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Cuando uno aborda la lectura de este breve relato de Muñoz
Molina, no espera que en tan pocas páginas puede estar encerrada
una, tan perfecta descripción de la complejidad humana. Sí.
La obra de Muñoz Molina es una exhaustiva y minuciosa descripción
de los entresijos y laberintos, a veces (las más) inexcrutables
del sentimiento y pensamiento humanos. Las extensísimas y exquisitas
descripciones con que el autor nos deleita son un auténtico recreo
prosístico.
Comencemos con el andamiaje. La prolepsis que, al principio de la obra,
nos desconcierta y nos despista queda, desde luego, resuelta
al término de la obra. Se completa así un final cíclico
tejido meticulosamente por el autor. Es omnipresente el vaivén
de diferentes tiempos internos que se superponen y crean un intrigante
juego a ojos del lector, ansioso en ese punto, por encontrar explicación
a lo que viene ocurriendo.
En el Primer Capítulo, y fijándonos en el plano
lingüístico (léxico, semántico y sintáctico)
topamos con lenguaje casi pueril, que se entremezcla con la reiterada
mención diseminada, a modo de eco, del término Blanca;
formando así, toda una serie de yuxtaposiciones telegráficas,
fogonazos lingüísticos, además de fogonazos
de contenido.
Desde el principio, el protagonista: Mario, nos muestra voluntariamente,
cuál ha sido, es y, a partir de ahora, será su obsesión,
su eje vital: Blanca. La observa con mezcla de cercanía
y lejanía cual forense que disecciona y examina un cuerpo. La observa
a través de un espejo, de un sueño, de una vaga y etérea
realidad creada así, en cierto modo, por él. Todo el capítulo
camina en la misma tónica; manera que contrasta con la aparecida
en el siguiente, debido a la cotidianidad, incluso, vulgaridad
de éste con el anterior. Eso sí, Blanca sigue ocupando su
pedestal vital. Adelantamos, líneas arriba, que ésta se
convierte para Mario en una auténtica obsesión, en el más
estricto y patológico sentido del término. Según
la Psicología Cognitiva, el trastorno obsesivo-compulsivo se define
o diagnostica como ideas, pensamientos, impulsos o imágenes
persistentes que son experimentadas como intrusivas e inapropiadas y causan
marcada ansiedad o angustia(1). El individuo
que la sufre siente que el contenido de la obsesión le es extraño,
no está dentro de su control y no es la clase de pensamientos que
esperaría tener. En gran parte del transcurso de la obra,
Mario no es consciente de ello, ya que cree estar en posesión de
la verdad con respecto al pensamiento que lo ocupa; pero no olvidemos
que, bien avanzada la historia: flaquea, duda acerca de sí mismo.
En un momento, siente que dicho pensamiento no lo ocupa, lo acecha hasta
tal punto que cae en la compulsión(2)
- llama por teléfono y queda en silencio, espía a su
esposa...-
Queda claro que su obsesión - en este punto, me atrevo a
evitar el entrecomillado - interfiere significativamente en su rutina
ordinaria, en su labor ocupacional, en sus relaciones sociales, etc. Blanca
es omnipresente en la vida de Mario López. Son evidentes, incluso,
las imágenes propias, salvando la kilométrica distancia,
del Amor Cortés. (3)
Fijémonos en cómo la descripción cotidiana se convierte,
en boca de Mario, en un auténtico ritual. Blanca se sitúa
por encima de él; es por él adorada, amada, deseada, venerada,
idolatrada... - con toda la pasividad que conlleva el participio - . Blanca
es una realidad etérea, aparece como irreal, suma perfección
inalcanzable.
