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FRANCISCO ESCOBAR BRAVO

Nacido en Madrid en 1946, cursa sus estudios de Bachiller en el Colegio Calasancio de Nuestra Señora de las Escuelas Pías. Durante el 6.º curso de dicha disciplina descubre su afición al canto, que ya había practicado desde niño, y a la Literatura.

Poseedor de una potente voz de tenor lírico ligero, inicia sus estudios en 1963 con el profesor don Rosendo García Marco con el cual consigue impostar un agudo y sólido timbre que le lleva a interpretar toda clase de partituras de ópera dentro de dicha cuerda, así como las más diversas romanzas de zarzuela. En ese año, antes de cumplir los 17 de edad, escribe sus primeros poemas y cuentos cortos, los cuales han sido extraviados o yacen en el olvido, aunque se están rescatando algunos, como El sueño y El poeta y el gnomo . En 1964, ya cercano a los 18 años, estudia con el profesor don Esteban García Leoz, sufriendo un grave cambio en su voz que le obliga a dejar el canto. Inicia estudios técnicos que abandona para incorporarse al mundo del trabajo y durante años olvida sus dos aficiones. En 1976, a los 30 años, contacta con el tenor cubano Jorge Francés Toymill y reinicia sus clases, impostando una generosa y lírica voz de barítono, por lo cual conoce los roles de ambas cuerdas en varias obras. Anteriormente vuelve a escribir y aumenta su colección de poemas. Es en 1980 cuando se incorpora al mundo de la Prensa escrita mediante sus colaboraciones semanales y mensuales en revistas de diversa índole, como CB-11, 27 Mghz y QSO, dedicadas a la radioafición, en donde obtiene el Título de EA-4-DNH.  En esa época comienza a escribir su novela corta Odín, el perro de fuego, basada en su amor a los animales. Posteriormente, escribe El Cazador de leyendas, basándose en las que corren por lugares que frecuenta. Ambas obras son presentadas a diferentes concursos. Asimismo colabora en las revistas hípicas Recta Final y Corta Cabeza, llegando a ser un conocido crítico de las carreras de caballos en el Hipódromo de la Zarzuela (Madrid). Ante la crisis de dicha actividad, opta por dejar el periodismo que retomará nuevamente al fundar, junto con la inapreciable ayuda de su hijo Francisco Escobar Jiménez, (ganador del Primer Premio de Novela Corta "Francisco Umbral"), la revista universitaria Primeraclase, que mantendrá hasta el año 2000. Durante este tiempo escribe Un tren de ninguna parte, novela que refleja una saga familiar y que recorre el devenir de la historia de España desde finales del siglo XIX a finales del XX.

En contacto con el periodismo nuevamente, es columnista de Opinión en el periódico FOTOS DEL NOROESTE,  donde junto con su hijo crean una sección quincenal denominada DE PACO A PACO, en la que se refleja la actualidad estudiada desde los diferentes puntos de vista de la diferencia de edad.

Sueños de gloria

 
Soñar
en la vejez con el triunfo
es como
al olmo irle a pedir peras.
 
Ya
pasaron los años de los sueños,
de la
gran ilusión, de las quimeras.
 
Y no
obstante, prosigo en el empeño
de
lograr resurgir de las tinieblas.
No
resigno mi orgullo de ser alguien,
de
dejar en la Historia alguna huella.
 
Cuantos
más años cumplo más me afano,
brotando
sin querer de mi cabeza
una
serie de rimas que se olvidan,
pero
más tarde vuelven otras nuevas.
 
Escribo
por amor, por simpatía,
por la
causa que antes se aparezca.
No
dirijo ya versos a la Luna;
por
supuesto, no quiero hablar de guerra.
 
Y es
que los años semejan ese lastre
que te
impide volar a las esferas,
aquellas
de los años juveniles.
Obligan
a tener los pies en tierra.
 
Y no me
siento viejo en absoluto.
 
A pesar
de estar cercano a los sesenta
sigo
tan infantil como a los veinte años;
si me
apuran, aún más que entonces fuera.
 
Debo
recomponer mis pensamientos,
madurar
una a una mis ideas.
 
Saber
por qué nací, por qué estoy vivo,
cuando
tengo amistades que están muertas.
 
No sé
si llegaré nunca a saberlo.
 
Tampoco
es que me cause gran problema
vivir
sin conocer cuál es la causa:
Solamente
el vivir, vale la pena.
 
Sentir
que hemos amado tantas veces;
recordar
el vigor, aquella fuerza
que
impulsaba a correr mil aventuras;
de
alguna salías bien, de otras por piernas.
 
Recordar
el pasado deslumbrante,
ver
oscuro el futuro que me espera.
 
¡No
importa! Llevo luz en mi frente,
una luz
que ilumina las tinieblas.
 
Y
cuando llegue el día señalado,
cuando
llegue por fin la hora postrera,  
quiero
decirle a la vida que he vivido.
 
¡Y que
venga después lo que Dios quiera!
 
Así que
decidido ya lo tengo:
Escribiré
siempre que me apetezca,
mas
¿soñar en la vejez con el triunfo?
 
Aplicaré
el refrán: A la vejez... viruelas

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POESÍA: Guerra-Paz
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