos las
amigas de tu amo para sus embustes. Muchos y muy muchos hay hidalgos
por naturaleza y de hidalgas condiciones; muchos no son arrojados,
insolentes, ni mal criados, ni rateros, como los que andan por los
mesones midiendo las espadas a los extranjeros[...].”
El
alguacil de esta historia de Berganza/Gavilán acaba sufriendo en
este caso la venganza del perro, que al final aprende la lección
y da a su amo su merecido siendo a la vez obediente a sus órdenes:
“Y
no paró en esto su desgracia; que aquella noche, saliendo
a rondar el mismo asistente, por haberle dado noticia que hacia
los barrios de San Ju[l]ián andaban ladrones, al pasar de
una encrucijada vieron pasar un hombre corriendo, y dijo a este
punto el asistente, asiéndome por el collar y zuzándome:
''¡Al ladrón, Gavilán! ¡Ea, Gavilán,
hijo, al ladrón, al ladrón!'' Yo, a quien ya tenían
cansado las maldades de mi amo, por cumplir lo que el señor
asistente me mandaba sin discrepar en nada, arremetí con
mi propio amo, y sin que pudiese valerse, di con él en el
suelo; y si no me le quitaran, yo hiciera a más de a cuatro
vengados; quitáronme con mucha pesadumbre de entrambos. Quisieran
los corchetes castigarme, y aun matarme a palos, y lo hicieran si
el asistente no les dijera: ''No le toque nadie, que el perro hizo
lo que yo le mandé''.”
5.–Berganza/Gavilán
sale de nuevo huyendo y en su camino de topa con una compañía
de soldados, adoptándole un atambor sinvergüenza que lo adiestra
como perro-sabio circense. En esta historia encontramos el episodio clave
de la historia, la posible respuesta a las dudas del porqué los
perros tienen el don de la palabra y del entendimiento. De hecho, Berganza
se refiere a este episodio cuatro veces antes de llegar a la historia
cronológicamente ordenada, se trata del episodio con la bruja Cañizares.
Berganza
llega con el atambor a Montilla, una conocida villa de la zona, y se dispone
a ganar unos dineros con las cabriolas y juegos del perro-sabio, sin embargo,
una vieja del lugar, la Cañizares, discute con el atambor y le
da las pistas de su posible origen “humano”:
“[..]
encontrándome la vieja en el corral solo, me dijo: ''¿Eres
tú, hijo Montiel? ¿Eres tú, por ventura, hijo?''.
Alcé la cabeza y miréla muy despacio; lo cual visto
por ella, con lágrimas en los ojos se vino a mí y
me echó los brazos al cuello, y si la dejara me besara en
la boca; pero tuve asco y no lo consentí.”
Se
trata de dar una explicación lógica, si es que la lógica
de los hechizos se puede tomar como tal, al hecho de que Cipión
y Berganza puedan comunicarse con el don de la palabra y aún más
razonar y filosofar:
“Has
de saber, hijo, que en esta villa vivió la más famosa
hechicera que hubo en el mundo, a quien llamaron la Camacha de Montilla;
[...]
Tu madre, hijo, se llamó la Montiela, que después
de la Camacha fue famosa; yo me llamo la Cañizares, si ya
no tan sabia como las dos, a lo menos de tan buenos deseos como
cualquiera dellas. [...] y no murió de enfermedad alguna,
sino de dolor de que supo que la Camacha, su maestra, de envidia
que la tuvo porque se le iba subiendo a las barbas en saber tanto
como ella (o por otra pendenzuela de celos, que nunca pude averiguar),
estando tu madre preñada y llegándose la hora del
parto, fue su comadre la Camacha, la cual recibió en sus
manos lo que tu madre parió, y mostróle que había
parido dos perritos; y, así como los vio, dijo: ''¡Aquí
hay maldad, aquí hay bellaquería!''. Pero, hermana
Montiela, tu amiga soy; yo encubriré este parto, [...]
Llegóse el fin de la Camacha, y, estando en la última
hora de su vida, llamó a tu madre y le dijo como ella había
convertido a sus hijos en perros por cierto enojo que con ella tuvo;
pero que no tuviese pena, que ellos volverían a su ser cuando
menos lo pensasen [...].”
Esta
es la explicación que Berganza relata a su compañero Cipión,
sin embargo éste no lo considera como real, y riñe a Berganza
por crédulo:
“[...]
la Camacha fue burladora falsa, y la Cañizares embustera,
y la Montiela tonta, maliciosa y bellaca, con perdón sea
dicho, si acaso es nuestra madre de entrambos, o tuya, que yo no
la quiero tener por madre. Digo, pues, que el verdadero sentido
es un juego de bolos, donde con presta diligencia derriban los que
están en pie y vuelven a alzar los caídos, y esto
por la mano de quien lo puede hacer. Mira, pues, si en el discurso
de nuestra vida habremos visto jugar a los bolos, y si hemos visto
por esto haber vuelto a ser hombres, si es que lo somos.”