En algún lugar, leí, a propósito de la obra que alguien
opinaba que el estado de Mario López era debido al cambio que se
había producido en Blanca desde que conoció a Mario hasta
su situación actual. Este lector, en su reseña, se formulaba
la siguiente interrogación: ¿Qué ocurre cuando
la persona de la que nos enamoramos locamente cambia con los años
y se convierte en otra? Desde luego, me sorprendió que, tras
la lectura de la obra, este lector se hubiera formado tal juicio -
si bien es cierto, que una buena obra suscita versiones varias y, en ocasiones,
contradictorias -. Sin embargo, para mí quedó patente desde
las primeras líneas de lectura que ¡no era Blanca, precisamente,
en la que se había operado un cambio, sino que era su esposo el
que había transformado, metamorfoseado la imagen que de ella tenía!
Blanca fue objeto de una idealización tan profunda, entre otros
factores, por el círculo tan hermético dentro del cual Mario
construyó su relación. En el preciso momento en que un elemento
extraño, foráneo a la misma hace aparición, los pilares
que Mario había levantado con sus propias manos se tambalean y
sus miedos, hasta entonces latentes, se agolpan brutalmente en su mente.
La prosa de Muñoz Molina deambula entre sombras y luces. Si ir
más lejos, Mario y Blanca; polos opuestos que representan,
a priori, lo más atractivo - ella - y lo absolutamente
gris y anodino - él -. En este punto, podría encontrarse
la clave de la idealización, del temor a lo desconocido, de la
inseguridad, de las dudas. Él, claramente, se muestra inferior
a ella, entre otras causas, porque él se ha encargado de subordinarse
a ella, de enaltecerla. A sus ojos, la inconstancia de su esposa es vitalismo.
Ella representa un perfecto escaparate de cara a la sociedad: inquieta,
de buena posición socioeconómica, interesada por el arte,
por las buenas maneras... Él, ajeno a todo ello; su única
preocupación es ella -ELLA-.
Toda esta prosa cadenciosa, fluida, incluso, vaga se ve perturbada al
final del Capítulo III, donde se torna hiriente y espinosa. Se
quiebra, por primera vez, todo el universo idílico mostrado anteriormente.
Encontramos expresiones y términos tales como salivazo ponzoñoso;
picadura rápida y letal de un escorpión; resentimiento
o letal, ligados todos al nombre de Lluis Onésimo. En
definitiva, conjunción perfecta del fondo ligado a la forma.
Como si de una concatenación se tratase, el siguiente capítulo,
comienza ligado al anterior - moscón, parásito -, lo que
supone una ruptura con la armonía precedente.
Resulta llamativo cómo la lista amorosa de Blanca se encuentra
ligada al concepto de intelectualidad, en concreto, al mundo de las artes
plásticas que, siempre ha estado relacionado, de una manera explícita
o implícita - también en la obra - a una vida
bohemia y despreocupada, sin mayor preocupación que respirar el
arte y todo aquello que, según los interesados, posee una intención
artística. Se recuperan, de nuevo, las deliciosas y precisas descripciones
de líneas arriba.
Mario López ha entrado, definitivamente, en una angustia vital
por reconquistar al amor de su vida, día a día - ignora
que ella es la misma persona de entonces; es él el que ha operado
un cambio -. Asistimos ahora, a un relato, podríamos denominarlo
como agónico que libra una batalla diaria. Así, aparecen
expresiones bélicas como: vigilando... cualquier peligro, cualquier
enemigo. De nuevo, perfecta ligazón entre forma y fondo que no
abandonará la obra hasta sus últimas líneas y que,
asimismo, inundará los pasajes en los que Mario se refiere a un
ex - amor de Blanca - Naranjo -: polvo apasionado y rápido.
El lenguaje ahora, más despreciativo, sórdido y soez.
Continuamos hilando. Mario se muestra como un artesano, casi demiurgo,
que moldea a su esposa hasta convertirla en tal y como ella es ahora;
en su presente. Ella misma le confiesa: Tú me reconstruiste. En
efecto, él la rescató de la vida autodestructiva que llevaba
cuando se conocieron. Él le da forma con dedicación y esmero
y, ahora una vez recuperada, ella de desata del lazo que los unía.
