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Maribel Carbonell
LA FONTAINE Y SUS FÁBULAS |
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Ello puede verse externamente en el hecho de que la moraleja, que en las primeras fábulas no se añadía expresamente por considerarla evidente, avanza cada vez más a un primer plano en las fábulas de la última época. De entre estas fábulas destaca, la fábula de la rata y el elefante. En ella, formula la moraleja en diez versos colocados al principio de la fábula y dirigidos, no a la humanidad en general, sino a los franceses y a su vanidad:
Y a continuación relata la historia del elefante con el que quiere medirse una rata, hasta que el gato cae sobre ella. El elefante no habla en esta fábula, actuando exclusivamente por su sola presencia. Su grandeza aparece lentamente y capaz de sostener pesos excepcionales sobre sus espaldas: la sultana con todo su ornato. Su grandeza aparece también reflejada en la admiración de la gente. Todos se sienten estremecidos por el espectáculo del animal y su paso lento y majestuoso. Sólo la rata se burla de la lentitud del paquidermo, no comprende la fuerza de sus espaldas y se siente irritada por la admiración de la gente. Un gato se escapa de la jaula de la sultana, y basta para hacer huir o para aniquilar al roedor, convenciéndole, sobre todo, de que una rata no es un elefante. El gato se presenta de repente , nadie lo ha conjurado. En realidad tampoco tiene la intención de aleccionar moralmente a la rata, sino simplemente de comérsela. Sobre ese punto no da detalles La Fontaine, ya que el objetivo principal de la acción es acabar con la necia vanidad de la rata, sin que, en realidad importe la forma ni el cómo de ello. Tiene que suceder rápidamente, ya que el poeta ha ido despertando sin cesar nuestra impaciencia contra la actitud de la rata. La Fontaine quiere hacernos odiar “la sotte vanité” de ésta. El fabulista francés participa aquí, muy apasionadamente, como moralista, su intención es aleccionadora y satírica. Utiliza un lenguaje sobrio, ninguna comparación, imagen o exageración, ni siquiera al describir al elefante: “La bête de haut parage” que ha de entenderse no metafórica, sino literalmente, y quiere decir que los indios consideraban al animal como descendiente de una raza superior, quizás incluso de una familia sagrada. En las fábulas de la última época se encuentran composiciones llenas de sentimiento como la de los dos pichones y a su lado otras tan frías y crueles como la del gato viejo y los ratones:
Precisamente su carencia de voluntad ética y de convicción moral tenía que hacer al poeta accesible a los más dispares estados de ánimo y a los más contrapuestos sentimientos. Como nunca experimentó una vivencia interior decisiva, habiendo realizado, al contrario, toda clase de adaptaciones morales al mundo ambiente, en su poesía se conciliaban los elementos más contradictorios. Lo que para otros es un problema vital, para él era tan sólo un problema estilístico. Muchas de sus escenas entre animales , nos hacen pensar en pintores alemanes y holandeses, Virgilius Solis, Durero, incluso Böcklin. BIBLIOGRAFÍA: |
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