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Sobre el Naturalismo de Émile Zola |
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En el ámbito literario, el naturalismo es, en principio, sinónimo de realismo. En un sentido más limitado, se entiende por Naturalismo el realismo que se utilizó y formuló durante el último tercio del siglo XIX y que convirtió los resultados de las ciencias, en especial los de la psicología, en la base misma del arte de escribir, convirtiendo al individuo en objeto de estudio. A partir de estas fuentes, se formula una imagen del hombre que se encuentra determinada por la herencia social y el medio ambiente: el ser humano es incitado por sus pasiones y se sitúa en una vida carente de libertad por la que se siente atormentado. Así, se puede afirmar que el naturalismo realiza crítica social a partir de una descripción caótica del mundo. El propósito principal del nuevo movimiento literario era la trascripción objetiva de todos los aspectos de la realidad, basándose el autor en el positivismo científico para exponer sus teorías antropológicas sobre el condicionamiento humano; de hecho, el texto clave para comprender los movimientos ideológicos que bombardean el fin de siglo es “El origen de las especies” de Darwin, donde se exponen las teorías que luego se extrapolarán al resto de ciencias y que explican el comportamiento humano: la teoría de la evolución del hombre y la selección natural del más fuerte es la base para explicar la lucha por la supervivencia del hombre en el medio rural y en las ciudades (por ejemplo, “Germinal”, donde Zola describe la marginación que sufre una mayoría de trabajadores sometidos a la degradación social por parte de una minoría que por “selección natural” triunfa sobre el resto). La primera vez que aparece el término “Naturalismo” es el prólogo de la primera novela naturalista, “Térèse Raquin”, de Émile Zola, donde el autor destaca la importancia de la observación y la experimentación en las ciencias y la necesidad de exportar estos conocimientos al resto de disciplinas, entre ellas la literatura. Así, los temas de la literatura Naturalista reflejan la ideología de la determinación natural y la lucha del ser humano para huir de esta “herencia social”. Muchos de los temas que aborda el Naturalismo y que hasta el momento habían sido considerados tabúes (como la prostitución, el incesto, el alcoholismo o la homosexualidad), sin embargo desde una nueva visión más objetiva son tratados bajo el punto de vista del determinismo, los personajes no pueden escapar de su condición biológica, tratando además de demostrar cómo la posición social puede atenuar o agravar ciertas tendencias. Émile Zola escribió la primera novela “determinista” Térèse Raquin en 1867 convirtiéndose rápidamente en una gran éxito literario, sin embargo sus contemporáneos fueron muy hostiles a su obra y a sus especiales conceptos sobre el mundo y la determinación social. La novela, que describe la atormentada vida de la joven Térèse, una muchacha que se deja llevar por sus impulsos, lo que la conduce a la tragedia y la muerte de los personajes, elementos todos ellos muy aplaudidos por sus lectores contemporáneos y sin embargo muy polémico al no compartir la mayoría de la crítica literaria su peculiar punto de vista. Zola es un gran “descripcionista” tanto de la psicología de los personajes como de “la acción universal de las fuerzas de la naturaleza” como él mismo apunta, convirtiéndose en la voz de los nuevos movimientos sociales obreros que comenzaban a surgir en la época, Zola describe la revolución industrial que se estaba produciendo en la nueva Europa, que estaba provocando la aparición de bolsas de trabajadores-esclavos que no aceptaban la tragedia del determinismo social. Así,
Zola se propuso la creación de una “novela fisiológica”
siguiendo los postulados de Taine sobre el determinismo del medio sobre
el individuo.
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