La criatura se rebela ante su creador. Pero, es cierto, que esta relación
es especial, atípica, ya que, a medida que se comportaba como un
siervo, su amor por ella se iba acrecentando - se acostumbró
a vivir para ella, adaptar sus horarios a las necesidades y a los súbitos
antojos o arrebatos de Blanca -. Su esposo ha ido otorgándole forma,
meciéndola cadenciosamente, ala vez, que era plenamente consciente
de que su creación, su reconstrucción iba a ser, tras todo
ese proceso, enormemente superior a él. Eso mismo le hacía
sentir placer, sentirse plenamente orgulloso.
En el Capítulo
VII, asistimos, por primera vez a una referencia temporal exacta -
veintidós años - y a una dilatada interrogación
-casi una página - referida a Onésimo. Ésta
supone una traslación de la incesante inseguridad que acecha a
Mario en su cabeza..
Asimismo, el flash-back se muestra bastante acusado.
En el Capítulo
VIII, Blanca, dice explícitamente el texto, posee una parte de
vida misteriosa, con bruma. Esta afirmación refuerza la imagen
que de ella se da al comienzo de la obra -vaga, difusa -; lo que supone
un aliciente para el funcionario -previsible, rutinario -; sus deseos
nunca se ven totalmente cumplidos.
En el último capítulo, se produce la culminación
de todo el proceso de observación minuciosa y meticulosa. La obsesión
del protagonista roza el absurdo, la paranoia cuando el narrador omnisciente
dice: ella lo besó en la boca... pero al hacerlo separó
los labios un milímetro más de lo habitual.
Hemos introducido un nuevo término del ámbito psquiátrico:
la paranoia, que, según la Psiquiatría, suele presentarse
en individuos de personalidad ególatra. Nada más lejos de
la realidad de Mario López; pero sí es cierto que su conducta
cumple todos los indicadores de un trastorno delirante. (4) (5)
En este punto y teniendo en cuenta la imagen que Mario tienen de sí
mismo, cabe plantearse si se trata de un trastorno producido simplemente,
por el deslumbramiento causado por Blanca o, más bien, es un estado
mental crónico latente que ha visto la luz por dicha causa. Asimismo,
¿se trata de un estado circunstancial del funcionario o, por el
contrario, lo acompañará siempre?
Lo que es seguro es que resulta casi fantasmagórica la idea de
referirse a Blanca como otra, la desconocida, la impostora, la que
dormía a su lado tan plácida, mientras él debía
observarla en mitad de la oscuridad con ojo avizor, por si se percataba
de algún otro signo de cambio en ella; algo que la delatara por
fin. Pero Mario se equivocaba. Era él quien debía desprenderse
de la máscara y sacar a la luz todo aquello que le atormentaba.
Él era el que fingía. Pero su amor todo lo puede y, al final,
hubo una noche en que ... ya no le importaba vivir con aquella otra
mujer que se le parecía tanto. ¿Por qué? ¿Resignación
estoica o ápice de luz en su mundo de sombras? ¡¿Quién
sabe!? Lo certero es que este dilatado flash-back es la historia
de dos mundos paralelos, en ocasiones, opuestos; de claroscuros; de cordura
y locura; de realidad y ficción; en definitiva, la historia de
una dualidad existencial.
NOTAS
(1)
En http//:www.cop.es/colegiados/A-00512/obsesion.dsm4.html
(2)
Conducta repetitiva con el objetivo de reducir la
ansiedad. Ver nota 1.
(3)
El amor es herida mortal, es fuego que abrasa.
También aparece el tópico de la “religio amoris”,
la “enfermedad de amor”, “servidumbre de amor”.
(4)
Fuerza inusual al expresar una creencia o idea. -
Su vida se altera por ello hasta extremos inexplicables. - Muestra cierto
secretismo si se le pregunta por el tema. - Hipersensibilidad. - Ciertos
comportamientos anormales.
(5)
Visitar http//:www.saludymedicinas.com.mx/nota.asp?id=506
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