6.–Berganza
se arrepiente de haber creído esta historia y pasa a relatar los
hechos que le sucedieron con sus nuevos amos, unos gitanos:
“BERGANZA.-La
que tuve con los gitanos fue considerar en aquel tiempo sus muchas
malicias, sus embaimientos y embustes, los hurtos en que se ejercitan,
así gitanas como gitanos [...].”
7.–Es
un fragmento breve donde relata los engaños que los gitanos solían
hacer y cómo escapó para caer en las manos de un morisco
propietario de una huerta con quien padeció mucha hambre:
“[...]
sustentábame con pan de mijo y con algunas sobras de zahínas,
común sustento suyo; pero esta miseria me ayudó a
llevar el cielo por un modo tan extraño como el que ahora
oirás.”
En
la huerta, al pie de un granado, solía sentarse un joven poeta
que escribía comedias del que pronto se hace compañero:
“[...]
grande es la miseria de los poetas, pero mayor era mi necesidad,
pues me obligó a comer lo que él desechaba. En tanto
que duró la composición de su comedia, no dejó
de venir a la huerta ni a mí me faltaron mendrugos, porque
los repartía conmigo con mucha liberalidad, y luego nos íbamos
a la noria, donde, yo de bruces y él con un cangilón,
satisfacíamos la sed como unos monarcas. Pero faltó
el poeta y sobró en mí la hambre tanto, que determiné
dejar al morisco y entrarme en la ciudad a buscar ventura, que la
halla el que se muda.”
8.–Siguiendo
al poeta marcha a la ciudad donde conoce a Angulo el Malo, representante
de comedias con quien Berganza se queda unos días:
“Yo,
de corrido, ni pude ni quise seguirle; y acertélo, a causa
que el autor me hizo tantas caricias que me obligaron a que con
él me quedase, y en menos de un mes salí gran entremesista
y gran farsante de figuras mudas. Pusiéronme un freno de
orillos y enseñáronme a que arremetiese en el teatro
a quien ellos querían; de modo que, como los entremeses solían
acabar por la mayor parte en palos, en la compañía
de mi amo acababan en zuzarme, y yo derribaba y atropellaba a todos,
con que daba que reír a los ignorantes y mucha ganancia a
mi dueño.”
Sin
embargo, si la vida del autor es dura la del perro-cómico era trágica,
ya que al final de cada representación el perro siempre era apaleado,
por lo que después de una representación en la que fue brutalmente
golpeado, decidió abandonar la comedia y marchar detrás
de Cipión:
“Con
una compañía llegué a esta ciudad de Valladolid,
donde en un entremés me dieron una herida que me llegó
casi al fin de la vida; no pude vengarme, por estar enfrenado entonces,
y después, a sangre fría, no quise: que la venganza
pensada arguye crueldad y mal ánimo. Cansóme aquel
ejercicio, no por ser trabajo, sino porque veía en él
cosas que juntamente pedían enmienda y castigo; y, como a
mí estaba más el sentillo que el remediallo, acordé
de no verlo; y así, me acogí a sagrado, como hacen
aquellos que dejan los vicios cuando no pueden ejercitallos, aunque
más vale tarde que nunca. Digo, pues, que, viéndote
una noche llevar la linterna con el buen cristiano Mahudes, te consideré
contento y justa y santamente ocupado; y lleno de buena envidia
quise seguir tus pasos, y con esta loable intención me puse
delante de Mahudes, que luego me eligió para tu compañero
y me trujo a este hospital.”
Finaliza
así la narración de Berganza a Cipión con livianas
conversaciones de los perros, como una disertación sobre la diferente
naturaleza humana: el ejemplo de cuatro enfermos del hospital y sus diferentes
puntos de vista; un poeta, un alquimista, un matemático, y un arbitrista...
Concluye
el relato y Las Novelas Ejemplares con la conversación
del Alférez y el Licenciado sobre el “valor literario”
del cuento más que sobre la realidad de lo allí narrado.
En
conclusión, el tema central de la novela no es otro que, bajo la
excusa de la novela picaresca, satirizar la falta de estructura aristotélica
de la novela picaresca en el que el narrador en primera persona y la sucesión
temporal de desgracias es la estructura básica, pero Cervantes
introduce un elemento diferenciador, la intertextualidad del texto, alejándolo
aún más de la idea de verdad o verosimilitud de la obra
literaria neoaristotélica.
Las
digresiones filosóficas son otro punto diferenciador, el protagonista
discute con Cipión sobre cuestiones tales como el don de la palabra,
la razón, sobre las calumnias, las murmuraciones, las disertaciones
sobre las novelas pastoriles o la filosofía...
La
característica cervantina la encontramos aquí en esencia
en la Intertextualidad de la novela, en la narración literaria
de los hechos cotidianos, en el empleo de un lenguaje culto-romance que
se aleja de los latinismos de otros autores, el empleo de refranes y frases
hechas... elementos cervantianos que tienen su culminación en El
Quijote.
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