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Pedro
Salinas, Máquinas y máquinas
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"Instrumentos
ordenaban"
Pedro Salinas, "Cero"
La
poesía de Pedro Salinas, como la de muchos de sus compañeros
de generación, sigue una evolución que va desde lo que
siguiendo a Ortega se ha llamado arte o poesía deshumanizada,
hasta su posterior rehumanización. La primera etapa, que podemos
relacionar con los despreocupados o felices veinte, es una época
optimista, ilusionada por el progreso; la técnica es una aliada
del hombre. Dos poemas de Salinas pueden servir de ejemplo de esta visión
confiada y lúdica del progreso y sus máquinas:
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BUJÍAS
Sí,
cuando quiera yo
la soltaré. Está presa
aquí arriba, invisible.
Yo la veo en su claro
castillo de cristal, y la vigilan
-cien mil lanzas- los rayos
-cien mil rayos- del sol. Pero de noche,
cerradas las ventanas
para que no la vean
-guiñadoras espías- las estrellas,
la soltaré (Apretar un botón.).
Caerá toda de arriba
a besarme, a envolverme
de bendición, de claro, de amor, pura.
En el cuarto ella y yo no más, amantes
eternos, ella mi iluminadora
musa dócil en contra
de secretos en masa de la noche
-afuera-
descifraremos formas leves, signos,
perseguidos en mares de blancura
por mí, por ella, artificial princesa,
amada eléctrica.
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UNDERWOOD
GIRLS
Quietas,
dormidas están,
las treinta, redondas, blancas.
Entre todas
sostienen el mundo.
Míralas, aquí en su sueño,
como nubes,
redondas, blancas, y dentro
destinos de trueno y rayo,
destinos de lluvia lenta,
de nieve, de viento, signos.
Despiértalas,
con contactos saltarines
de dedos rápidos, leves,
como a músicas antiguas.
Ellas suenan otra música:
fantasías de metal
valses duros, al dictado.
Que se alcen desde siglos
todas iguales, distintas
como las olas del mar
y una gran alma secreta.
Que se crean que es la carta,
la fórmula, como siempre.
Tú alócate
bien los dedos, y las
raptas y las lanzas,
a las treinta, eternas ninfas
contra el gran mundo vacío,
blanco a blanco.
Por fin a la hazaña pura,
sin palabras, sin sentido,
ese, zeda, jota, i...
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Las
teclas de la máquina de escribir, abuelas de las teclas que pulsamos
ahora, y la deslumbrante bombilla son motivos para un juego literario
que las integra en la tradición a la vez que provoca con su estímulo
la ruptura de esa misma tradición, aunque una ruptura amigable,
por decir así. En estos poemas las máquinas son aliadas
del hombre, y están subordinadas a él: "dócil
musa" es la bombilla.
Muy diferente es el tono de un poema mayor posterior de Pedro Salinas:
"Cero", sobre el lanzamiento de la bomba atómica. Entre
estos poemas ligeros, menores, y este largo poema grave y meditativo
median guerras y años oscuros. Aquí ya no es el hombre
el que domina a la máquina sino que parece ser la máquina
la que comanda al hombre: "instrumentos ordenaban", reza un
verso: la técnica ha separado tanto al hombre del hombre que
ya desde la altura inhumana no puede ver el dolor que provoca. Su mensaje
sigue vigente.
http://atlasdepoesia.blogcindario.com/2007/01/00194-cero-de-pedro-salinas.html
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