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Javier Aguirre Ortiz

Pedro Salinas

Pedro Salinas, Máquinas y máquinas


"Instrumentos ordenaban"
Pedro Salinas, "Cero"

La poesía de Pedro Salinas, como la de muchos de sus compañeros de generación, sigue una evolución que va desde lo que siguiendo a Ortega se ha llamado arte o poesía deshumanizada, hasta su posterior rehumanización. La primera etapa, que podemos relacionar con los despreocupados o felices veinte, es una época optimista, ilusionada por el progreso; la técnica es una aliada del hombre. Dos poemas de Salinas pueden servir de ejemplo de esta visión confiada y lúdica del progreso y sus máquinas:

35 BUJÍAS

Sí, cuando quiera yo
la soltaré. Está presa
aquí arriba, invisible.
Yo la veo en su claro
castillo de cristal, y la vigilan
-cien mil lanzas- los rayos
-cien mil rayos- del sol. Pero de noche,
cerradas las ventanas
para que no la vean
-guiñadoras espías- las estrellas,
la soltaré (Apretar un botón.).
Caerá toda de arriba
a besarme, a envolverme
de bendición, de claro, de amor, pura.
En el cuarto ella y yo no más, amantes
eternos, ella mi iluminadora
musa dócil en contra
de secretos en masa de la noche
-afuera-
descifraremos formas leves, signos,
perseguidos en mares de blancura
por mí, por ella, artificial princesa,
amada eléctrica.

 

UNDERWOOD GIRLS

Quietas, dormidas están,
las treinta, redondas, blancas.
Entre todas
sostienen el mundo.
Míralas, aquí en su sueño,
como nubes,
redondas, blancas, y dentro
destinos de trueno y rayo,
destinos de lluvia lenta,
de nieve, de viento, signos.
Despiértalas,
con contactos saltarines
de dedos rápidos, leves,
como a músicas antiguas.
Ellas suenan otra música:
fantasías de metal
valses duros, al dictado.
Que se alcen desde siglos
todas iguales, distintas
como las olas del mar
y una gran alma secreta.
Que se crean que es la carta,
la fórmula, como siempre.
Tú alócate
bien los dedos, y las
raptas y las lanzas,
a las treinta, eternas ninfas
contra el gran mundo vacío,
blanco a blanco.
Por fin a la hazaña pura,
sin palabras, sin sentido,
ese, zeda, jota, i...


Las teclas de la máquina de escribir, abuelas de las teclas que pulsamos ahora, y la deslumbrante bombilla son motivos para un juego literario que las integra en la tradición a la vez que provoca con su estímulo la ruptura de esa misma tradición, aunque una ruptura amigable, por decir así. En estos poemas las máquinas son aliadas del hombre, y están subordinadas a él: "dócil musa" es la bombilla.

Muy diferente es el tono de un poema mayor posterior de Pedro Salinas: "Cero", sobre el lanzamiento de la bomba atómica. Entre estos poemas ligeros, menores, y este largo poema grave y meditativo median guerras y años oscuros. Aquí ya no es el hombre el que domina a la máquina sino que parece ser la máquina la que comanda al hombre: "instrumentos ordenaban", reza un verso: la técnica ha separado tanto al hombre del hombre que ya desde la altura inhumana no puede ver el dolor que provoca. Su mensaje sigue vigente.

http://atlasdepoesia.blogcindario.com/2007/01/00194-cero-de-pedro-salinas.html

 
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